Análisis

El primer pulso de la vicepresidenta

Paciencia y discreción. Las armas utilizadas por el Gobierno para doblegarle el pulso a Mas. Lo ha conseguido. La estrategia de Rajoy, desarrollada por Soraya, se ha impuesto.

Sáenz de Santamaría se puso al frente de la operación "frenar al soldado Mas" hace ya unos meses. Rajoy le había encomendado el sigiloso cometido de sondear unos trabajos sobre posible reforma electoral ya en marcha. La vicepresidenta conectó con Rubalcaba, por entonces secretario general del PSOE y con Josep Duran Lleida, líder de Unió, que ya se movían tiempo atrás en ese territorio. Expertos y constitucionalistas trabajaban en esa vía, con información frecuente al rey Juan Carlos.

El brusco resultado de los comicios europeos, la abdicación del monarca y el relevo en el PSOE frenaron ese camino, pero no se ha cerrado.

La mano suave de la vicepresidenta tenía, de vez en cuando, que deshacer entuertos en los que incurría el ministro de Exteriores

La vicepresidenta del Gobierno ha mantenido las riendas en la estrategia gubernamental en el asunto catalán. Viernes tras viernes transmitía al presidente de la Generalitat lo serio de su error y lo inviable de su empeño. Mantenía contactos con representantes del sector financiero catalán, enviaba mensajes a través de figuras prominentes del catalanismo, serenaba el tono, huía de las proclamas y no devolvía agravios y provocaciones. La mano suave de la vicepresidenta tenía, de vez en cuando, que deshacer entuertos en los que incurría el ministro de Exteriores, todo un especialista en ir cuatro pasos por delante, o por detrás, de lo necesario.

Sabía sobradamente Sáenz de Santamaría que Artur Mas se iba a tropezar con un muro. Incluso se le intentó buscar alguna salida. Se desconoce si se ha llegado con él a algún tipo de acuerdo. De lo que no cabe duda es de que Mas ha perdido esta batalla y Soraya se ha apuntado un tanto claro, decisivo y de enorme importancia.

Moncloa ha ganado la batalla, lo que no quiere decir que el reto catalán haya desaparecido

Moncloa ha ganado la batalla, lo que no quiere decir que el reto catalán haya desaparecido. Ahora empieza una segunda fase, menos urgente pero más escarpada. Pero la vicepresidenta ha conseguido un enorme triunfo y ha ganado muchos enteros de cara a un futuro que está por escribir, aunque se ha culminado una primera página. Enorme, nítida y veremos si decisiva.

Ahora está centrada en resolver el drama del ébola. Muchas horas le está dedicando desde el pasado jueves. Todo estaba por hacer. Las primeras medidas han sido sensatas y en la buena dirección. Pero se trata de un enemigo endiablado. Cataluña y el ébola, dos enormes desafíos para una vicepresidenta que se ha hecho imprescindible. Y quizás, más adelante, también inevitable.


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