Análisis

Váyase, señora Mato... Y por fin se fue

La hasta ayer ministra de Sanidad aplaudía la famosa frase de Aznar en los años noventa. Hoy la validez de esa sentencia se le puede aplicar a ella, asediada por sus relaciones con la trama Gürtel... 

La hasta hoy ministra de Sanidad, Ana Mato
La hasta hoy ministra de Sanidad, Ana Mato EFE

En los años noventa, cuando la corrupción de todo tipo y condición asfixiaba irremediablemente a Felipe González, los españoles escucharon una y otra vez aquella frase que pronunciaba en sede parlamentaria José María Aznar: "Váyase, señor González". Los diputados del Partido Popular aplaudían, ufanos, sabedores de que el eslogan había calado entre la opinión pública, ávidos de lograr el poder. No tengo ni la menor idea de dónde estaba exactamente Ana Mato cuando el entonces líder de la oposición exclamó por primera vez aquella sentencia. Pero, salvo que estuviera de picos pardos, lo lógico es pensar que la hasta ayer ministra de Sanidad fuera una de las que aplaudían a su líder carismático, entregada a la causa. No puede olvidarse que ella empezó en política junto a él, como asesora, allá por los años ochenta, y que llegó al Congreso porque él le incluyó en las listas de su formación. 

El caso es que hoy, en 2014, tantos años después, la corrupción, que en España siempre ha sido endémica pero que tiene rebrotes especialmente repulsivos, son los ciudadanos quienes se sienten asfixiados, hartos, indignados, enfurecidos por aguantar tantas corruptelas, tantas mentiras, tantas desvergüenzas. Y aquella frase, las vueltas que da la vida, se puede aplicar a esta ministra a quien el juez Pablo Ruzacusa de lucrarse de las mordidas que su marido cobraba de la trama Gürtel. Este miércoles de anarajando atardecer en Madrid se decía que la titular de Sanidad estaba "tranquila". Enhorabuena, un servidor siempre ha simpatizado con la gente calmada. Claro que su templanza nos importa poco porque no es virtud que deba valorarse en los presuntos servidores públicos.

Mato nos deja a regañadientes y destaca que no ha delinquido. Se le impute delito o no en el detallado auto del juez Ruz, lo cierto es que Mato, ya separada del inefable Jesús Sepúlveda, vuelve a aparecer como beneficiaria de las corruptelas de su exmarido. Dice el juez, ni más ni menos, que la ministra del Ejecutivo de Mariano Rajoy "habría disfrutado o se habría beneficiado, sola o en compañía de otros miembros de la unidad familiar" de servicios turísticos, pago de eventos familiares y otros artículos de uso particular. Más de 50.000 euros en dádivas para la familia, incluido un regalo de un artículo de 610 euros de la marca de lujo Louis Vuitton. Todo ello procedente de una trama corrupta. 

Pese a estas pruebas, ella decía estar tranquila. Quizás porque pensaba, incauta, que su estrecha amistad con el presidente del Gobierno le garantizaba su continuidad en el cargo ad eternum. Acaso porque razonaba que si su jefe no se fue a casa tras publicarse sus mensajes a Bárcenas, toda impunidad es poca. En todo caso, esa presunta tranquilidad finalmente truncada supone, amén de unos cuantos miles de votos para Podemos, otro ejemplo de esa manera tan vetusta y turbia de entender la política. Una forma de pensar demasiado habitual entre los altos cargos de esta partitocracia agonizante. Nos toman por tontos, así de sencillo. Decíamos al principio de la tarde que solo nos quedaba volver a la frase. Y repetirla continuamente. Váyase ya, señora Mato. Por fin, nunca más habrá que repetirla. 


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