No es peligroso asomarse al Exterior

Tras su triunfo espectacular, Syriza se topa con la realidad

De acuerdo con los pronósticos, las elecciones generales en Grecia del pasado 25 de Enero fueron ganadas por el partido antisistema de extrema izquierda SYRIZA con 36,33% de los votos, ocho puntos más que la ex-gubernamental  y conservadora Nueva Democracia (27,85%). La prima de 50 escaños que la Constitución concede al ganador le ha permitido obtener 149 diputados y quedarse a solo dos de la mayoría absoluta. Muy por detrás han quedado el neo-nazi Amanecer Dorado (6,30%), el liberal “To Potami” (6,02%), el comunista KKE (5,47%), el ultranacionalista ANEL de los Griegos Independientes (4,71%) y el otrora todopoderoso PASOK, que sólo consiguió 4.69% a causa de su desgaste en el poder y de la escisión de los socialistas provocada por Yorgos Papandreu. Alexis Tsipras disponía de tres días para realizar consultas con vistas a formar una coalición, pero, eran tales sus ansias de acceder al Gobierno, que en horas 24 concertó una alianza contra natura con el conservador ANEL, por el módico precio de la cartera de Defensa a su líder Panos Kammenos. No comparto la opinión de mi vecino de columna, Juan Laborda, de que la victoria de SYRIZA era necesaria no sólo por razones de higiene política y democrática, sino también de eficacia económica, pero es indudable que constituye un importante acontecimiento que provocará profundos cambios en Grecia e inestabilidad política y económica en la Unión Europea.

Los generosos rescates no evitaron la desestabilización de la Eurozona, ni sentaron las bases para el crecimiento de la economía griega, y alentaron la demagogia de los partidos de la oposición liderados por SYRIZA

Evolución política y económica de Grecia

Grecia se ha ganado a pulso la situación crítica en que se encuentra. Ha sido descrita por Theodoris Gorgakopulos como un país en caos, atrapado por la recesión y estructuralmente en quiebra, y por Enric Gozález como un foco de clientelismo, enchufismo, corrupción y fraude fiscal. Como la cigarra de la fábula de Esopo, vivió alegre y confiada a costa de las hormigas europeas y del hormiguero de Bruselas, pues –sin reunir las condiciones para ello- ingresó en la Comunidad Económica Europea en 1981 y se nutrió de sus generosos fondos estructurales. Se incorporó en 2003 a la Unión Monetaria sin cumplir ninguno de los requisitos necesarios, falseando sin pudor sus datos macroeconómicos. En 2009 la UE y el FMI acudieron a su rescate con préstamos de €280.000 millones–más una quita de 107.000 millones de los acreedores privados- y el Gobierno de Papandreu tuvo que aceptar un riguroso Plan de Ajuste. Tras la dimisión del líder socialista y la formación del Gobierno de tecnócratas de Lucas Papademos, se celebraron elecciones anticipadas. Según González, los griegos tenían que escoger en 2012 entre la miseria y el riesgo,  y –a diferencia de lo ocurrido ahora– optaron por la miseria. Ganó ND con 18.9% de los votos, seguida por SYRIZA (16,8%), PASOK (13,2%), ANEL (10,6%), KKE (8,5%) y Amanecer Dorado (7%). Se formó un Gobierno de coalición ND-PASOK con Antonis Samaras como Primer Ministro. Como ha señalado Lorenzo Bernardo de Quirós, el temor del contagio a la Eurozona y el empeño en salvaguardar la integridad del euro convirtieron al indisciplinado pigmeo económico de Grecia –2,5% del PIB de la UE– en un riesgo sistémico. Los generosos rescates no evitaron la desestabilización de la Eurozona, ni sentaron las bases para el crecimiento de la economía griega, y alentaron la demagogia de los partidos de la oposición liderados por SYRIZA, que se opusieron rotundamente al rígido Plan de Austeridad monitorizado por la troika de la UE, el FMI y el Banco Central Europeo. El Pacto no ha cumplido plenamente sus objetivos, pues –si bien ha salvado a Grecia de la bancarrota y la ha mantenido a flote cuando los mercados estaban cerrados- ha tenido desastrosas consecuencias sociales al reducirse los salarios, las pensiones y los servicios públicos. Los salarios disminuyeron un 20%, el mínimo pasó de 751 a 586 euros, 270.000 empleados públicos perdieron sus puestos, el paro llegó al 26% –sólo 8,9% cobra subsidios y los trabajadores pierden los derechos a la seguridad social al año de estar en paro–, las pensiones, que disfrutan más de la mitad de la población, bajaron un 50%, y 34,4% del pueblo vive bajo el umbral de la pobreza. La aplicación del Plan de Ajuste permitió que se lograran superavits primarios en los dos últimos años y que –a partir del segundo trimestre de 2014- se invirtiera el ciclo y el PIB comenzara a crecer. Sin embargo, el fiasco en la elección del Presidente de la República llevó al adelanto de las elecciones y al triunfo de SYRIZA, que supo explotar los puntos débiles del Plan de Rescate y se ofreció a acabar con la austeridad.

Tsipras ha pedido tiempo para “desarrollar reformas muy profundas sin austeridad y sin déficit”, lo que supone la cuadratura del círculo

Programa anti-austeridad del Gobierno de SYRIZA

Tsipras ha afirmado que su elección cierra el círculo vicioso de la austeridad y supone la cancelación del programa de ajuste, y ha prometido invertir 12.000 millones de euros para paliar sus efectos. A fin de lograr la mayoría, ha pactado contra toda lógica con ANEL, al que sólo le une la oposición a los recortes y le separa los respectivos posicionamientos políticos  y sociales, pues se trata de un partido tránsfuga de ND, conservador, nacionalista, teocrático, contrario a la inmigración y homófobo. Ha formado un Gobierno con 13 Ministros –ninguna fémina- en el que destacan, en Hacienda, Yanis Varoufakis, profesor marxista de Economía en la Universidad de Atenas y, en Energía y Medio Ambiente, Panayotis Lafazanis, miembro del ala más radical de SYRIZA y partidario de abandonar la Eurozona y volver al dracma. Tsipras ha pedido tiempo para “desarrollar reformas muy profundas sin austeridad y sin déficit”, lo que supone la cuadratura del círculo. Sus primeros pasos han seguido la senda de sus promesas demagógicas: Fijación del salario mínimo en 751 euros, cese de los despidos y reintegro de los empleados públicos excluidos ilegalmente, supresión del co-pago sanitario, gratuidad del suministro eléctrico a las familias pobres, paralización de la privatización de empresas públicas, como la Compañía de Electricidad DEI o el Puerto del Pireo, y concesión de subsidios para comida y transporte. Las consecuencias eran previsibles: subida de la prima de riesgo a 1.125  euros y del interés de los bonos a 10 años al 9,4%, caída de la Bolsa un 15%, huida de depósitos (11.000 millones) y descapitalización de los bancos (descenso del 43%) y venta masiva de deuda pública.

Problemática del pago de la deuda griega

Pero el problema más grave es el de la negociación con la troika del pago de la ingente deuda griega. Tsipras ha dicho que su Gobierno esta preparado para negociar con los acreedores y encontrar una solución mutuamente aceptable y éstos han adoptado una actitud firme pero flexible. El Presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha señalado que la UE no quiere que nadie se caiga del euro, pero que todos sus miembros deben cumplir sus compromisos, pues un país que necesita apoyo para financiar su economía tiene que respetar las condiciones, y hay margen para la negociación. Según Luis de Guindos, tales condiciones se han modificado varias veces para alargar los vencimientos hasta 30 años y reducir los tipos de interés. Grecia necesita €10.000 millones a corto plazo y no los conseguirá de los mercados. Cabe ampliar plazos, reducir  intereses y conceder moratorias, pero no perdonar o reducir la deuda mediante quitas. Varoufakis declaró antes de las elecciones que no deseaban la confrontación ni actuar unilateralmente, sino colaborar con sus socios, y reconoció que había habido algo de “pose” en el programa de SYRIZA. Se darían un margen de tres semanas para presentar propuestas razonables a fin de reducir una deuda insostenible. Emitirían bonos por 280.000 millones de euros con igual calendario, pero ligados al crecimiento del PIB nominal y,”si no crecemos, no pagaremos nada”. Ahora no reconoce a la troika como interlocutor válido y ha afirmado que su Gobierno fue elegido con un programa que no admite el plan de rescate ni el pago de la deuda. Tsipras ha generado expectativas que no son reales y, desde la responsabilidad del Gobierno, tendrá que aplicar con pragmatismo políticas de ajuste y negociar con sus socios el pago de la deuda.


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