Análisis

Los fondos buitre se lanzan a por los cadáveres de los medios

Los fondos buitre y la banca acreedora poseen un capital que asciende a 480 millones de euros en los medios de comunicación españoles. Y todo parece indicar que esa cantidad aumentará por la incapacidad de algunos de saldar sus deudas. ¿Está su línea editorial comprometida? ¿Surgirán más grietas en la estructura que sostiene al cuarto poder? 

Cuando la semana pasada trascendió que Juan Luis Cebrián había fichado a Alfredo Pérez Rubalcaba para el Consejo Editorial de El País, se puede decir que se reveló uno de los secretos peor guardados de la historia del periodismo reciente. Se aireó un romance hasta ahora inconfesado que se fraguó cuando los caminos del político y de Jesús de Polanco se cruzaron. Entonces, el primero comandaba el Ministerio de Educación y el segundo, la próspera nave de Santillana. En ese momento, hace más de 20 años, germinó una historia que ayudó a espolear la carrera del cántabro dentro del PSOE y a torpedear la de rivales como Carmen Chacón. Este tipo de lazos, los que se forjan entre la prensa y la política, son los más evidentes y fáciles de detectar. Sin embargo, los medios de comunicación españoles son también cautivos de los poderes económicos. Y su supervivencia depende, en buena parte, de su generosidad o de su condescendencia.

En el esqueleto del cuarto poder se han adosado en los últimos años unos cartílagos que poco o nada tienen que ver con el negocio de la información. Son las entidades financieras unas empresas que históricamente han ejercido de prestamistas de los editores, pero que cuando la crisis arreció se convirtieron en sus socios. Básicamente, por la incapacidad de sus deudores de pagar lo que debían y, en algunos casos, como el de Prisa, por su falta de habilidad para solucionar el desastre que provocó en sus cuentas el pinchazo de la burbuja que habían creado sus gestores. O capitalizaban su deuda o estas empresas quebraban.

Los bancos y los fondos buitre poseeen actualmente casi el 50% del Grupo Prisa

A los bancos les han acompañado durante este proceso los fondos buitre. Forajidos de los mercados cuya filosofía pasa por conseguir rentabilidad en sus inversiones caiga quien caiga. Especialistas en obtener réditos de las empresas en dificultades que apostaron cientos de millones de euros en el sur de Europa cuando las economías de sus países se empezó a tambalear, allá por 2007. Su interés en maximizar sus beneficios es diametralmente opuesto al que tienen por el periodismo, que es nulo.

Según figura en los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la banca y los hedge funds mantienen inversiones por valor de 480 millones de euros en los medios cotizados españoles. En Atresmedia, Invesco Limited posee el 3,9% de las acciones; en Mediaset, Blackrock el 3% e Invesco, el 1,11%; y en Vocento, el fondo Santander Asset Management cuenta con el 3,97% de los títulos desde que hace unos meses la familia Urrutia –histórica en esta editora- decidiera abandonar el grupo.

Mención especial merece Prisa, cuya prosperidad se extinguió hace mucho tiempo debido a la ineptitud de los herederos de Jesús de Polanco para manejar el timón de la compañía y a la megalomanía de Juan Luis Cebrián, que se las ingenió para pasar de valido a rey y de rey a emperador en pocos años, y que elevó la deuda del grupo hasta casi los 5.000 millones de euros como consecuencia de sus malas decisiones. Especialmente, la relativa a la compra de Sogecable.

Eso llevó a Prisa al límite, hasta el punto de que su edificio se hubiera derrumbado si sus acreedores no hubieran aceptado refinanciar la deuda del grupo en 2013, dentro de un proceso en el que se atribuye un papel clave a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saenz de Santamaría. Hoy, por cierto, tratada con un especial mimo en las páginas de El País.

Entre los accionistas significativos de la dueña de la Cadena SER figuran actualmente Banco Santander (4,65%), HSBC (9,56%), Caixabank (4,9%) y la Fundación La Caixa (4,19%). También los fondos buitres BH Stores IV (3,85%) y Amber Capital (19,2%). Este último, con la firme intención de desbancar de su puesto a su presidente.

Soraya Sáenz de Santamaría jugó un papel fundamental para evitar el hundimiento del Grupo Prisa. Hoy, es tratada con un especial mimo en las páginas de 'El País'

Entre los socios del grupo todavía se encuentra –aunque de salida- el inversor y supuesto filántropo estadounidense Nicolás Berggruen (3,19%), quien en 2010 atisbó la carroña de Prisa desde su atalaya en Wall Street e invirtió 650 millones de euros que le quemaban en el bolsillo, toda vez que quienes se los habían prestado le urgían a realizar cuanto antes una operación de gran calado si quería cobrar la comisión correspondiente, según explicó en 2012 el periodista económico Pere Rusiñol.

En un momento en el que a Cebrián se le habían agotado las fuentes de financiación –en parte por la crisis económica y, en parte, por la lamentable situación que atravesaba Prisa-, Berggruen actuó de salvavidas. Y Cebrián le recibió con los brazos abiertos, pese a que eso implicaba la entrega de una parte de la compañía a un voraz operador de los mercados.

Información sometida a los intereses de los buitres

Desde entonces, sus proyectos han recibido todo tipo de loas en el periódico de Prisa y sus opiniones han sido consideradas poco menos que como las de un gurú, como se puede observar al echar un mero vistazo a los artículos publicados en los últimos años sobre Berggruen.

Pero, más allá de lo relativo a este inversor, los trabajadores de El País también han denunciado la censura de informaciones sobre Telefónica (socio, con el 13% de las acciones) o sobre Catar, una teocracia de la que llegó en 2015 con 64 millones de euros el sultán Khalid Al Thanis, con el 8,1% de los títulos en su poder y dos asientos en el Consejo de Administración.

La influencia de estos fondos de inversión en Atresmedia, Mediaset y Vocento es infinitamente menor. Su presencia en estos grupos es minoritaria y está fundamentada, básicamente, en la confianza de estos operadores de los mercados en que pueden sacar un buen provecho de la compraventa de acciones de la compañía.

Urbano Cairo ha llegado a la presidencia de RCS MediaGroup gracias al apoyo de su principal acreedor, Intesa Sanpaolo

No ocurre lo mismo en RCS MediaGroup, la matriz italiana de Unidad Editorial. Su nuevo dueño, el controvertido empresario italiano Urbano Cairo, apodado mini-Berlusconi, ha tomado el control de la compañía gracias al inestimable apoyo de su principal acreedor, el banco Intesa Sanpaolo. De hecho, su vicepresidente y máximo responsable de Banca IMI, Gaetano Miccichè, entrará en el Consejo de Administración de la editora y, según la prensa italiana, ejercerá de número 2 del holding transalpino. En estas circunstancias, resulta difícil imaginar que el Corriere della Sera, El Mundo o Expansión aireen los trapos sucios que hallen en esta entidad financiera.

Está claro que morder la mano de quien te da de comer no parece una buena idea cuando la situación financiera de una empresa es complicada (como ocurre en los principales periódicos españoles) y cuando su viabilidad a corto y medio plazo depende de la flexibilidad para cobrar la deuda a la que se presten estas entidades financieras.

Un tema tabú para los bancos

Lo que no es ningún secreto es que la banca siempre ha tenido muchas reservas a la hora de pronunciarse sobre su presencia en el accionariado de los medios de comunicación. De hecho, en España ha renunciado aparentemente al poder ejecutivo. Pero de su influencia en las empresas dedicadas al periodismo hablan hechos como los que acontecieron en el Grupo Zeta durante 2015, un año en el que la dueña de El Periódico de Catalunya se vio obligada a refinanciar su crédito sindicadoLa Caixa, Banco Popular y BBVA, principalmente- para evitar la ruina.

A medida que avanzaban las negociaciones entre los gestores de la empresa de los Asensio y estas entidades financieras, El Periódico de Catalunya regresaba a la posición editorial que ocupó hasta que Artur Mas y los suyos impulsaron el proceso soberanista. Básicamente, la que defendía el encaje de Cataluña en España y criticaba cualquier intento de independencia.

El cambio de línea editorial de 'El Periódico de Catalunya' se hizo evidente mientras el Grupo Zeta renegociaba su deuda con los bancos

Todas estas historias de tintes dramáticos surgieron cuando la crisis económica aterrizó en España y dejó en evidencia la situación real del sector de los medios de comunicación y el sinsentido de las aventuras empresariales emprendidas por sus gestores. Desde la multimillonaria compra de Sogecable por alrededor de 3.000 millones de euros, hasta la adquisición del Grupo Recoletos por parte de Unidad Editorial por 1.100 millones (para alegría de los Jaime Castellanos y compañía) o la del periódico gratuito Qué!por parte de Vocento por 132 millones de euros.

La burbuja estalló, la inversión publicitaria se desplomó, el papel inició su imparable decadencia y los gestores de estas empresas fueron incapaces de comprender el cambio de paradigma que había provocado la llegada de internet y de actuar en consecuencia. Entonces, sus empresas se aproximaron al precipicio y aparecieron los buitres, que en casos como el de Prisa, amenazan con no marcharse hasta que no devoren el último gramo de carne de su organismo.


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