No es peligroso asomarse al Exterior

Para el viaje andaluz no se necesitaban alforjas

Las elecciones andaluzas han sido ganadas por el PSOE (35.4% de los votos y 47 escaños), seguidos a considerable distancia por el PP (26.7% y 33) y, a aún más, por Podemos (Ps) y Ciudadanos (Cs), que han irrumpido con fuerza en la palestra (14.8%/15 y 9.2%/9) respectivamente (e IU 6.8% y 5). Las encuestas ya habían pronosticado con acierto los importantes cambios que se han producido, aunque no necesariamente el reparto de los votos. Una de las más atinadas ha sido la del CIS, que acertó en relación con PSOE e IU, se quedó corta respecto al batacazo del PP y a los avances de Cs, y sobrestimó el éxito de Ps. En mi anterior columna, yo también intuí por donde iban los tiros, al prever la victoria insuficiente del PSOE, el retroceso del PP, el hundimiento de IU, la entrada triunfal de Ps y la aparición pujante de Cs.

Victoria pírrica del PSOE

He venido a Sevilla para la Semana Santa y ello me ha permitido comprobar in situ los estragos causados por la frívola e irresponsable decisión de Susana Díaz de adelantar innecesariamente las elecciones autonómicas, en un momento en que se está iniciando la recuperación económica de España –no tanto la de Andalucía–, lo que me permite hacer una valoración “a bote pronto” de los resultados. Ya señalé que la prevista victoria del PSOE podría resultar pírrica si perdía votos y no lograba la mayoría absoluta, y eso es lo que ha ocurrido en parte. Ha perdido 118.963 votos –los peores resultados desde el establecimiento de la Autonomía–, aunque ha conservado su número de escaños y quedado a 8 de la mayoría absoluta, con lo que no ha logrado la estabilidad que pretendía con el adelanto. Pese a que, en general, se ha considerado que la Presidenta ha cosechado un gran éxito en su seudo-plebiscito, creo que no lo ha sido tanto, pues –aunque ha salvado los muebles y alcanzado su objetivo de mantenerse en la poltrona del palacio de San Telmo– la situación ha empeorado. Se ha dejado muchos “pelos en la gatera” durante la campaña electoral, que ha puesto de manifiesto su escasa preparación, su prepotencia, su andalucismo parroquiano y su falta de talla como estadista, imagen que el hábil aparato de mercadotecnia del PSOE había conseguido vender.

Según Alberto Garzón, Susana se cree que ella es Andalucía y que Andalucía es ella, y –para el escritor Antonio Orejudo­– el nacionalismo de la Sultana es tan letal como el de Artur Mas

Según Alberto Garzón, Susana se cree que ella es Andalucía y que Andalucía es ella, y –para el escritor Antonio Orejudo­– el nacionalismo de la Sultana es tan letal como el de Artur Mas. La Presidenta ha jugado con ventaja, al utilizar sin pudor los imponentes recursos del poder que monopoliza y la red clientelar de los intereses creados por el pesebre. La corrupción no parece pasar factura, a pesar de haber llegado a límites inconcebibles de responsabilidad de la Junta, con dos ex-presidentes y un buen número de Consejeros imputados o investigados por la justicia. Los casos de los falsos ERE o de los fraudes en los cursos de formación son la punta del iceberg de una corrupción institucionalizada, que ha afectado a miembros y funcionarios de la Junta, y de la que Díaz no puede exonerarse del todo, ya que fue Secretaria de Organización del PSOE y Consejera de Presidencia y es ahora Presidenta. Como ha observado Pedro G. Cuartango, los resultados electorales demuestran que la regeneración ética, la reforma del sistema y el combate contra la corrupción carecen de relevancia o son secundarios para tres cuartas partes de los andaluces. El voto de confianza que ha recibido el PSOE equivale a la continuidad de las políticas y las prácticas clientelistas, del caciquismo y de un sistema corrompido que se niega a desaparecer. Dado que el número de diputados obtenidos ha sido el mismo, “para ese viaje no necesitaba alforjas”. Su mayor éxito ha sido, sin embargo, provocar el descalabro sufrido por su bipartidista adversario.

Descalabro del PP

Tras haber perdido 506.932 votos y 17 escaños, el PP ha abandonado –como Ulises- la ilusión de arribar a la Itaca de la mayoría absoluta, pasando de acariciarla a obtener los peores resultados de su Historia. En 2012 no supo rematar la faena a la hora de la verdad y vio como devolvían el toro al corral. El novel diestro escogido para renovar la lidia se ganó la bronca de buena parte del respetable, pero ha sido Mariano Rajoy el principal responsable del fiasco. Tardó demasiado en designar al candidato, impuso a dedo a una persona sin condiciones relevantes y escasamente conocida –pasando por alto la opinión de los militantes andaluces–, menospreció a Cs –como se mostró con las meteduras de pata de Rafael Hernando, que los calificó de “naranjitos”, o de Antonio Sanz de que confesó que no quería que mandara en Andalucía un partido que se llamaba Ciutadans y su presidente Albert–, y tuvo una presencia excesiva, paternalista y distante de Andalucía y de los andaluces, que permitieron a Díaz ningunear a Juan Manuel Moreno y enfrentarse de tú a tú al Presidente del Gobierno. El veterano “maestro” abandonó su Olimpo monclovita y bajó a la arena andaluza para dar la alternativa a su sobresaliente de espadas, pero sólo hizo una deslucida “faena de aliño”. Pese a haber realizado una campaña meritoria y ganado a Susana en los debates televisivos, el pundonoroso “Juanma” ha comprobado que, en el coso andaluz,  es muy difícil lidiar con la derecha a un morlaco que tienen querencia y deriva por la izquierda. El PP ha sufrido un aparatoso revolcón que le enviará a la enfermería hasta las elecciones municipales –donde es dudoso que logre recuparse– y la gran corrida de las generales, en las que se juega su inmediato futuro. IU ha sufrido el abrazo del oso de su socio mayoritario en el Gobierno y ha caído en la irrelevancia, fagocitada por Ps. 

La inesperada sorpresa la ha dado Cs, que ha entrado en el campo de Agramante andaluz con 9 escaños, que le permitirían sustituir a IU como Cirineo para ayudar a Díaz

Irrupción de Podemos y Ciudadanos

La situación podría haber sido peor, pues, si bien el electorado ha infligido un duro castigo a la nave del bipartidismo –que ha quedado sensiblemente tocada, pero no hundida-, no se ha volcado en demasía en pro de las emergentes fuerzas contestatarias. Ps ha tenido un sonado debut, aunque no tan triunfal como preveían los sondeos, debido a la escasez de tiempo para organizarse y al fuego graneado que recibió desde todos los cuarteles, especialmente del de Susana, que supo explotar el temor a los nuevos bolcheviques.

La inesperada sorpresa la ha dado Cs, que ha entrado en el campo de Agramante andaluz con 9 escaños, que le permitirían sustituir a IU como Cirineo para ayudar a Díaz a portar la cruz de la ausencia de mayoría hasta el Calvario. Descartadas la “gran coalición” con el PP –a la que éste no haría ascos- y la alianza con Ps –que aspira a sustituir al PSOE como principal representante de la izquierda­–, Susana podría pactar con Cs, “bisagra constructiva” en el espectro del centro. También podría gobernar en minoría apoyándose en una geometría variable de respaldos puntuales y ocasionales de cualquiera de los otros cuatro partidos en presencia. Con la tranquilidad de tener los presupuestos de 2015 aprobados, la Presidenta se inclina por esta solución durante un “tiempo muerto” hasta la celebración de las elecciones generales, pero esta fórmula no proporcionaría la estabilidad requerida para que Andalucía salga del “pelotón de los torpes”. La solución menos mala sería una coalición con Cs, cuyo “cambio sensato” templaría los excesos demagógicos del PRI-PSOE y ayudaría en la tarea hercúlea de limpiar las cuadras de Augias de la corrupción andaluza. Para ello sería necesario que Susana enterrara los cadáveres insepultos de Manuel Chaves, José Antonio Griñan y Cía, y tomara medidas para erradicar la insoportable corrupción. Pero no resulta fácil, pues parece poco juicioso poner a la zorra –en el sentido metafórico de la fábula- al cuidado del gallinero. Me temo que nos esperan cuatro años de más de lo mismo, que difícilmente sacarán a Andalucía de su posición de comunidad con más paro y menos renta per capita de España y de la UE. Encendamos, pues, una vela a Cs y –como pedía el famoso torero­– “¡Que Dios reparta suerte!”. Dicen que el pueblo nunca se equivoca –aunque yo tenga mis dudas– y, en democracia, hay que aceptar su decisión mal que nos pese. Los andaluces somos masoquistas y sólo nos cabe  protegernos de la tormenta con la capa del estoicismo de nuestro paisano Séneca hasta que escampe.


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