Análisis

Aquellos maravillosos años: “En ningún lugar estaré mejor que en Bestinver”

Eso decía García-Paramés y lo ha demostrado durante años. Pero la inesperada ruptura abre un complejo escenario que, si no se reconduce, promete un enredo judicial complicado. 

Francisco García-Paramés, ‘Paco Paramés’, llegó a desesperar a gran parte de la industria de gestión española. Algunos managers, hartos de que sus jefes les echaran en cara mañana tras mañana las rentabilidades de Bestinver, pasaron noches en vela analizando las rutilantes carteras, buscando puntos flacos, defendiéndose (en vano) con el argumento de que, en caso de caída, la gestora tardaría meses en hacer liquidez. Estaba en auténticos chicharros. Carteras muy muy ilíquidas. 

Daba igual. Muchas de las posiciones históricas de Bestinver se liquidaron mediante Opas de exclusión. “¿Maneja información privilegiada o qué?”, se preguntaban desesperados decenas de colegas, cuando veían que en tal o cual oferta, con una prima del 35%, afloraba Bestinver con un x% de la compañía en cuestión, anotándose suculentas plusvalías, cuando la mayor parte del mercado ni se habia fijado en las Cortefiel o Adolfo Domínguez de turno.

Jamás

No pienso irme de Bestinver, ¿dónde iba a estar mejor?”, decía Paramés de forma reiterada, cada vez que le preguntaban por posibles fugas a casas de glamour. JP Morgan o Santander fueron algunas que, según fuentes de mercado, aparecieron con un talonario en blanco para llevarse a aquel gestor que en 1999 decía que “Telefónica vale 10 euros y por encima de ese precio no compro”. En aquel momento de furor tecnológico, todo el mundo (pero todo) decía que la operadora se iba a disparar por encima de 30 euros. Al año siguiente, mientras 'todo el mundo' (pero todo) intentaba salir del hundimiento tecnológico, Bestinver ya era el mejor fondo de Europa. Y el año siguiente repitió. Y el siguiente. Así, hasta alcanzar un 1.000% acumulado (o más), algo nunca visto.

Pero ‘el Warren Buffet español’, como él mismo se autodefinió, tenía razón al decir que no iba a estar mejor en ninguna casa. Trabajaba a gusto y le dejaban hacer. Como ocurre con los equipos de fútbol, cuando hay una idea clara y se deja trabajar al entrenador, al margen de resultados cortoplacistas, los logros a medio plazo suelen ser enormes y sostenidos.

Eso pasó en Bestinver, cuando Paramés no fue cesado en el citado 1999, un ejercicio en el que todo el mundo ganó a dos y tres dígitos y él perdió más del 20% en sus fondos. En esos tiempos parecía el chico tonto del sector, el novato. Pero su casa matriz tuvo una inesperada paciencia y le perdonó la vida, a pesar de ser el hazmerreir de la industria. El resultado posterior fue glorioso (ese 1.000%). Y algo parecido pasó en 2007, cuando sus fondos no sólo perdieron mucho, sino que sufrieron tensiones de liquidez, socorridas oportunamente por Acciona. Lo siguiente fue convertirse de nuevo en el mejor de Europa. Y lograr un fllujo de dinero incesante, que buscaba con avidez ese gestor que convertía en oro todo lo que tocaba,. 

¿Corralito?

Si Acciona no hubiera mantenido a Bestinver en la etapa puntocom o no hubiera evitado después que los fondos sufrieran un ‘corralito’ en el inicio de esta crisis, el mito Paramés no existiría. Ha sido un claro ejemplo de relación win-win. Bestinver se portó bien con su ejecutivo y éste devolvió con creces la confianza. Una eterna historia de amor: Bestinver sólo ha tenido un Paramés y Paramés sólo ha trabajado en Bestinver.

Pero las cosas se han enrarecido en los últimos años. Contrariamente a lo que piensa el mercado, Paramés no tenía equity en la gestora: era 100% de Acciona. La firma se planteó vender la joya de la corona hace algo más de un año, a raíz de las enormes tensiones financieras que sufría y la situación de los bancos. La clave de la venta era Paco. Nadie compraría sin el compromiso de permanencia de Paco. Y este, a su vez, era la piedra angular de una operación que podría superar los 500 millones. Era lógico que quisiera su parte.

En los últimos tiempos, el aludido se desplazó a Londres, básicamente por motivos fiscales, y Bestinver tuvo que disimularlo a toda prisa aduciendo que abrían oficina en la city. La suspensión de la venta anunciada por Vozpópuli, así como la llegada de un nuevo presidente, con ganas de hacer más cosas en la gestora han sido, sin duda, detonantes de esta ruptura traumática.

Dicen que Paco pedía a José Manuel Entrecanales y a Juan Muro el 50% de Bestinver y el 75% de los beneficios. No falta quien apunta, desde el otro lado de la empalizada, que a Paramés se le ha tratado como mercancía y que el nombramiento de un nuevo presidente ha sido una falta de respeto hacia su figura.

El caso es que la ruptura traumática no augura nada bueno, salvo un escenario judicial incierto.

Así las cosas, quién sabe si el gestor será capaz de lanzar el proyecto nuevo anunciado. Y, sin duda, es consciente de que tiene una bala en la recámara, pero no muchas más. Podrá levantar dinero oportunista con rapidez, pero si falla en sus primeras inversiones, el capital se irá con la misma rapidez que ha llegado, engrosando las filas de los conocidos Vega, Valorica… Sonados fracasos en la historia de la gestión española, pese a ser concebidos como auténticos dream team de la gestión. No es fácil descubrir la pólvora siempre. 

En cualquier caso, la vida debería ser generosa tanto con Bestinver como con Paramés: han generado mucha riqueza para muchos, para decenas de miles de españoles. ¡Casi nada! 


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