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Jordi Ruiz de Villa

Opinión

Mariano Rajoy, un rey desnudo en Cataluña

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. EFE

Dice el cuento de Hans Christian Andersen publicado en 1837 que hace muchos años había un rey muy preocupado por su vestuario que oyó decir que había unos sastres que podían fabricar la tela más bonita que se podía imaginar, tela que tenía la cualidad que era invisible a los estúpidos o incapaces para ejercer su cargo. Obviamente no había tela alguna. El rey envió a varios ayudantes a mirar la tela, pero ninguno se atrevió a reconocer que era incapaz de verla. El propio rey, incapaz de reconocer su estupidez, salió desnudo a un desfile y nadie se atrevió a decir nada hasta que un niño dijo: "¡Pero si va desnudo!" La multitud empezó a cuchichear, y, posteriormente a gritar que iba desnudo, pero el rey, que se dio cuenta que tenían razón, siguió el desfile como si nada.

En el caso de Cataluña, Mariano Rajoy, preocupado exclusivamente por su vestuario (ganar elecciones) ha querido creer que la tela existe. Que sus ayudantes tienen razón. Que el problema desaparecerá por arte de magia cuando haga su desfile triunfal con la fuerza del Estado por las calles de Barcelona. Y que si el problema no desaparece, la lección dada a los díscolos catalanes le ayudará a ganar las próximas elecciones. Y las siguientes, y las siguientes...

Rajoy, preocupado exclusivamente por su vestuario (ganar elecciones) ha querido creer que la tela existe. Que sus ayudantes tienen razón. Que el problema desaparecerá por arte de magia cuando haga su desfile triunfal"

Y se equivoca. El problema no va a desaparecer, suceda lo que suceda el 1-O. Y si fuera verdad que el desfile le ayuda a ganar elecciones, será a un precio costosísimo: la desafección permanente de una parte del pueblo y la creación de un caldo de cultivo abundante para un futuro brillante del independentismo.

Como catalán que soy, cada vez que me desplazo a Madrid me preguntan: "¿Y que hace la sociedad civil catalana?" Y mi contestación, como parte de esa sociedad, amante del orden y la ley, es siempre la misma:

Llevamos 6 años abandonados por el Estado. Solo un ministro de Exteriores se ha dignado a intentar contrarrestar el discurso de los independentistas en Cataluña en un debate televisivo, y un exministro socialista ha publicado un pequeño libro rebatiendo las tesis independentistas. Nada más.

A una gran parte de la burguesía -a la que tanto se acusa de conformismo o de alentar el independentismo- se le ha secado la boca pidiendo un cambio de rumbo de la política del Estado en Cataluña. Y me consta que algunos asesores de Mariano Rajoy también eran partidarios de ese camino. Pero siempre han recibido la misma respuesta: "No se puede ceder al chantaje","Los independentistas son insaciables", "Demos lo que demos seguirán pidiendo más y más". Craso error.

Esos acólitos del rey están tan preocupados por los votos que ganan en el resto de España en su estrategia de "a los separatistas ni agua" que no ven que el mensaje que se percibe en Cataluña es "a los catalanes ni agua". Y así el independentismo ha ido calando en la sociedad hasta niveles inimaginables hace solo 5 años. Para muestra, la multitud que ha acudido a la Diada de Catalunya.

Por muchos cuerpos de seguridad que desfilen el 1 de Octubre en Cataluña, el rey no va vestido. No le cubre ninguna tela que haga atractivo seguir perteneciendo a España, y, si la tiene, la esconde. De ahí que un porcentaje muy significativo de la población -incluso de la población acomodada- se quiera ir.

¿Se podía haber evitado? Rotundamente sí.

Por muchos cuerpos de seguridad que desfilen el 1 de Octubre en Cataluña, el rey no va vestido. No le cubre ninguna tela que haga atractivo seguir perteneciendo a España, y, si la tiene, la esconde"

Hubiera bastado con tener presencia. Hablar. Explicar porqué formar parte de España es una opción atractiva. Cumplir la palabra dada, las inversiones pactadas en el Estatut, diga lo que diga el Tribunal Constitucional. Generar confianza. Seducir a la población para que designe nuevos representantes políticos que abandonen este camino.

Pero ya se sabe, en este país parece que solo obtienen recursos los territorios cuyos votos son necesarios para aprobar los presupuestos generales del Estado. Ademas, incrementar los recursos de Cataluña (aunque fuera un compromiso aprobado por las Cortes Generales en el Estatut) probablemente se hubiera convertido en un arma arrojadiza política con un coste electoral. Y no hay rey al que le guste más ganar elecciones que a Mariano Rajoy.

Y claro, así las cosas, estamos predestinados a ver el triste espectáculo de un rey desnudo acabando su desfile el 1 de Octubre acompañado de las fuerzas de seguridad del Estado, pero entre los cuchicheos y exclamaciones de su pueblo en Cataluña.

Solo deseo que el 2 de Octubre se escuchen las voces que desde Cataluña pedimos un cambio de rumbo. Y que alumbre un nuevo periodo de reconciliación, generosidad y ausencia de revanchismo. Que el Rey y el resto de España no hagan como si no pasara nada.

Cuando vuelva a Madrid y me pregunten de nuevo: "¿Y que hace la sociedad catalana?", volveré a decir: "Pues eso. Avisad al rey... de que va desnudo".


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