Análisis

El hombre que se atrevió a decir ‘no’ al todopoderoso Rato

                 

José Luis Olivas, Rodrigo Rato y Francisco Verdú, durante la salida a Bolsa de Bankia.
José Luis Olivas, Rodrigo Rato y Francisco Verdú, durante la salida a Bolsa de Bankia. EFE

Siempre desentonó en aquel consejo de Bankia. Un nido de confabulaciones, guerras intestinas entre Rodrigo Rato y José Luis Olivas y abismos financieros premiados, además, bajo la barra libre de las tarjetas ‘black’. Aquel nunca fue sitio para Francisco Verdú, el banquero que se arrepintió pronto de ser el consejero delegado de Rato. “No sabéis lo que hay aquí dentro, no os lo podéis ni imaginar”. La frase no sonó a reproche sino a SOS. Así lo recuerdan quienes la escucharon directamente de Verdú. Apenas llevaba una semana en la torre inclinada. Y ya quería huir.

Verdú se había metido, en efecto, en la cueva de Alí Babá. Una entidad que sólo era fachada. El todopoderoso Rato disfrutaba de los fastos de aquella Bankia en ruinas. Y Verdú, Paco como le llaman sus amigos, tenía que justificar las miserias. Su miedo escénico en cada acto público era superlativo. Los sudores, los tartamudeos y las miradas cómplices y nerviosas a su jefe de gabinete antes de desvelar una cifra que no aparecía en los papeles descubrían cada trimestre a un tipo que sufría cuando le tocaba justificar los números de Bankia. Visto lo visto, no es de extrañar.

Paco Verdú estaba cometiendo el peor delito del mundo en el ambiente de Bankia: se estaba comportando como un hombre honesto

Que Rodrigo Rato eligiera a Verdú como consejero delegado de Bankia sorprendió a tirios y troyanos que juzgaron, con buen criterio, que sacar adelante aquel mastodonte enfermo resultado de la fusión entre Caja Madrid y Bancaja iba a ser un esfuerzo que superaba con mucho las habilidades de un ejecutivo cuya tarjeta de presentación había consistido en ser número dos de un banquito como Banca March. Otras versiones apócrifas aseguran que no fue Rato quien eligió a Verdú. Su candidatura fue impulsada por la banca para arreglar el desaguisado. Sea quien fuere, aquello resultó ser demasiado arroz para Verdú. Aunque siendo justos, la tarea hubiera resultado imposible incluso para el banquero más experto del planeta Tierra.

Puede, en efecto, que Paco Verdú no sea el mejor ejecutivo de banca del mundo, pero lo que nadie puede negarle es su condición de hombre honrado. Lo ha demostrado. Porque nada más desembarcar en Bankia, el aludido recibió su tarjeta ‘black’, como todo alto cargo que se preciara en la entidad, y la guardó en un cajón. Su comportamiento indignaba a sus colegas en la torre de Kio, en la madrileña Plaza de Castilla. “Pero este tío es tonto… ¿De qué presume? ¿Dónde cree que se ha metido?”, se escuchaba entonces entre los que despilfarraban con la ‘black’. Paco Verdú estaba cometiendo el peor delito del mundo en el ambiente de Bankia: se estaba comportando como un hombre honesto.

Procedente de la cultura bancaria de un sector privado donde uno no puede disponer a su antojo del dinero ajeno, Verdú quería seguir comportándose como había visto siempre comportarse a la gente en el Banco Vizcaya, en Banca March o en Corporación Financiera Alba, los lugares en los que había trabajado. Y la utilización arbitraria de esas tarjetas, por muchas seguridades que le dieran en Bankia de que “todo estaba en regla y no pasaba nada, que tirara de tarjeta como todo quisque”, chocaba con su cultura y con su entendimiento cabal de las cosas.

Tantas eran sus desconfianzas hacia Bankia, su consejo y las estructuras directivas de la entidad que Verdú, mosqueado por el plástico ‘full equipe’ que le entregó Rato, buscó el consejo en un hombre de su confianza en Banca March. Éste, abogado de profesión, fue quien le aconsejó que no abriera aquel sobre, el que contenía su tarjeta Black, porque aquello era como abrir la caja de los truenos. “Paco estaba sorprendido por aquello (la entrega de la tarjeta black). Le mosqueaba, no había visto tal prebenda en sus 30 años como banquero y pidió consejo para saber si este tipo de tarjetas aparecía en algún código de gobierno corporativo”, explica alguien que conoce aquella escena. Evidentemente, aquello (las ‘black’) no tenían precedente en organización alguna.

Aquel gesto de honestidad tenía que corroborarse ante Rato. Y no era fácil decirle ‘no’ a la cara a aquel banquero todopoderoso, vellocino de oro en el PP y en las élites empresariales madrileñas. Pero el caso es que Verdú no se apeó del burro. Su no fue no. Al estilo Pedro Sánchez con Rajoy. Y ese ‘no’ del antiguo CEO a su ‘black’ se ha convertido hoy en la principal prueba de la Fiscalía contra los consejeros y directivos, tanto de Caja Madrid como de Bankia, que sí hicieron uso y abuso de ellas. Además, Verdú es el testigo de cargo del juez Fernando Andreu contra todos ellos en el juicio que arranca esta semana. "Le dije a Rato que no podía aceptar la tarjeta porque era una mala praxis. No llegué a abrir el sobre. Nunca tuve entre mis manos la tarjeta. No sé de qué color era. En mi carrera de 30 años no había visto una cosa así. En otros bancos no se hacía. Nunca usaría una tarjeta que no exigiera una justificación", atestiguó Verdú ante Andreu.

Verdú declaró que fue Rodrigo Rato quien en febrero de 2012 le ofreció en mano una de las exclusivas tarjetas opacas y él se negó a aceptarla

Ocurre que, al contrario de los demás consejeros y directivos de la entidad, Francisco Verdú acudió al Juzgado Central de Instrucción número 4 de la Audiencia Nacional como testigo y no como imputado, al no haber hecho uso jamás de la tarjeta B que le entregaron. El juez Andreu le recordó que estaba obligado a decir la verdad y Verdú declaró que fue Rodrigo Rato quien en febrero de 2012 le ofreció en mano una de las exclusivas tarjetas opacas y él se negó a aceptarla.

Su declaración puso de los nervios a los demás implicados en el despilfarro, especialmente a Rato, quien inmediatamente se apresuró a declarar a Efe y a Europa Press que el testimonio de Verdú era falso y que él no había entregado físicamente ninguna tarjeta ni a Verdú "ni a nadie", dado que esa no era su función. También intentó desacreditar su declaración: "En todo caso, dada su experiencia, profesionalidad y que era consejero delegado, no debió de darle mucha importancia, ya que no realizó ninguna actuación que a mí me conste", se defendió entonces Rato.

Verdú resultó finalmente engullido por el gigantesco agujero de Bankia, consecuencia de aquel dislate ideado por Rato bajo la filosofía de que la suma de Caja Madrid y Bancaja era algo “too big to fail” (sic), como el propio Rodrigo manifestó en privado en más de una ocasión. Fue el único directivo que se mantuvo en el Consejo después de que se anunciara la nacionalización de Bankia y de que el propio Rato dimitiera como presidente en favor de José Ignacio Goirigolzarri. Apenas unas horas después de que, el 4 de julio de 2012, el juez de la Audiencia Nacional que investigaba la falsificación de las cuentas de la entidad hiciera público un auto imputando a 33 ex consejeros de Bankia y de su matriz BFA, presentaba su dimisión. Otro ejercicio de honradez en esta España en la que vivimos. Desde entonces, vive en Miami purgando el infierno de su etapa en Bankia.

@miguelalbacar


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