El lema de la televisión autonómica catalana es “TV3, la teva”, la tuya. En sus inicios era alabada como paradigma de modernidad y de audacia. Ahora ha quedado relegada al papel que hiciera Isabel II, a la que se apodaba “la de los tristes designios”. Un medio al servicio del Govern de Cataluña, aburrida, servil y cara. Porque tanto la televisión como la radio de la Generalitat nos cuestan un pico a todos los catalanes.

"Prefiero ceder todas las competencias antes que renunciar a TV3"

Esas palabras las pronunció en su día Jordi Pujol, al que sus herederos políticos se cuidan mucho en nombrar. Y las decía con la sagaz visión, todo hay que decirlo, del que desea construir un imaginario acorde con sus ideas políticas. Se equivocan de medio a medio los que hablan ahora de la deriva secesionista en los medios de la Corporación Catalana de Medios de Comunicación, ente que engloba las radios y televisiones que dependen de la Generalitat. TV3 fue, desde el minuto cero, un instrumento de propaganda al servicio de la idea, a veces un tanto nebulosa, de “fer país”, hacer país, de la que tanto habló Pujol a lo largo de su carrera. Las generaciones de catalanes y catalanas que ahora se desgañitan repitiendo consignas como si fuesen acólitos de una secta se formaron con la televisión nacionalista convergente. De ahí que encuentren normal que TV3 siga emitiendo el anuncio del referéndum ilegal, que se veje a los que no son independentistas o que se den informaciones sesgadas.

Haciendo memoria, – ¡qué peligrosos somos los que, a una cierta edad provecta, aún tenemos memoria! - el primer director de TV3 fue Alfons Quintá, uno de los periodistas que más duro se había mostrado con el pujolismo. ¿Generosidad política? No. El poder sabe que es mucho más fácil comprar que combatir y Pujol lo compró, como después hizo con tantos y tantos otros, digámosles, compañeros de profesión. Periodistas críticos han pasado de un día para otro del áspero Vietnam de su máquina de escribir a la dulce somnolencia que producen los despachos oficiales y los sueldos astronómicos. No hay por qué citar nombres. No es cristiano hacer leña del árbol caído.

Aquella televisión incipiente tenía dos personas encargadas de velar por la pureza de sus contenidos: uno era Lluís Prenafeta – implicado en el caso Pretoria y que se ha confesado autor de cobrar comisiones –; la otra era Marta Ferrusola – también implicada por presunta evasión de divisas en el caso Pujol y esposa del ex president -, siendo los modernos inquisidores de lo que se podía ver o no en la televisión catalana. Una llamada de cualquiera de ambos hacía temblar a los directivos de la casa. El concepto patrimonial que han tenido siempre los nacionalistas con respecto a lo público llegó a extremos berlanguescos cuando Prenafeta se hizo llevar a su domicilio particular una cinta de “El Padrino”, lo que motivó una queja parlamentaria del PSC, queja que no prosperó, claro.

Todo en TV3 se orientaba a obviar la realidad de España. El mapa del tiempo, que aún se mantiene a día de hoy, presenta solo los denominados países catalanes – a saber, Cataluña, Comunidad Valenciana, denominada en TV3 como País Valencià, y Baleares -, España nunca es denominada como tal sino como “el estado español”, el presidente del gobierno español lo es “del gobierno central”, el Barça es el único equipo del que se informa hasta la saciedad, quedando otros clubs señeros como el Español relegados a un tercer plano y siendo a menudo objeto de bromitas de mal gusto, etc. Del Real Madrid, ni les comento el tratamiento que se le da. Otrosí, las entrevistas a políticos dan, en numerosos y sucesivos estudios que se han hecho a lo largo de estas décadas de plomo, un ochenta por ciento en favor del Govern frente al veinte por ciento a la oposición. Los programas se otorgan a determinadas productoras de amigos y simpatizantes con el ideario secesionista, en fin, para qué seguir.

Dudo mucho que en cualquier país con unos mínimos democráticos o, al menos, de vergüenza torera, se hubiese mantenido a ese señor en su cargo"

Con el proceso todo esto se ha agravado. Ahora más que nunca los nacionalistas se aferran al control de los medios catalanes, llegando a extremos que rozan lo esperpéntico como la última entrevista que le hizo el actual director de TV3 Vicenç Sanchís a Carles Puigdemont. Dudo mucho que en cualquier país con unos mínimos democráticos o, al menos, de vergüenza torera, se hubiese mantenido a ese señor en su cargo. Solo les faltó declararse eterno amor el uno al otro.

Sanchís, por cierto, fue director de 1990 a 1993 del diario ‘El Observador’, inspirado por Prenafeta, del que también ha sido su biógrafo; posteriormente lo “designaron” desde Palau como director del boletín oficial convergente, el diario ‘Avui’, de 1996 hasta el 2007; ha ostentado cargos en la mal llamada sociedad civil de Cataluña, como el de vicepresidente de Òmnium Cultural y lógicamente, cuando las cosas empezaron a ponerse complicadas, Artur Mas y su segundo de a bordo Francesc Homs lo nombraron director de TV3.

¿Qué ha hecho este valenciano desde su nombramiento? Apostar por la línea Pravda más dura, pactar con los sindicatos la paz social dentro de la casa – sepan que TV3 tiene la misma plantilla que el portaaviones Charles de Gaulle, buque insignia de la Armada francesa – y apostar por que toda la parrilla esté impregnada de soberanismo, venga o no a cuento. Un excelente comisario político que cree a pies juntillas en los dogmas de fe independentistas. En las tertulias que ofrecen tanto TV3 como su canal de noticias 324 la proporción de tertulianos es de cuatro soberanistas frente a un constitucionalista. Los presentadores son todos de la cuerda oficial, hagan lo que hagan y sea su programa del tipo que sea. Como ejemplo, y para que el resto de ciudadanos de España sepan lo que aguantamos en Cataluña, en un programa de música clásica emitido por Cataluña Radio, el presentador, que entrevistaba a un violinista, le espetó si, cuando acabase el programa, no iba a manifestarse en la Diada en favor de la independencia. Y este sería un detalle menor si lo comparamos con las homilías que la conductora del espacio matinal de la radio pública catalana, Mónica Terribas, suelta cada día del mundo, acosando a los entrevistados que no son partidarios del proceso y mostrándose servil con consellers y adictos a la causa. Tamaña adulación no se ha escuchado desde los tiempos del parte de Radio Nacional y el NODO.

Pero la culpa no ha sido solo de Convergencia, el nacionalismo y sus políticos. El PSC también ha puesto su granito de arena en que los medios catalanes estén absolutamente dominados por el ideario secesionista.

Lo que no se ha dicho del Pacto del Tinell

El PSC sabía que solamente podría llegar a gobernar Cataluña con un candidato que no pareciese socialista. Tenía, por descontado, que ofrecer un perfil de modernidad para oponerse a la imagen ya vetusta de Pujol y, además, dar una imagen de catalán nada sospechoso de ser un botifler (traidor). Con esos mimbres, los miembros de la cúpula socialista catalana acudieron al por entonces popular alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall. Nieto del gran poeta, desenfadado, con el éxito de los Juegos de Barcelona fresco aún en la memoria de los electores, Pasqual era el candidato perfecto salvo por un detalle: a él, el partido no le importaba un pito, es más, le parecía en su mayoría un conjunto de catetos. La historia del maragallismo, que está aún por hacerse, recogerá los mil y un intentos que Pasqual llevó a cabo sin demasiado éxito para crear organizaciones políticas al margen del PSC. Por otro lado, Pasqual no consentía la menor disidencia ni crítica. Era, pues, una contrafigura de Pujol, un autócrata que sabía conectar con la gente de la calle pero que creía a pies juntillas en aquella máxima que asegura que hay que hacerlo todo por el pueblo, pero sin el pueblo.

La oportunidad que tuvo el PSC para cambiar las estructuras de TV3 y Catalunya Ràdio se esfumó"

Una vez convencido para que se presentase, los socialistas tuvieron poco o nada que decir. La sala de máquinas fue confiada a Ernest Maragall, hermano de Pasqual, y las listas y la estrategia las llevaron entre ambos. Es evidente que el acuerdo que conocemos por el Pacto del Tinell, suscrito entre socialistas, Iniciativa y Esquerra, fue inspirado y consensuado entre Maragall y sus socios, Joan Saura y Carod Rovira. Las tres formaciones se conjuraron para desterrar al PP de la vida pública catalana, uno de los mayores errores en la política de Cataluña. Pero lo que no se conoce es que llegaron también a un acuerdo tácito: el Tripartito dejaba a los socialistas la parte económica, a los comunistas temas de interior y medio ambiente y a Esquerra, principalmente, los medios de comunicación.

La oportunidad que tuvo el PSC para cambiar las estructuras de TV3 y Catalunya Ràdio se esfumó. Esquerra mantuvo a todos los convergentes, añadiendo a algunos de los suyos, y el cuento de la lechera secesionista siguió su curso con total tranquilidad. El único intento que realizó Pasqual de nombrar a un periodista independiente como director de TV3 fracasó lamentablemente. Este es un episodio que conozco de primera mano. Quizás algún día lo relate, porque demuestra hasta qué punto los socialistas catalanes son tontos.

Con todo este camino andado, a nadie le puede sorprender que ahora unos medios carísimos, en caída de audiencia – Tele 5 es la cadena más vista en Cataluña, para que nos entendamos – y con unos profesionales acartonados de tanto poner cara de días históricos, jornadas heroicas, complots de los malévolos españoles y entrevistas de masaje con final feliz, digan que todo va de fábula y que el proceso es una maravilla.

La sembró Pujol, no la arrancaron cuando pudieron las pseudo izquierdas y la agostaron Mas y Puigdemont, es por eso por lo que la planta de TV3 está podrida hasta la raíz. Regada por el sectarismo, el amiguismo, las canonjías y la falta de profesionalidad, es un cadáver que solamente se mueve por espasmos, los que produce el cuerpo tras la muerte.

Un periodista y buen amigo mío, que también figura en las listas negras de los que no somos adictos y por eso no nos permiten trabajar en los medios públicos catalanes, dice que lo mejor sería cerrarla. No seré yo quien le lleve la contraria.

Miquel Giménez


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