No siempre lo peor es cierto

Los tontos de la bici

La bicicleta es un buen deporte y un mejor transporte. Tonifica cuerpo y alma al tiempo que nos lleva de un sitio a otro, siempre, eso sí, que un sitio y el otro no estén muy lejos y el camino sea llano o, mejor aún, cuesta abajo. A mi, de hecho, me encanta montar en bici. Al llegar a Guatemala lo primero que hice fue comprarme una para jugarme el tipo por las avenidas cuajaditas de kamikazes y camionetas desvencijadas de este DF en miniatura. Lo hago por una mezcla de disfrute y tacañería. El primero parece obvio, pocos medios de transporte hay más placenteros que la bicicleta, la moto quizá, pero solo cuando no hay tráfico y vienen curvas. El segundo no lo es menos. La bici no gasta gasolina, no paga impuesto de circulación, ni de matriculación y, además, se ata a cualquier farola, por lo que uno se ahorra el aparcamiento. Puede suceder que te la roben, pero como yo solo las gasto de oferta el roto que me hacen es pequeño.

A mucha gente le gustaría ir a trabajar en bicicleta, pero, claro, viven donde Cristo perdió el mechero

Todo esto que acabo de decir es irrebatible, no necesita más demostración que la práctica misma del ciclismo urbano. La pena es que en Madrid siempre hubo pocos ciclistas. Supongo que por el tráfico imposible y por el tamaño de la ciudad. A mucha gente le gustaría ir a trabajar en bicicleta, pero, claro, viven donde Cristo perdió el mechero y necesitarían dos horas de pedaleo por las mañanas y otras dos por la tarde. Hay gente que no llega a tanto, se conforma con globear de quiosco en quiosco por el Retiro los fines de semana con la parienta y el vecino que quiere bajar tripa disfrazado de Alberto Contador. 

Hasta aquí todos de acuerdo. La bicicleta es lo que es y sirve para lo que sirve. Todos menos ese arquetipo de retard absoluto que es el político embutido en campaña electoral. El país tiene mil problemas. Así, de carrerilla me salen el del desempleo, el de la Justicia, el de la corrupción, el de los impuestos leoninos, el de la educación, el de modelo de Estado… y podría seguir hasta pasado mañana. Pero a esta cuadrilla de memos no se les ha ocurrido mejor gancho electoral que salir a pasear en bici con un ejército de fotógrafos y cámaras de televisión por los mismos parques de la España doliente que echa la semana entera al sol rumiando impotente su fracaso.

El principal problema de los españoles no es el paro como dice el CIS, sino los políticos, así, en general, sin distinción de partidos o ideologías

Esto nos viene a confirmar que el principal problema de los españoles no es el paro como dice el CIS, sino los políticos, así, en general, sin distinción de partidos o ideologías. Todos comparten idéntica filosofía de la vida, aquella que consiste en tratar de que el prójimo no advierta el engaño del que va a ser objeto para luego aprovecharse de él y vivir a su costa cuatro años. El bien común, ese al que apela engolada Ada Colau, es el bien de esta gente. Como es mucho el bien que se despacha no escatiman en ridículos como el que tuvimos la ocasión de contemplar con pasmo indecible el pasado miércoles. Rajoy, Cifuentes y Aguirre subidos en las bicis eléctricas de alquiler que la alcaldesa puso hace un año paseando sonrientes por la ribera del río. La sonrisa de bandido era motivo suficiente para arrojarlos al Manzanares y abrir acto seguido todas las presas para que la corriente se los llevase hasta Lisboa.

Que la derecha –es un decir–, el partido que presume de gestión y sentido común, haga estas cosas nos revela que la propaganda bobalicona del ecosocialismo podemita ha llegado hasta el fondo del barril. De Rajoy esperábamos otras cosas, que nos robe por la vía impositiva, por ejemplo, que nos mienta, o que promulgue 120 leyes cada viernes con gran satisfacción sorayina, pero no que saliese a hacer el indio para arañar unos cuantos votos en los barrios obreros de la capital. Pensarán que haciéndose pasar por pobres empatizarán con la plebe y ésta, ignorante y servil como la creen, acudirá a votarles en masa. Van apañados. 

La oligarquía del BOE ha convertido a la inocente y menestral bici en un fetiche de la modernidad, que ya tiene mala leche la cosa porque modernizarse y meter la bici en el trastero es una misma cosa

El trío del Manzanares, del que las redes sociales ya han dado buena cuenta con infinitos memes humorísticos, es solo el aperitivo del atracón de populismo bicicletero que nos invade. La oligarquía del BOE ha convertido a la inocente y menestral bici en un fetiche de la modernidad, que ya tiene mala leche la cosa porque modernizarse y meter la bici en el trastero es una misma cosa. Los chinos pueden dar fe de ello. Pero nuestro país, que siempre llega tarde a todo, cuando adopta un hábito lo hace con entusiasmo desmedido. Llevan años metiéndonos en la cabeza que los molinos eólicos y las bicicletas son la solución definitiva, que si todos anduviésemos en bici por la ciudad seríamos más felices y estaríamos mejor integrados en Europa. Por Europa entienden Ámsterdam, una ciudad menuda y plana como un plato. No me parece mala idea la de imitar a Holanda, pero bien podrían empezar por copiar punto por punto y coma por coma su fiscalidad. Pero no, que de eso comen. Son tontos para lo de la bici, para todo lo demás son listísimos. 


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