No siempre lo peor es cierto

¿Quién atacó al convoy de la ONU?

El lunes pasado una fuerza aérea aún no identificada atacó un convoy humanitario de la ONU y la Media Luna Roja que se dirigía a la zona oeste de Aleppo con alimentos y suministros sanitarios para socorrer a la población civil. Murieron al menos 12 personas que viajaban en 18 camiones de gran tonelaje. No hay más que ver las fotografías que facilitó la ONU para percatarse de que fue un ataque quirúrgico, planificado y ejecutado por militares profesionales.

Amén de los cadáveres que se amontonan en las morgues de esta ciudad milenaria, algo más huele a podrido en Alepo

Ese mismo día arrancaba muy lejos de allí, en Nueva York, la sesión anual de la Asamblea General de Naciones Unidas, cuya agenda ha venido marcada este año por la guerra de Siria. Ambos datos nos vienen a confirmar que el ataque sobre el convoy no fue algo accidental ni el acostumbrado fuego amigo. Nos viene a decir, en definitiva, que, amén de los cadáveres que se amontonan en las morgues de esta ciudad milenaria, algo más huele a podrido en Alepo.

Lo primero que habría que plantearse es quién de todas las partes involucradas en el conflicto tiene capacidad ofensiva aérea. Solo tres. Los Estados Unidos (y sus asustadizos aliados), Rusia y el ejército de Damasco. Por fuerza uno de los tres tiene que ser el responsable de la matanza. Voy más lejos, los tres saben, además, quién fue el autor porque se vigilan entre ellos mediante equipos de radar. Pero los tres callan.

¿Han sido los americanos tal y como insinúa cierta prensa prorrusa? Es posible pero poco probable. Nada ganan y menos aún con la Asamblea de la ONU reunida en sesión plenaria. No encaja, además, con el relato exterior de Obama, que es el de una potencia contemporizadora y en retirada que procura hacer el menor ruido posible para evitar males mayores. Simplemente carece de sentido. Podría haber sido por error, pero en ese caso lo hubiesen reconocido antes de que los rusos filtrasen las pruebas a la prensa internacional.

¿Siria quizá? También es posible y es algo más probable, pero el ejército sirio no es más que una división del ruso, sin cuya ayuda habría perdido ya la guerra. Bashar Al-Assad jamás emprendería una acción similar sin consultarlo con Moscú y recibir la autorización pertinente. Todo se lo debe a Putin, y si su Gobierno sobrevive a esta interminable guerra también será gracias a Putin.

Putin quiere que Siria siga siendo un satélite personal suyo. Para eso necesita enseñar los dientes

Nos queda, pues, Rusia. En este caso hay que rendirse a la evidencia de que, además de posible, es altamente factible. Putin quiere que Siria siga siendo un satélite personal suyo. Para eso necesita enseñar los dientes. Quiere hacerse notar enviando un mensaje a todo Occidente y, en especial, a los Estados Unidos, con quienes acaba de acordar un alto en fuego que entró en vigor el pasado día 12. En ese alto el fuego está el secreto. Con el patio más o menos tranquilo, Al-Assad puede hacer limpia mientras EEUU y Rusia se organizan para acabar con el Estado Islámico. Esta limpia incluye la aniquilación de las milicias opositoras de Fatah Halab y el Frente del Sur, a quienes tanto Estados Unidos como Francia han prestado apoyo militar y logístico. Eliminados esos actores tan solo quedarían los kurdos de Rojava y el propio Estado Islámico. De los primeros ya se ocuparán llegado el momento con la diligente cooperación turca. Los segundos, repudiados por todos, están en retroceso y metidos en una crisis seguramente terminal.

Después de ocho años Putin le ha cogido el tono a los Estados Unidos de la era Obama. Sabe que tan solo hace falta mostrar fuerza, como en Ucrania hace un par de años, donde fuerzas prorrusas derribaron un avión comercial con 237 personas a bordo. Washington no quiere líos ni recibir ataúdes cubiertos por la bandera. El mensaje que les está enviando es simple de entender: o el Gobierno Obama acepta a Bashar Al-Assad como presidente de una futura Siria pacificada y orbitando en torno a Rusia, o Putin no se detendrá ante nada, ni siquiera ante un convoy humanitario.

El silencio americano nos da a entender que se han comido el órdago

Puede parecer inhumano, y de hecho lo es, pero Putin piensa en términos de guerra: o te impones tu o me impongo yo. Y como está en guerra todo vale, incluida la desinformación de sus canales propagandísticos. El silencio americano nos da a entender que se han comido el órdago. Mantendrán el paripé, al menos mientras Obama siga en la Casa Blanca. Luego Trumphillary dirá.


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