¿Opinas o trabajas?

¡Cuánta España por hacer!

No recuerdo un agosto que haya empezado con tanta algarada. Parecería que los líderes sindicales ferroviarios, de Renfe y Adif, hayan querido darnos una dosis de entretenimiento antes de tomarse sus muy merecidas vacaciones estivales y hala, todos a la huelga (eso me recuerda la película de Berlanga del 93). En septiembre tienen trabajo, hay que organizar la segunda andanada para el 17. Vendrán descansados y con la cabeza fresca porque hay que seguir protestando contra la liberalización ferroviaria en viajeros, esa terrible línea roja que nunca se debería traspasar, dicen ellos.

Lo que a los españolitos de a pie usuarios del ferrocarril les gustaría saber es por qué una huelga en unas empresas que tienen una deuda (déficit acumulado) de 20.000 millones de euros, o sea, unos 3,3 billones de pesetas. Esto contando desde el uno de enero de 2005, cuando se produjo la separación Renfe-Adif y el Gobierno de entonces, puso el contador de ambas a cero. Una huelga en la que protestan porque se va a liberalizar. Caray, piensa Juan Español, creía que al liberalizar los precios bajan, el servicio mejora, la actividad se incrementa, los consumidores y la sociedad en general salen ganando. Entonces por qué protestan. Todos sabemos que lo que dicen, que eso de privatizar es regalar el patrimonio de todos y que privatizando, el servicio y la seguridad empeoran, no son más que cortinas de humo.

Un caso simpático es el de Renfe Mercancías, que se mueve en un sector ya liberalizado desde hace 7 años. Cuando se abre a la competencia un mercado, la ex monopolística suele optimizar su estructura, ampliar sus servicios, acercarse al cliente, potenciar el marketing, los precios, etc. Esto lleva normalmente a mejorar los ratios de gestión (ventas y beneficio) o morir. En el caso de Renfe Mercancías, la facturación ha descendido, las pérdidas se han disparado, eso sí ha incrementado las inversiones (100 locomotoras nuevas a unos 3 millones cada una, sin uso) y ha conseguido que los organismos reguladores como la CNC (Comisión Nacional de la Competencia) o el CRF (Comité de Regulación Ferroviaria) la investiguen por prácticas contra el libre mercado y dumping (vender por debajo de costes). Quizás en esto del dumping quien debía investigar es algún juez, Hacienda y todos los contribuyentes. Empresa pública con pérdidas recurrentes multimillonarias (que pagamos todos con nuestros impuestos) haciendo dumping en un mercado liberalizado, me deja sin palabras y sin aliento. O los gestores de este negocio en Renfe no saben gestionar (que no creo) o no les han dejado. Y en este caso, la pregunta es quién y qué poder tiene para impedirlo.

Para empezar a entenderlo, habría que remontarse unos años atrás y analizar, sin necesidad de profundizar demasiado, las trayectorias profesionales y filiaciones de algunos de los que hasta hoy mismo han estado manejando las cocinas de estas dos empresas y del Ministerio del que dependen. Por estar todo escrito y ser público, no hay secretos. Como me dijo en cierta ocasión un cura salesiano que por aquel entonces era mi profesor de psicología del trabajo, “quien tuvo, retuvo” y cada uno defiende y protege a los suyos y sus ideas, que no suelen coincidir con el interés general de la nación y de todos los españoles. Y además mucho mejor si la pólvora es ajena, son las cosas de la empresa pública.

Volviendo al por qué de estas huelgas, los sindicatos ferroviarios no pueden dejar pasar este asunto sin demostrar que existen para algo, y que sus filas vean que dan batalla, aunque entre bastidores muchos de ellos reconocen que no hay vuelta atrás, que algo había que hacer con el ferrocarril, que la situación es insostenible. También dicen que lo que les molesta es que el gobierno no les haya consultado, ni les han contado cómo se va a hacer y que no haya garantías para los trabajadores. Ya hemos llegado al meollo de la cuestión. Tan acostumbrados como estaban a influir en las decisiones de los gobiernos precedentes, a veces decidir por ellos y a recibir cuantiosas sumas de dinero público, que ahora que reciben menos e influyen menos aun y no deciden nada, se cabrean, lógico.

Mucho ruido para tan pocas nueces, porque lo que a los ciudadanos que tienen que ir de un sitio a otro les importa es poder hacerlo y a un precio razonable y les molesta no poder hacerlo por causas baladí (huelgas injustificadas por ejemplo). Cuando se enteran de que además de lo que pagan en la taquilla, con sus impuestos se sufraga al menos otro tanto, entonces les molesta aun más. Y cuando además se enteran que esa empresa que les lleva de aquí para allá es una de las pocas que a sus trabajadores no les aplicó la bajada de sueldo que sí se aplicó al resto de empleados públicos y no públicos y que además a algún colectivo amparado por un sindicato de oficio ferroviario se les subió de golpe más de un 10%, entonces se cabrean porque a ellos, españolitos todos, sí les han bajado el sueldo, o les han despedido, o tienen que trabajar mucho más por el mismo precio.

Cuánta España por hacer...


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