Hace cinco años, cuando este periódico comenzó su andadura a finales de 2011, algunos vieron con escepticismo y sorpresa que un medio con énfasis en la información económica y política dedicara un espacio a la Cultura. La sección se abrió paso al mismo tiempo que los populares aterrizaban en Moncloa. Entonces, 5.965.400 millones de españoles no tenían trabajo; la prima de riesgo había pasado en un año de los 160 a los 500 puntos; las universidades se habían convertido en una máquina de futuros profesionales desempleados y el informe PISA colocaba a España -casi- a la cola de Europa. Se esperaba del gobierno de Mariano Rajoy medidas concretas que atajaran la sangría social. Y las medidas llegaron. Lamentablemente llegaron. La Educación y la Cultura fueron objeto del mayor recorte presupuestario en la historia de la democracia. Las únicas herramientas para paliar una crisis –la razón y el conocimiento- fueron tratadas como un elemento accesorio, prescindible... Calderilla. Y así como algunos encontraron extraordinario –casi extravagante- una sección de Cultura en un medio predominantemente económico y político, a otros les pareció normal que se redujera la dotación presupuestaria de la Educación y Cultura; lo justificaban incluso. Era una especie de desagravio por los años de vacas gordas. El asombro por una cosa y la impasividad ante la otra desembocaban en el mismo lugar: lo que la Cultura significa en la vida nacional.

Hace cinco años, cuando este periódico comenzó su andadura, algunos vieron con escepticismo y sorpresa que un medio con énfasis en la información económica y política dedicara un espacio a la Cultura

Acostumbrados a esa retórica de la Marca España -una frontera en la que se confunde cultura con turismo y espectáculo; que traviste la creación y el conocimiento en majadería y mercadeo-, hay quienes tienden a pensar que lo cultural es aquello que va a parar al desagüe de los festejos de los ayuntamientos o las subvenciones para películas minoritarias. La Cultura y la Educación no son eso. Difícilmente un país que no comprende lo que lee y desconoce su propio idioma es incapaz de mantenerse a salvo de sus atavismos. ¿Qué hemos entendido por Cultura todos estos años? ¿Potenciar la Marca España? ¿Convertir los huesos de Cervantes en souvenir?  ¿Vender impresiones bajo demanda de Las Meninas? ¿Hacer Cultura o producirla en serie y a bajo coste? ¿Inaugurar centros Cervantes para luego cerrarlos? Durante estos cinco años, el gobierno popular incumplió una por una las promesas de su programa electoral: la reforma de la Ley de Educación no consiguió el consenso de todos sus actores; la Ley de Mecenazgo quedó embutida en el sucedáneo de la Reforma Fiscal y la reforma de Propiedad Intelectual se aprobó con reservas y recelos. Las bibliotecas recibieron cinco veces menos dinero y la adquisición de nuevos títulos se detuvo casi por completo. En un país de parados nadie pensó siquiera en llenar las bibliotecas de libros. Acaso porque la lectura no aumenta las cifras de turismo. Quizá por eso hicieron lo que hicieron.

Por eso hoy más que nunca nos reafirmamos en la extravagancia, procuraremos incluso llevarla hasta sus últimas consecuencias. Sí, hoy más que nunca. Educación y Cultura, el único lugar de encuentro posible

Inspirada en los valores que mueven esta cabecera –la libertad de conciencia, empresa y acción de los ciudadanos-, la sección de Cultura que se abrió paso en Vozpópuli en estos años procuró entender lo cultural como algo transversal. Intentamos comprender la literatura, el arte, el diseño, la arquitectura, el teatro, la música y el cine no como formas de ocio sino espacios donde una sociedad articula su relato; por eso, cuando fue necesario, fuimos implacables en las críticas y entusiastas en los aciertos. Que exista un tejido y un mercado para la cultura, con actores públicos y privados; que la educación y la producción vayan de la mano; que los gobiernos se responsabilicen y los creadores no se ceben fueron tan sólo parte de los temas que animaron y animan cada reseña, reportaje y entrevista que se ha publicado en estas páginas. Después de cinco años, este periódico no sólo continúa apostando por una sección de Cultura, sino que busca devolverla al lugar que nunca debió perder: junto a la educación, el único tronco posible para propiciar el encuentro entre instituciones y gobiernos, pero, sobre todo, entre ciudadanos. Por eso hoy más que nunca nos reafirmamos en la extravagancia, procuraremos incluso llevarla hasta sus últimas consecuencias. Sí, hoy más que nunca. Educación y Cultura, el único lugar de encuentro posible.


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