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Juan Laborda

Opinión

Soñemos un cambio de paradigma económico

Un billete de 100 euros.
Un billete de 100 euros. CC

Estos días se celebra el simposio anual de Jackson Hole, donde se reúnen banqueros centrales, académicos, ministros de finanzas, y otras autoridades económicas y empresariales de medio mundo. El objetivo es debatir sobre los retos de la economía mundial, y muy especialmente el papel de la política monetaria.

El Jackon Hole de este año es muy importante por el momento crucial en el que se encuentra, desde mi punto de vista, la economía global. Por eso será de enorme interés leer con atención los análisis, conclusiones y diferentes artículos académicos que se presenten para poder extraer qué es lo que realmente piensan estos prohombres sobre el devenir económico presente y futuro. Se trata de anticipar qué herramientas de política económica se tendrán preparadas ante un más que probable descarrilamiento de la economía global por agotamiento y fracaso de las políticas implementadas. Nos podemos, obviamente, llevar una sorpresa y que la visión cándida que la ortodoxia tenía en 2008 vuelva a repetirse.

El contexto actual no invita para nada al optimismo, todo lo contrario. La política monetaria no da más de sí. La expansión fiscal prometida por la nueva administración estadounidense, ni está ni se le espera. Los distintos activos financieros de riesgo globales están claramente sobrevalorados. Estamos en la antesala de un nuevo ciclo global de aversión al riesgo que pondrá sobre la mesa la fragilidad de la economía mundial, la debilidad del sistema bancario occidental, y muy especialmente de los bancos sistémicos, ésos que las autoridades económicas y monetarias tan alegremente y de manera irresponsable han ido alimentando a lo largo de la Gran Recesión.

Es necesario un cambio radical de políticas económicas. Deben incluir como mínimo, se trata de una condición necesaria aunque no suficiente, una reconversión del sistema bancario, una reestructuración de la deuda global impagable, y el inicio de la aplicación de la Teoría Monetaria Moderna. En caso contrario nos veremos abocados a la Segunda Fase de la Gran Recesión donde, de nuevo, se retroalimentaran las crisis de deuda soberana y bancaria, qué terminarán contrayendo fuertemente el PIB global y generando un nuevo ejército de parados.

El paso adelante de Ben Bernanke

A mediados del año pasado, el otrora poderoso presidente de la Reserva Federal y padre de la expansión cuantitativa, Ben Bernanke, se reunió en “secreto” con el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, y el primer ministro nipón Abe. Discutieron sobre la próxima parada de la política monetaria: la posible inyección directa de dinero a las familias y al gobierno. Se trataba de hacer política fiscal con el balance del Banco Central.

Ben Bernanke, consciente de la inefectividad de la misma política monetaria que él había diseñado, propuso a las autoridades niponas combinar una expansión fiscal con una relajación monetaria. Surgía así una distinción importante entre la expansión cuantitativa y la nueva propuesta de Bernanke. Ésta última combinaba una relajación monetaria extrema y una expansión fiscal, pero la expansión cuantitativa ¡no!, solo utiliza la expansión monetaria totalmente ineficiente en recesión de balances. Se trataba, sin duda, de un avance importante.

Ben Bernanke, consciente de la inefectividad de la política monetaria que él había diseñado, propuso combinar una expansión fiscal con una relajación monetaria

Sin embargo, se debe dar un paso más y asumir de una vez por todas la Teoría Monetaria Moderna (TMM). El objetivo, el pleno empleo. Según la TMM, los gobiernos que emiten sus propias monedas no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas monetarios “fiat” modernos. Ya no es necesaria la maquinaria institucional creada para la emisión de bonos soberanos en los mercados privados.

A pesar de ello, los gobiernos sufrieron intensas presiones para mantener comportamientos y estructuras institucionales que limitaban sus capacidades de gasto. Por eso, siendo importante el paso tomado por Bernanke, hay que dar un paso más, y derribar toda esa maquinaria privada creada para emitir deuda soberana innecesaria pero muy útil para repudiar el papel del gasto público y de la política fiscal.

¿Qué se debería promover en Jackson Hole?

Soñemos un poco. Pensemos que las distintas autoridades económicas, monetarias y académicas reunidas en Jackson Hole sientan definitivamente la cabeza. Ello se traduciría en una hoja de ruta contundente, nueva, diferente. Soñar es gratis. Esa hoja de ruta incluiría una combinación de políticas económicas de medio y largo plazo; y la implementación de ciertas políticas transitorias que permitan corregir los efectos más negativos de las políticas actuales –marginalidad, exclusión, y pobreza- hasta que se alcancen los objetivos de medio y largo plazo.

En primer lugar los reunidos en Jackson Hole recuperarían el objetivo de pleno empleo, asumido durante la edad de oro del capitalismo y abandonado a su suerte tras la puesta en marcha de la agenda neoliberal (Consenso de Washington). Para ello es fundamental entender el concepto de soberanía monetaria, la base de la Teoría Monetaria Moderna. Y el instrumento básico vinculado a la Teoría Monetaria Moderna es el trabajo garantizado (0% desempleo).

En segundo lugar, los reunidos en Jackson Hole acordarían la necesidad de incrementar el salario mínimo. Además, siendo conscientes del destrozo programado en los servicios, los reunidos en Jackson Hole propondrían revertir los procesos de privatización de servicios públicos claves -educación, sanidad, dependencia, servicios sociales-. Preocupados por el injusto e ineficaz sistema impositivo, diseñarían un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuyera la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza. Tratarían de implantar de manera generalizada el impuesto al suelo, lo que daría un margen amplio para bajar los impuestos al factor trabajo, al factor capital, y, sobre todo, permitiría reducir de manera ostensible ese impuesto tan injusto que se ceba especialmente sobre los más débiles, el IVA.

En una sociedad segmentada, con fuerte precarización y con una distribución desigual del empleo, la propiedad y las rentas, se debe reafirmar el derecho universal a una vida digna, el derecho ciudadano a unos bienes y unas rentas suficientes para vivir. Por lo tanto, serían necesarias unas rentas sociales o básicas para todas las personas sin recursos, para evitar la exclusión, la pobreza y la vulnerabilidad social. Una renta básica universal, como elemento de transición al pleno empleo, sería muy útil. Y así lo acordarían los reunidos en Jackson Hole.

Se intentará acudir otra vez a una nueva ingeniería económica y monetaria encaminada a consolidar el poder de la superclase

Pero además de todas estas medidas, los reunidos en Jackson Hole exigirían como condición necesaria, tal como hemos detallado con anterioridad, la reestructuración de un sistema bancario global sobredimensionado, ineficiente y sistémico; a la vez que se diseñaría una reestructuración de la deuda global. Con ello se pondría fin a esa pesadilla llamada “neoliberalismo”.

Soñar es gratis. Pero soy muy consciente que de Jackson Hole no saldrá nada de esto. Todo lo contrario. Mi escenario es que se intentará acudir otra vez a una nueva ingeniería económica y monetaria encaminada a consolidar el poder de la superclase y garantizar el control de ésta sobre el sistema global de la deuda. Y los Juegos del Hambre como escenario futurible.


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