Análisis

Ciudadanos, ¿de bisagra a veleta de PP y PSOE?

El apoyo a Susana Díaz y Cristina Cifuentes enerva y descoloca a los votantes del partido naranja. Albert Rivera y los suyos tendrán que trabajar mucho para convencer a sus seguidores e impedir su fuga...

No ha sido una semana fácil para Ciudadanos. El partido naranja que tanto vendió que había llegado para cambiar las cosas ha propiciado con sus votos que el PSOE de Susana Díaz siga gobernando en Andalucía. Y mucho tendrán que variar de rumbo las negociaciones en la Comunidad de Madrid para que la formación no apoye también que el PP de Cristina Cifuentes continúe en la poltrona. Dos pactos que ni dentro ni fuera del partido naranja se terminan de comprender y generan una confusión más que preocupante para Albert Rivera y los suyos. 

Ahora Rivera y sus correligionarios se afanan por convencer al respetable de la idoneidad de alcanzar estos pactos en ambas comunidades autónomas para garantizar la estabilidad

Los dos grandes partidos conservan dos plazas de enorme importancia política gracias al apoyo de Ciudadanos. Esto es un hecho, tozudo e innegable, contra el que es muy complicado pelear. Ahora Rivera y sus correligionarios se afanan por convencer al respetable de la idoneidad de alcanzar estos pactos en ambas comunidades autónomas para garantizar la estabilidad. Esgrimen como principal motivo que tenían dos alternativas: favocerer esa manida gobernabilidad, por un lado, o no mojarse y bloquear las instituciones, por otro. Parece un sólido argumento, en efecto, pero no son pocos en el seno del propio partido quienes lo consideran una simple falacia perfectamente envuelta por el presidente de C's, sin duda hábil en el arte de la oratoria. 

Nadie en el partido naranja se atreve, al menos por ahora, a discutir públicamente esta suerte de estrategia de la bisagra que impulsa la dirección. Pero entre bastidores las quejas aumentan. La disensión interna de Ciudadanos sucede, además, en terminales mediáticas que antes apoyaban sin fisuras al partido pero ahora critican su estrategia de pactos postelectorales. Y lo mismo sucede en las redes sociales. Todo ello es un reflejo inequívoco de que la principal consecuencia de los acuerdos con Díaz y Cifuentes es que entre quienes han apoyado, impulsado y votado a C's se multiplican las dudas y los nervios. Y ahí nacen mil y una preguntas. 

¿Cómo es posible que en el pacto con los socialalistas no se haya incluido la renuncia inmediata de los imputados

Chaves y Griñán?

¿En realidad era tan necesario respaldar al bipartidismo cuando C's podría haberse abstenido en ambos lugares y dejar que el resto de partidos se desgastasen en los pactos? ¿Cómo se puede hablar tanto de "cambio" y después apoyar a las formaciones mayoritarias que llevan tantos años gobernando en esas dos comunidades? ¿No tendrá el votante la sensación de que en Andalucía no se alcanzó un acuerdo con el PSOE hasta después las elecciones del 24-M aunque estaba decidido de antemano? ¿Cómo es posible que en el pacto con los socialistas no se haya incluido la renuncia inmediata de los imputados Chaves y Griñán?

¿Realmente un gobierno de Cifuentes podrá "regenerar Madrid" con su lista plagada de políticos profesionales que pueden acabar salpicados por la Gürtel o la Púnica? ¿Acaso no da la sensación de que Ciudadanos está pasteleando con el PP madrileño cuando el acuerdo ya está cerrado? ¿De verdad es tan relevante haber conseguido que los dos grandes partidos firmen compromisos a favor de la regeneración o ambos pactos acabarán siendo papel mojado? ¿Votará el partido naranja en el mismo sentido en ambas comunidades autónomas o sus respectivos líderes optarán por defender principios diferentes en cada lugar? ¿No pensará la gente, en definitiva, que Ciudadanos ha pasado de ser una bisagra a convertirse en una veleta que apunta a PP o PSOE en función de hacia dónde sople el viento en cada territorio? 

Rivera y el resto de dirigentes de C's tienen que saber que la versatilidad que están mostrando para cerrar pactos es harto peligrosa en un país acostumbrado y adicto a los bandos irreconciliables. Mucho, muchísimo, tal vez demasiado van a tener que trabajar para convencer a sus seguidores y evitar su fuga, así como para seducir a otros electores antes de las próximas elecciones generales. De momento, apelan, como ya se ha dicho, a su responsabilidad, sacan pecho porque han obligado a cambiar a PP y PSOE y defienden que van a hacer una oposición implacable. Es tiempo, como dice el propio presidente de Ciudadanos, para "la política con mayúsculas".  

Al menos por ahora, C's ha dado la razón a todos aquellos seres perversos que rememoraban al Príncipe de Lampedusa en El gatopardo pronosticando, tan apocalípticos ellos, que Riveray los suyos iban a apostar por cambiarlo todo para que nada cambiase en realidad. En Ciudadanos van a tener que explicarse muy bien, demostrar con hechos, y no solo con palabras, que no son copias baratas de los vetustos originales y, sobre todo, desbrozar el complejo camino de la centralidad política. Todo ello parece casi un plan suicida, porque este no es un país para matices. 


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