Análisis

El tenderete de ETA

   

Imagen del vídeo con las armas que ETA ha puesto recientemente 'fuera de uso operativo'
Imagen del vídeo con las armas que ETA ha puesto recientemente 'fuera de uso operativo' EFE

El día después de los Reyes Magos, los centros comerciales se llenan de desilusionados que acuden con aquellos presentes recibidos que no entraban en sus listas de deseos para descambiarlos antes de que se arrumben en los trasteros. Tras el anuncio de desarme realizado este viernes por ETA, será la ciudadanía entera la que deba acudir a los que 'vendieron' lo que iba a pasar este viernes en Bilbao como el gran paso hacia el fin de la organización terrorista para pedirles la hoja de reclamaciones y exigirles que nos devuelvan las ilusiones que muchos habían depositado. La frustración es siempre peor que la esperanza e, incluso, puede terminar fagocitando a esta última. Porque, no nos engañemos, lo que ETA ha escenificado este viernes con la colaboración de dos integrantes de la bienintencionada Comisión Internacional de Verificación (CIV) fue todo menos el gesto serio que todos, y sobre todo la sociedad vasca, esperábamos y merecíamos a estas alturas de una tregua que ha superado ya los dos años de duración. Una mesa con un puñado de pistolas y paquetes esparcidos por encima es todo menos un desarme. Como mucho, un tenderete... y de los cutres.

Nadie se puede creer que esas pocas pistolas, temporizadores y explosivos sean una parte "significativa" del arsenal que, a buen seguro, la organización terrorista aún conserva. Tampoco nadie puede esperar que a los cuatro personajes que intervienen en el teatralizado vídeo les vayan a dar un premio en la próxima ceremonia de los Oscar. ¿Han visto ustedes la fingida actuación de los dos verificadores? ¿Y el 'papelón' de los dos encapuchados? Observen sobre todo al más alto, ese que se apoya en la mesa como el que está en el salón de su casa mientras le intentan vender una enciclopedia. Hechos tan relevantes como el fin del terrorismo necesitan sobre todo de gestos igualmente serios que los hagan creíbles para la mayoría de una sociedad que después de tantos años de dolor es desconfiada con razón. Y el vídeo de este viernes no ha pasado de ser un mal chiste sin ninguna gracia.

Sin embargo, la lógica desilusión por el regalo no debe hacernos despreciar el envoltorio. Esas pocas armas y explosivos esconden algo tan importante como lo que parece ser el compromiso unilateral de la banda por un desarme total y, sobre todo, la constatación de que la organización camina de modo irreversible hacia su extinción. También nos enseña que este sprint'final no será, ni mucho menos, una carrera a lo Usain Bolt sino más bien una larga prueba de fondo con muchos obstáculos. Deberemos esperar meses, seguramente años, antes de que ETA entregue su última pistola y su última bala. No hay que olvidar que el IRA, esa organización 'hermana' que los etarras tanto gustan imitar, tardó cerca de tres años entre la primera entrega de armas y la última. Tres años en los que, por ejemplo y a diferencia de lo ocurrido hoy, la opinión pública nunca supo qué armas y en qué cantidad se iban entregando a los mediadores internacionales para su requisa y posterior destrucción. Poco consuelo, dirán algunos. Tal vez, aunque no debemos olvidar que a veces jugar con la caja es más satisfactorio que hacerlo con su contenido... sobre todo cuando éste es tan desilusionante como un tenderete de armas viejas.


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