No siempre lo peor es cierto

Así en Galicia como en Euskadi

La política en España ha vuelto a entrar en un profundo letargo solo perturbado por algún escandalito menor como el de Juan Manuel Soria. Todos esperan que las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco, que se celebrarán dentro de dos semanas, deshagan el nudo gordiano que hasta la fecha nadie ha conseguido deshacer.

Según la macroencuesta del CIS, publicada esta misma semana, Núñez Feijóo revalidará la mayoría absoluta y aquí paz y después gloria

En rigor las de Galicia importan menos, ya que no hay ningún partido gallego que pueda reventar el cerrojo de una segunda investidura a Mariano Rajoy. En Galicia, además, reina la calma política. Según la macroencuesta del CIS, publicada esta misma semana, Núñez Feijóo revalidará la mayoría absoluta y aquí paz y después gloria. En Galicia ni siquiera Podemos es una amenaza. Las “fuerzas del cambio” se presentan fracturadas en dos marcas: la tradicional del BNG y el batiburrillo de En Marea, convertido, como todo el resto de la formación, en una casa de locos después del 26-J.

Donde si podría decidirse algo es en el País Vasco. Allí los 75 escaños de la cámara –los parlamentos gallego y vasco tienen idéntico número de escaños– están algo más reñidos. El equilibrio de fuerzas es, por añadidura, muy diferente. En el País Vasco PP y PSOE son partidos menores. Actualmente cuentan con 26 escaños y, conforme a lo que dice la encuesta del CIS, podrían quedarse en bastantes menos, en unos 15-16 y dando gracias. Los 60 restantes se los repartirán entre el PNV, Bildu y Podemos

Al PNV el sondeo le da la misma representación que tiene ahora (27 escaños), muy lejos de la mayoría absoluta. Luego necesita pactos, empezando por un acuerdo que permita a Íñigo Urkullu ser investido lehendakari. En principio el PNV puede pactar con todos porque con todos –incluido el PP– ya se ha entendido en el pasado. Los 10-11 escaños que le hacen falta puede ponérselos el PSOE, que es el socio tradicional y de confianza, pero no le bastará porque el piñazo que se va a dar Idoia Mendía será –si se cumple el pronóstico– de los que hacen afición. De manera que precisará de un suplemento vitamínico, que bien podría venir de la mano de Bildu, de la Podemos o, directamente, de la del PP.

El pacto con Bildu es una posibilidad, pero, ¿por qué los bildutarras habrían de conformarse con ser los mayorales cuando pueden ser los dueños de la finca? Un frente PNV-Bildu solo podría entenderse en clave soberanista y no se yo si los peneuvistas de hogaño están jugando a eso. Tiene mucho que perder y nada que ganar. Al PNV le interesa la comunidad autónoma tal y como está configurada ahora, una Euskalherria independiente la heredaría Bildu. Ya hicieron el primo en el pasado y no les salió demasiado bien.

En política, resumiendo, todo es posible, incluso que Urkullu se avenga a cambiar cromos con Rajoy. Ajuria Enea por la Moncloa

Si lo del soberanismo lo dejan para otro momento podría darse un frente popular compuesto por Bildu, Podemos y PSOE que sumaría 40 escaños o más. Es algo improbable pero no imposible. Del PSOE puede esperarse cualquier cosa, y más aún de este PSOE desnortado que empieza a no atender a más razones que las de pura supervivencia. Claro, que en ese caso no sobreviviría, pero sus líderes vascos encontrarían un cálido acomodo diluidos gozosamente en un “gobierno de cambio” que les mantuviese en el negocio unos cuantos años más.

En política, resumiendo, todo es posible, incluso que Urkullu se avenga a cambiar cromos con Rajoy. Ajuria Enea por la Moncloa. Uno le apoya en Vitoria y el otro en Madrid. Ese es, de hecho, el escenario que manejan en Génova como el más acorde a sus intereses. Aunque bien podría ser que todo fuese un paripé –el enésimo en lo que llevamos de año–, y la parálisis persista después de las autonómicas. El PP es quizá el único partido que no teme ir de nuevo a las urnas porque se las promete felicísimas y rebosantes de votos. Para eso necesita tiempo y el tiempo solo se consigue mareando la perdiz. En mes y medio ya no habrá nada que hacer y solo nos quedará esperar la convocatoria. Rajoy y sus tiempos, ya se sabe.


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