Análisis

Sáenz, Villar Mir, Rato... Botín le echa otro pulso a la Justicia

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Hace no tanto tiempo, Botín tuvo que aceptar la forma, pero se negó a ceder el fondo. Destituyó a Alfredo Sáenz por su pérdida de honorabilidad bancaria tras una condena por su etapa en Banesto, pero le dejó los galones en la sombra, despacho incluído. Hace no tanto tiempo y ayer volvió a repetirlo: Botín parece saltarse formas y fondos. Parece desinhibido a la hora de aumentar la colección de imputados entre sus consejeros y asesores.

Empezó con Juan Miguel Villar Mir, el octogenario constructor al que otorgó un sillón en el Consejo en plena resaca por la salida de Saénz y, lo más grave/triste, un mes y medio después de ser imputado por el juez Javier Gómez Bermúdez, titular del sumario en el que se investiga el caso Gürtel, al admitir a trámite la querella de Izquierda Unida por los conocidos como papeles de Bárcenas.

Villar Mir llegó al Santander con un currículum que echa por tierra cualquier intento desde Boadilla de vender buen gobierno. Asociación ilícita. Alteración de precio en concursos y subastas públicas. Cohecho. Delitos contra la Hacienda pública. Fraude y exacciones ilegales. Encubrimiento. Sin embargo, los favores (véase operación Canalejas) pueden con la estética.

Incluso con la ética en el caso de Rodrigo Rato, el hombre que apuntilló Bankia, la entidad que metió a España en el fragor del rescate financiero y ayudó a llevar la prima de riesgo española hasta terrenos desconocidos. Sin embargo, Rato, el economista que ni se enteró de que llegaba la crisis desde su poltrona del FMI, parece guardar aún algún as en la manga para hacer más grande al Santander. Eso debe pensar Botín al repescarle para el consejo asesor internacional del grupo.

Allí llegará como imputado en la investigación del juez Ruz sobre el caso Bankia. ¿Y si la justicia decide condenar a Rato? ¿Y si la Justicia hace lo mismo con Villar Mir? ¿Tan grandes son los favores que les debe Botín-Santander para echarle tal pulso a la justicia y provocar al personal (gente del gobierno y Banco de España incluida)?

Un desaire difícil de apaciguar para un país que ha convertido merecidamente a la Bankia de Rato en el ejemplo de todos los vicios, vicios que el equipo de Goirigolzarri intenta ahora corregir picando piedra en una durísima pelea diaria. Un sonrojo que ni Fernando Alonso y todos sus valores, intento de asociación por la que el Santander paga 40 millones al año a Ferrari, parecen poder arreglar.

P.D: Rato debía tener claro su rápido acomodo en el sector cuando fue cesado de Bankia. Solicitó al FROB, que se lo concedió finalmente, que se le quitara la cláusula que le impedía volver al mundo financiero en los dos años siguientes a su destitución.


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