Análisis

Un gobierno 'arriolado' y un ministro abrasado

Gana Arriola, pierde Gallardón. Mariano Rajoy ha inclinado hacia abajo su pulgar y el ministro de Justicia se queda con su proyecto colgado de la brocha. No habrá nueva ley sobre la interrupción del embarazo pese a que el PP lo llevaba en su programa.

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón
El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón Efe

No verá la luz el documento más trabajado y manoseado de cuantos ha puesto en marcha el Gobierno. No habrá respuesta satisfactoria para esos miles de militantes y simpatizantes que consideraban que el PP respetaba sus promesas y cumplía con sus principios. El domingo, en las calles de Madrid, ya mostraron su enorme indignación ante lo que consideran una 'traición'.

Han ganado las encuestas del 'gurú' de la Moncloa, Pedro Arriola, se ha impuesto la frialdad demoscópica y, al tiempo, se ha impuesto la sensatez 'mariana' de no crear un conflicto donde no es necesario. Además, ya no está Rouco, la voz crítica de la Iglesia que tanto incomodaba a Rajoy.

La reforma de la ley de Aído era posiblemente la iniciativa más ideológica del Gobierno de los populares. Primero recurrió la ley de Zapatero ante el Tribunal Constitucional, que, por cierto, aún no ha emitido su fallo sobre el particular. Luego se le encargó al ministro de Justicia un nuevo proyecto, en el que se empezó a trabajar hace más de dos años. Gallardón, en lugar de intentar una faena de aliño, pretendió sacar adelante una propuesta de máximos. En el seno del partido se movieron algunas estructuras. Varios barones, con Monago al frente, mostraron públicamente su inquietud. "Esta ley nos dará problemas y nos quitará votos", eran los mensajes que llovían sobre Moncloa desde todos los rincones de España.

Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal también se alinearon contra la propuesta. El frente 'anti Gallardón' crecía en el interior del Gobierno y del partido. Rajoy se lo pensaba aunque, en privado, seguía apoyando al ministro. Al fin y al cabo, la ley era del presidente.

Finalmente, la decisión esperada. Las encuestas de Arriola mostraban en forma inapeable que la sociedad española no reclamaba este cambio legal. Tan sólo se pedía una pequeña reforma para que las menores de 16 y 17 años no pudieran interrumpir el embarazo sin consentimiento paterno. Y así ha sido.

El hasta este martes ministro de Justicia, que hasta hace unas semanas comprometía su palabra en que la nueva ley sería aprobada por el Consejo de Ministros antes del final del verano, ha visto llegar el otoño y con él, su descrédito. Ha quedado en fuera de juego. El presidente le ha humillado, le ha retirado públicamente su apoyo, le ha dejado sin cobertura y sin respaldo. No le ha quedado más alternativa que la renuncia, ya que Rajoy no pensaba en cesarlo. No es su estilo. El Gobierno se sacude un serio problema a nueve meses de la cita electoral de las autonómicas y municipales y Arriola logra una victoria más en los designios de La Moncloa.


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