Independencia “Quimicefa”
Independencia “Quimicefa” Archivo VP

Para los lectores más jovenes, que no es el caso de los Carles Puigdemont de mi generación, “Quimicefa” era una caja de elementos reactivos que a los niños de los años 70 y 80 nos regalaban por cumpleaños y Reyes para espanto de nuestras madres porque lo poníamos todo “perdido”.

El experimento acababa siempre con una huida a la carrera del cuarto a la calle -que a esa edad nadie tiene una Girona en la que esconderse- tras un burbujeo descontrolado del nitrato de potasio o lo que fueran aquellos polvos color plata al contacto de un líquido incoloro que, seguro, no era agua. Nunca nadie leyó las instrucciones pero “ni se te ocurra beberlo”. Y bastaba.

¿Por qué cuento esto? Porque llevo horas intentando asimilar el final de lo que hemos vivido en Cataluña estás semanas y, de verdad, no encuentro mejor analogía.

A ver, cuando tú declaras la independencia del territorio después de 500 años unido a España y 700 a la Corona de Aragón... qué menos que arrancar la bandera del Estado ‘opresor’ del mástil del Palau de la Generalitat.

Luego ya, si eso, grabas un mensaje y lo vendes como “comparecencia” destinado a ser emitido por TV3 como comparecencia “del presidente” -les faltó poner “en el exilio”- mientras tú y tu pareja os paseáis en loor de multitudes por las calles y bares de... Girona (!!!).

Paseo protegido por los Mossos d'Esquadra que ya dependen del ministro del Interior y que, si no te detienen y miran para otro lado, será, digo yo, primero por vergüenza ajena; y, segundo, porque Mariano Rajoy ha decidido sabiamente acabar la obra como lo que es, una ópera bufa, y no la tragedia griega que les hubiera gustado a muchos.

Sí. La pieza teatral va a acabar este lunes con la querella de la Fiscalía por delitos de todo tipo, incluida la rebelión y ahora la usurpación de funciones, que puede deparar a Puigdemont y sus cuates una buena temporada entre rejas.

La pieza teatral va a acabar este lunes con la querella de la Fiscalía por delitos de todo tipo

Aún así, no van a recibir lo merecido esta cuadrilla de valientes adolescentes políticos, que, para no agravar la pena, ni votaron su independencia a cara descubierta en el Parlament ni quitaron la bandera... ni salieron al balcón a proclamarla, para desolación de muchos independentistas abajo, en la Plaza Sant Jaume. Que en esto del valor, Carles, deberías reconocer que Lluís Companys te sacó varias cabezas.

No. En el Estado ‘opresor’ nadie va a fusilar a nadie, afortunadamente para todos; es más, apuesto lo que sea y con quien sea que tu entrada en prisión será testimonial. Yo sería más cruel.

Os obligaría a escribir en un cuaderno, como hacían nuestros profesores hace ya tantos años, “no volveré a declarar la independencia en vano”; 500 veces eso y otras 500 la frase de Josep Tarradellas “lo único que no se puede hacer en política es el ridículo”.

Os obligaría a escribir en un cuaderno, como hacían nuestros profesores hace ya tantos años, “no volveré a declarar la independencia en vano”

A todos, Carles: a tí, a Junqueras, a Forcadell, a Anna Simó, a los ‘Jordis’, a Tardá, a Rufián... Bueno, no, a Rufián mil, por pelma. Que menudas semanas lleva el muchacho insultando al resto del mundo en Twitter.

Y luego, elecciones del 21 de diciembre. Nos enfrentamos en las urnas legales, de donde nunca debió salir el experimento, y si no ganáis con esa “plataforma de país” que queréis montar, lo cual es muy posible pese a lo que creen bastantes aquí en ‘Madrit’, no salgáis corriendo otra vez. Tened el valor de pasearos los cuatro años de legislatura por las calles de Cataluña con un cartel gigante a modo de mandil/picota: “No volveré a declarar la independencia en vano”.


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