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Las primeras sospechas se confirman

La hipótesis es que el piloto que quedó en la cabina sufrió un colapso de algún tipo. Cayó sobre los mandos y desconectó el piloto autómático. No hubo ninguna petición de socorro ni intento de aterrizaje. Sólo silencio con los controles de tierra.

Miembros de los equipos de rescate se preparan para reanudar la búsqueda en Seyne les Alps en Francia
Miembros de los equipos de rescate se preparan para reanudar la búsqueda en Seyne les Alps en Francia EFE

Ya lo comentábamos en nuestro primer análisis. Las causas del accidente del Airbus en los Alpes eran extraordinarias. Un avión de esas características no cae del aire a tierra sin que se produzca una situación muy especial. Además, el propio presidente de Lufthansa corroboró muchas de las palabras que escribimos cuando justificó que se habían llevado a cabo todas las revisiones de un aparato que es relativamente moderno. No hay parámetros aún que indiquen avería.

Algo extraordinario sucedió. Y los primeros análisis de la caja negra de audio nos lo certifican. Aún es una filtración y nos faltan detalles que serán my importantes. Pero parece que antes de que uno de los pilotos saliera no había tensión en cabina. Tendremos que saber aún si hay alguna conversación previa a la salida de uno de los pilotos. 

En todo caso es urgente una aclaración que vendrá tras la comprobación completa de los sonidos y su complemento con los datos técnicos de la segunda caja. Una de las hipótesis que desde el principio se barajó fue un atentado terrorista. El propio primer ministro francés, Manuel Valls, habló de que debido a lo extraño del suceso no se podía descartar nada. 

Hay que decir que si hubiera sido un atentado ya se habría reivindicado. Y sobre todo, la policía ya habrá estudiado la composición de los viajeros y habría algún indicio. Tampoco parece que la colocación de una bomba haya sido la causa porque el avión bajó navegando hasta chocar con la montaña. 

Hay que decir que si hubiera sido un atentado ya se habría reivindicado

Algunos foros hablan de ataque de pánico. Cuando una persona sufre uno de estos episodios queda totalmente paralizada y su mente bloqueada. Que sucediera esto en el momento en el que salió uno de los pilotos es posible, pero parece muy improbable. Estos profesionales están muy estudiados y controlados médicamente y habrían mostrado alguna señal. Las compañías son muy cuidadosas y hubieran retirado de la cabina al afectado. 

La hipótesis, insistimos, aún hipótesis a la espera de nuevos datos, es que el piloto que quedó en la cabina sufrió un colapso de algún tipo. Cayó sobre los mandos y desconectó el piloto automático. No hubo ninguna petición de socorro ni intento de aterrizaje. Sólo silencio con los controles de tierra

Una de las consecuencias del 11S fue que la cabina queda aislada del resto del aparato durante el vuelo para evitar la entrada de extraños. Sólo se puede abrir desde dentro. Algunos aviones llevan un código de seguridad que permite al otro piloto entrar si ha salido para ir al baño o para algún requerimiento urgente. Intentar romper la puerta es algo difícil porque tras el atentado de las torres gemelas se reforzaron y se blindaron con materiales ligeros pero seguros. Aún continúa pues la incógnita, pero se van aclarando cosas. 

Seguro que el suceso de los Alpes nos enseñará a evitar que se repita una catástrofe similar

Algunas compañías tienen un protocolo para cuando una de las dos personas que va en cabina abandonan la misma. Se llama a una azafata que queda con el piloto hasta que regresa el compañero. Todas las circunstancias apuntan a un mayor reforzamiento de las condiciones para que los pilotos no puedan, ante circunstancias como la de un atentado, modificar los parámetros del plan de vuelo. 

En reuniones de seguridad de los organismos internacionales de aviación civil ya se habla de limitar, “capar”, algunas de las operaciones de los aparatos. Ya se aplican en tiempo de paz a los aviones de combate. Si un piloto quiere pasar de una velocidad “G”, el ordenador no le deja. Algo similar funciona ya en los sistemas de seguridad de los AVE. Cuando el maquinista quiere correr más en una curva marcada con un límite, el ordenador se lo impide. 

Si este sistema hubiera estado vigente en el accidente del AVE de Galicia, no se habría producido esa desgracia. El hombre llega muchas veces tarde, pero seguro que el suceso del Airbus de los Alpes nos enseñará algo que evitará que se repita una catástrofe de estas características.


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