Análisis

El Santander se quita la pregunta incómoda sobre Rato

Pocos entendieron en Boadilla el rescate que hizo Emilio Botín del ex presidente de Bankia. Al CEO Javier Marín le ha tocado argumentarlo. Hoy respira tras una decisión que impone cordura.

Javier Marín, consejero delegado del Santander.
Javier Marín, consejero delegado del Santander.

Pocos entendieron en Boadilla el retorno de Rodrigo Rato al Santander. Pero Emilio Botín decidió rescatarle de las tinieblas pese a estar ya imputado por el caso Bankia. Sus razones (y devolución de favores) tendría. Pero la decisión gustó poco en el sector que ya había sacado de su club al presidente de la rescatada Bankia. Incluso, algún directivo, se refería a Rato como “el proscrito”. En Boadilla, sin embargo, tuvieron que apechugar con el encargo del jefe pese a que muchos no comulgaban con la decisión. Pero no les quedaba otra. Había que empezar a construir trincheras (y argumentos) para que Javier Marín, por entonces novato consejero delegado, pudiera guarecerse ante las preguntas.

Y la cuestión, incómoda, llegó en su primera aparición ante la prensa. El calendario marcaba octubre de 2013. Marín había llegado para hablar de su libro. De los resultados del banco. Para demostrar que tiene todos los números habidos y por haber del Santander en la cabeza. No por una mera pose, sino porque se nota que disfruta con ello. Para hacer ver que sabe comunicar. Para iniciar su camino tras el cese de Alfredo Saénz. Pero la pregunta apareció. “¿Por qué fichó el Santander a un imputado como Rodrigo Rato?”. La respuesta de Marín fue firme. Defensa encendida del nuevo fichaje. "Tener en el consejo asesor si no al mejor a uno de los mejores ministros de Economía, es un lujo. Estamos muy contentos", sentenció.

Pasaron los trimestres. La pregunta no varió pero sí las respuestas. Siempre en el mismo foro (presentación de resultados), donde se deja ver el CEO; y ante el mismo auditorio. Cero autocrítica. “La mala imagen del sector financiero no es porque el Santander haya fichado a Rato, sino por las cajas. Estamos encantados de tenerle”, reiteró en abril de este año. “En un momento como el actual de la regulación financiera, con cada vez mayor peso internacional, la experiencia, la imagen y los contactos de Rato son una ayuda y un lujo para el banco”, insistía.

Pese al empeño de Marín, los argumentos sonaban huecos. Incomprensibles para una entidad como el Santander, el gran banco español, el referente que dar ejemplo, que se empeñaba en mantener el borrón sin necesidad. Lo mismo que sigue sucediendo, desde este viernes, con Telefónica o La Caixa.

Hace pocas semanas, en pleno chaparrón de corrupción, en pleno pulso soberanista de Mas, en pleno despegue de Podemos en las encuestas, Marín volvió a presentarse ante el auditorio pertrechado, esta vez, en el famoso ‘No Comment’ de John Benjamin Toshack, aquel histórico y polémico entrenador del Real Madrid, para referirse a Rodrigo Rato. El escándalo de las tarjetas black convirtió la solitaria pregunta de trimestres anteriores en un bombardeo. Hasta cinco cuestiones. En las primeras cuatro, la misma respuesta. “Me remito a lo que dije en trimestres anteriores”, sentenció Marín. Encajó peor la quinta. Pero su respuesta no se movió del guión establecido.

No quiso hablar de Rato, de quien quiso distanciarse como los líderes del PP hicieron meses atrás con Bárcenas: dejando de nombrarle. Pero sí se atrevió a moralizar sobre modos y formas de luchar contra la corrupción en España. Un discurso que podía compartir todo el auditorio salvo si quien lo pronunciaba hablaba de extirpar las manzanas podridas cuando en su cesto aparecía aún Rodrigo Rato, el ex de grandes sillones ahora doblemente imputado por el juez Fernando Andreu de la Audiencia Nacional. Ese día, el pasado 4 de noviembre, la decisión del cese ya estaba tomada.

Se comunicó este viernes, sin embargo. “Estas decisiones tienen sus plazos”, explican desde Boadilla. El anuncio acabó por fin con la pregunta tan incómoda para el Santander como incomprensible para el sentido común. Vuelvo a citar a Toshack y su famosa frase “es más fácil ver a un cerdo volando por el Bernabéu a que yo rectifique”. Afortunadamente, Ana Patricia Botín ha preferido no seguir la cita del galés. El cese de Rato, pese tardío, llega por fin para la institución. Una buena noticia para la nueva etapa de Botín (Ana Patricia) que parece dispuesta a finiquitar con las incómodas herencias de Botín (Emilio).


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