Izar es una niña de madre vasca, ex etarra, que se repone en un piso de acogida en Madrid de las heridas que le infligió el miserable de su padre que quiso vengarse de su mujer agrediendo a su hija. En San Sebastián hay un movimiento abertzale pidiendo que regrese la niña al País Vasco para que se escolarice en una ikastola y no se eduque en Madrid.

Hasta ahí, una historia desdichada.

Lo llamativo es el argumento de los separatistas y nacionalistas vascos que reclaman la presencia de la niña en el País Vasco porque, según uno de sus posibles maestros en la ikastola, asegura que el caso es grave “porque la niña va a tener que estudiar en un idioma que no es el suyo”.

Déjenme que les cuente la experiencia de Mario, de nacionalidad nicaragüense. Él y su familia han venido a España como inmigrantes, a la bella ciudad de San Sebastián, antaño liberal, monárquica, abierta y cosmopolita. Su idioma es el español (no el castellano), tiene diez años, su madre trabaja como empleada de hogar, por horas. Mario, en el primer año de escolarización, en San Sebastián, tiene una hora de lengua castellana y otra de inglés. El resto de la docencia es en vascuence. No tienen opción, en la enseñanza pública, de otro régimen lingüístico. En ese primer año le "pasan" el curso aunque no hable ni escriba en vasco.

Mario, en el primer año de escolarización, tiene una hora de lengua castellana y otra de inglés. El resto de la docencia es en vascuence. No tienen opción, en la enseñanza pública, de otro régimen lingüístico"

En el segundo año, Mario está obligado a escribir, seguir las clases y hablar vasco. Caso contrario, repite curso y pierde su posición en el colegio. Su madre recibe las notas y comentarios solo en vasco y usa el traductor de Google para entender lo que dice o acudir al colegio y pedir alguna explicación. En las reuniones de padres en el colegio se habla en vasco, con lo que la madre de Mario y otras familias hispano-hablantes son ciudadanos de segunda, ilotas, que no comprenden lo que se dice ni pueden participar ni opinar; tienen que pedir el acta de la reunión anterior y gracias a Google Traductor entender algo de lo que acordó.

Mario era un chico alegre con muchos amigos. Ahora no habla ni español ni vasco: padece ensimismamiento, agorafobia y depresión infantil. En los recreos, las vigilantas (las mismas que atienden el comedor) recriminan y sancionan a los niños si entre ellos hablan en español.

Si esto ocurre en San Sebastián pueden Vds. imaginar cómo será este tema en la multitud de pueblos del interior de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava (ahora parece que Navarra se apunta a la "normalización").

Jamás la UCD (grave error de Suárez) y después el PSOE y el PP, debieron dar la enseñanza a las autonomías"

La pregunta es: el vasco, ¿un idioma que ha sobrevivido miles de años, necesita la compulsión, la obligatoriedad, la vigilancia, la imposición?

Los nacionalistas (muchos de ellos, separatistas en cuanto pueden y creen que es posible) ¿por qué no aplican a Mario, a los ciudadanos hispano hablantes, la misma receta que piden para Izar: “porque la niña va a tener que estudiar en un idioma que no es el suyo”?

La respuesta a todo esto es que JAMÁS la UCD (grave error de Suárez) y después el PSOE y el PP, debieron dar la enseñanza a las autonomías. Rectificar es de sabios. Y urgente.


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