Análisis

Cuando oigo la palabra “cultura”...

Al estudiar las propuestas culturales de los principales partidos políticos para las próximas elecciones en España, por fortuna ninguno nos incita a llevarnos la mano a la pistola, pero alguno sí que aspira a llevarnos de la mano al huerto.

José Ignacio Wert, exministro de Educación Cultura y Deporte y su sucesor, Iñigo Méndez Vigo
José Ignacio Wert, exministro de Educación Cultura y Deporte y su sucesor, Iñigo Méndez Vigo

Se atribuye erróneamente al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, la frase “Cuando oigo la palabra ‘cultura’, echo mano a mi pistola”. De hecho, tal afirmación sí procede de otro autor nacionalsocialista, Hanns Johst, pero la usa en su más famosa obra de teatro, Schlageter, precisamente para ridiculizarla. Aunque nos resultaría tranquilizador pensar que los nazis eran unos brutotes que oponían las pistolas a lo cultural (pues bastaría entonces con ilustrar a la población para prevenirnos de los riesgos totalitarios), lo cierto es que distaban mucho de serlo. No solo proliferaba entre ellos el gusto (a veces obsesivo) por la más refinada cultura, sino que se habían dado ya cuenta de la enorme importancia que tiene esta para hacer política hoy día. Como Gramsci y como Stalin.

Al estudiar las propuestas culturales de los principales partidos políticos para las próximas elecciones en España, por fortuna ninguno nos incita a llevarnos la mano a la pistola, pero alguno sí que aspira a llevarnos de la mano al huerto. Es el caso de Podemos, en cuyo programa electoral reiteran su afán por crear una “Escuela de espectadores”. ¿Qué se empeñan en enseñarnos en tal escuela? El susodicho programa no lo aclara demasiado (ya sabemos que esos programas se hacen para resultar sugerentes, no para comprometerse de modo muy preciso). Ahora bien, por fortuna contamos con un librito que publicó hace solo dos años Pablo Iglesias Turrión y que se titula Maquiavelo frente a la gran pantalla. Se trata de un manual que, un poco a trompicones, nos explica todo lo que, según su autor, podemos aprender como espectadores de varias películas. Curiosamente casi siempre se aprenden cosas sesgadas hacia la ultraizquierda. No se le puede reprochar a su autor falta de sinceridad (en el título mismo ya ha hablado de Maquiavelo), pero quizá sí un cierto atrevimiento al pretender que paguemos con los impuestos de todos escuelas en que maquiavélicamente se nos enseñará a ver cine que nos podemice. Lo cual, para empezar, parece que incluye el que no nos tendrán que gustar las pelis de vaqueros. John Ford debió de ser “casta”.

Muchas de las propuestas culturales de los partidos consisten aún en contarnos en qué piensan gastarse nuestro dinero, en vez de ver la cultura española como una oportunidad para ganarlo

En otra película pero de Jean-Luc Godard, El desprecio, un personaje glosa la frase apócrifa de Goebbels antes comentada: “Cuando oigo la palabra ‘cultura’, echo mano a mi chequera”, afirma allí el cínico productor de cine Prokosch. Creo que nos puede resultar instructivo Prokosch para entender muchas otras propuestas culturales del próximo 20 de diciembre. No estamos ya, afortunadamente, en aquellos tiempos en que los partidos competían por lucir ante nosotros el proyecto cultural más faraónico, más costoso y más oh-my-God. Algo teníamos que haber aprendido de la crisis. Sin embargo, muchas de las propuestas culturales de los partidos consisten aún en contarnos en qué piensan gastarse nuestro dinero, en vez de ver la cultura española como una oportunidad para ganarlo. Quizá cabe exceptuar aquí el programa electoral de Ciudadanos, que apuesta por convertir España en el “plató de Europa” (se entiende que para ganar dinero con el cine) y promete revisar las ayudas directas a los cineastas (con el riesgo que esto acarrea de que, al igual que el cine español lleva 40 años hablándonos de los malos de la Guerra Civil, en breve empiece a insistirnos en lo malos que son los votantes naranjas).

Sí que nos piden, en cambio, que nos echemos la mano a la cartera la mayor parte de las propuestas culturales del PSOE. Los socialistas quieren que gastemos en la creación de un Consejo de la Cultura, en subvenciones a las librerías pequeñas, en subvenciones a los que hacen teatro si resulta que son mujeres, en subvenciones a los artistas plásticos si resulta que son mujeres, en subvenciones a quienes escriben literatura si resulta que son mujeres, y en subvenciones al cine tanto si son mujeres como si resulta que son hombres. En el caso del videojuego, en cambio, los socialistas no nos dejan claro si subvencionarán a mujeres, a hombres, a cíborgs o los tres. Los deseos de gastar son tantos que el PSOE propone incluso como novedoso que gastemos en cosas que ya estamos gastando: es el caso de promocionar las lenguas autonómicas a través del Instituto Cervantes.

Las propuestas de Unidad Popular son similares a las del PSOE pero su modo de redactarlas trasluce que los cheques que nos van a pedir son bastante más cuantiosos

Las propuestas de Unidad Popular son similares a las del PSOE pero su modo de redactarlas trasluce que en realidad los cheques que nos van a pedir son bastante más cuantiosos. Además, sus ambiciones a la hora de aprovechar la cultura son también mayores. La antigua Izquierda Unida quiere utilizar la cultura para “atender a la diversidad plurinacional” de España, para enseñarnos a todos a “respetar a los seres sintientes” (ya sean toros, ratas o girasoles, se infiere, pues todos ellos perciben estímulos de su alrededor) y para concienciarnos de un montón de cosas que no puedo dedicar el resto de este artículo a detallar. Sí que resulta divertido que en una profesión de aires tan bohemios como la de los artistas, los unidadpopularistas quieran regularlo casi todo, incluso el mínimo que pueda cobrar un artista por su obra, “evitando (sic) la explotación por parte de las empresas”. En su afán por regular, quizá un día los redactores del programa de UP descubran que en castellano también está algo regulado el uso del gerundio y que ese “evitando” está mal usado (gerundio de posteridad).

Queda por referirme a UPyD y el Partido Popular. La primera está haciendo campaña electoral con un tipo disfrazado de gallina que irrumpe en los debates electorales de los demás candidatos. No se sabe muy bien si es un guiño a los artistas para demostrarles que desde un partido político también se pueden hacer performances; o si es un modo de anunciar que, de obtener el 20-D los pésimos resultados que las encuestas pronostican, pueden perfectamente reconvertirse de partido político en compañía circense. La otra apuesta cultural de UPyD, la candidatura de Fernando Savater al Senado por Madrid, me temo que tampoco está funcionando: Savater es seguramente el mejor profesor de Filosofía que hoy existe en España, pero como político propone cosas como gastar en AVE sin atender a razones que lo puedan cuestionar o reivindica asertos como que UPyD haya inventado en su día el crowdfunding (ya es raro que inventándolo un partido español la cosa recibiera luego nombre anglosajón). Espero que los electores madrileños sean conscientes de la enorme valía de Savater y no nos priven de un gran filósofo dándole trabajo como mero senador.

Cuando uno busca en los documentos del PP la palabra “cultura”, aparece a menudo vinculada a expresiones como “cultura del esfuerzo”, “cultura empresarial” o, simplemente, “agricultura”

En cuanto al PP y la cultura, su programa en esta área resulta exactamente tan anodino como su gestión en estos cuatro años. Eso sí, cuando uno busca en sus documentos la palabra “cultura”, ella aparece a menudo vinculada a expresiones como “cultura del esfuerzo”, “cultura empresarial” o, simplemente, “agricultura”. Dado que una parte esencial de los votos que recibirá el PP en estas elecciones proceden de jubilados, se echa en falta que la expresión “cultura del jubilado” o, aún mejor, “cultura del júbilo”, no aparezca en igual pie de condiciones. Tal vez así sea para cuando nos vuelvan a convocar a las urnas, si es que antes no nos ha matado su cultura del aburrimiento.


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