No es peligroso asomarse al Exterior

¿La recuperación de Grecia “ad calendas graecas”?

El pasado 10 de julio asistí a un interesante debate organizado por el Real Instituto Elcano sobre la cuestión de palpitante actualidad de Grecia y el futuro del euro, en el que intervino como invitado especial el exvicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia. La extrema izquierda española y su principal exponente Podemos, alma gemela de Sytiza, han presentado falazmente a los socios de la Eurozona como –en palabras de Jesús Cacho– una panda de mercaderes sin escrúpulos que oprimen a la desvalida Grecia y chupan la sangre de sus pobres pensionistas. Nada más lejos de la realidad. Los sucesivos gobiernos griegos se han ganado a pulso la catastrófica situación en que se encuentra el país desde su ingreso en la CE en 1981 y de su ulterior acceso a la Unión Monetaria y al euro en 2009, tras haber falsificado los datos para probar que cumplía con los requisitos exigidos, como reconoció el propio primer ministro Yorgos Papandreu. Almunia los describió con los rasgos de manipulación de datos, deuda pública desorbitada, escasa competitividad, ausencia total de reformas, privilegios directivos de la clase dirigente –política y económica–, corporativismo de los funcionarios públicos y corrupción galopante.

Abusando de la solidaridad de sus socios “hormiga” europeos, Grecia ha vivido durante años, como feliz cigarra, por encima de sus posibilidades 

Abusando de la solidaridad de sus socios “hormiga” europeos –a los que encima culpa de todos sus males–, Grecia ha vivido durante años, como feliz cigarra, por encima de sus posibilidades. Entre 2010 y 2015 ha sido rescatada en dos ocasiones, recibido 240.000 millones de euros en préstamos, reestructurado su deuda y disfrutado de una quita de la mitad del dinero debido a sus acreedores privados. En la campaña electoral, Syriza presentó un programa inviable y el gobierno de Alexis Tsipras, que ha tratado de imponerlo a sus socios de la Unión, rechazó los razonables términos propuestos para la prolongación del segundo rescate y los chantajeó con la celebración de un absurdo referéndum, calificado por Cacho de “consumado ejercicio de trilerismo populista”. Tras su triunfo político en dicho referéndum, Tsipras ha aceptado un tercer rescate en condiciones menos favorables de las ofrecidas en la propuesta que rechazó. 

¿Quieren la UE y el pueblo griego que Grecia siga en el euro?

Tsipras ha reconocido que firmó un texto en el que no creía para evitar el desastre del país, en gran medida provocado por su errática política. Tampoco gusta éste a sus partidarios, que han mostrado su rechazo en el Parlamento al abstenerse o votar 39 de sus diputados en contra de un acuerdo que ha sido paradójicamente aprobado gracias a los votos favorables de la oposición. Su antiguo ministro de Hacienda, Yanis Varoufakis, ha llamado “terrorista” al Eurogrupo y ha calificado el pacto de “nuevo Tratado de Versalles” y de “culminación de un golpe de Estado”. La fórmula acordada es un mal menor para evitar la catástrofe del “Grexit” y el colapso de una economía que se encuentra bajo mínimos, con un impago de 1.550 millones de euros al FMI, un vencimiento inminente para el pago de 3.500 millones al BCE, un corralito bancario y una absoluta falta de liquidez. La mayoría de los Estados miembros de la UE son partidarios de que Grecia continúe en el euro, aunque la opinión varíe según se trate de países acreedores o deudores. Conforme a un reciente sondeo del Instituto Elcano, se han pronunciado a favor de su permanencia el 74% de los ciudadanos de España, el 49% de los de Francia y el 35% de los de Alemania. Cabe preguntarse si el pueblo griego quiere permanecer en el euro tras la respuesta negativa del 61.31% de los votantes en el citado referéndum a la propuesta del Eurogrupo, y difícilmente podrá Grecia mantenerse en la Unión Monetaria en contra del criterio de su pueblo. La solución lograda es mala para Grecia, que tendrá que realizar drásticas reformas y tomar medidas dolorosas e impopulares, pero –como ha señalado el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, si el gobierno griego no hubiera tomado medidas de austeridad, la situación sería mucho más grave.  

Wolfgang Schäuble dejó caer como una bomba la salida temporal de Grecia del euro hasta que se normalizara su situación económico-financiera y el uso del “euro-dracma“ como moneda provisional  

¿Hay otras alternativas al “Grexit”?

Aunque haya que apoyar la fórmula acordada, si los griegos están dispuestos a aplicarla, pueden contemplarse –aunque sólo sea en el plano hipotético– otras posibles soluciones, temporales o definitivas. La primera, que dejó caer como un bomba de efectos retardador el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble, sería una salida temporal de Grecia del euro hasta que se normalizara su situación económico-financiera y el uso del “euro-dracma“ como moneda provisional. Curiosamente, economistas de izquierdas que habían considerado esta posibilidad en relación con España, se rasgan ahora las vestiduras si se trata de aplicarla a Grecia.

La segunda, políticamente incorrecta, sería el abandono de Grecia del euro, aunque manteniendo su pertenencia a la UE, en situación similar a la de Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca y otros Estados miembros. La salida no tendría por qué ser traumática, si se llegara a un acuerdo político y se acordara un divorcio pacífico. Los juristas fundamentalistas sostienen que ello no es posible porque el Tratado de la Unión no contempla la salida del euro, a diferencia de lo que ocurre con el posible abandono de la Unión. A ello se puede hacer valer algunos disposiciones de la Convención de Viena de 1969 sobre el Derecho de los Tratados, como las relativas a la libertad de las partes para expresar su consentimiento en obligarse por un tratado –que podrá ser manifestado “en cualquier otra forma que se hubiere convenido” (artículo 11)– o la claúsula rebus sic stantibus o de “cambio fundamental en las circunstancias” (artículo 62). La Convención contempla asimismo la posibilidad del retiro en el caso de un tratado que no contenga disposiciones al respecto (artículo 56), de la suspensión de la aplicación de un tratado por consentimiento de las partes (artículo 57), de la terminación de un tratado o de la suspensión de su aplicación como consecuencia de su violación (artículo 60) o de la imposibilidad de su cumplimiento (artículo 61). En cualquiera de estos casos sería preciso, por supuesto, el acuerdo de todos los Estado miembros de la UE.

El majestuoso vuelo del águila imperial se ha convertido en revoloteo pedestre de un ave de corral

Incidencias de la experiencia griega en España y en la UE

Tsipras ha afirmado que “Europa puede cambiar si en España ganan fuerzas parecidas a Syriza”. “El que avisa no es traidor” y la actuación del Gobierno del partido-hermano griego es la crónica anunciada de lo que ocurriría en nuestro país si ganara Podemos y aplicara sus disparatados programas. Lo que está sucediendo en Grecia es un oportuno aviso para navegantes, y es de esperar que sirva de vacuna que inmunice a la sociedad de los gérmenes populistas. Tsipras ha pretendido, como Icaro, volar muy alto con unas alas precarias y al, acercarse a Febo, ha visto como se derretía la cera de su improvisado pegamento y ha sido arrojado a la tierra. Para ese viaje al Olimpo no necesitaba alforjas utópicas. 

El majestuoso vuelo del águila imperial se ha convertido en revoloteo pedestre de un ave de corral. Confiemos en que Pablo Iglesias haya aprendido la lección, so pena de ver chamuscada su coleta. La actuación de los Gobiernos municipales surgidos de la incomprensible colaboración socialista con los grupúsculos de los “en común” y de las mareas varias, han puesto de manifiesto la incompetencia y falta de preparación de sus líderes, y la vacuidad e inoperancia de sus propuestas, como se puede comprobar a diario en Madrid, Barcelona o La Coruña. Los Estados miembros de la UE deben vacunar a sus ciudadanos contra el virus populista y la mejor forma de hacerlo es fortaleciendo sus instituciones, desarrollando la Unión bancaria, financiera, fiscal y, eventualmente, política –para lo que deberán ceder más soberanía–, adoptando decisiones comunes y responsabilidades conjuntas, restaurando la confianza perdida y volviendo a alentar el sueño europeo. Grecia tendrá que hacer sacrificios ingentes, realizar las indispensables reformas estructurales y colaborar sin reservas y de buena fe con sus socios europeos, si no quiere ver la recuperación de su dignidad nacional, de su credibilidad y de su economía remitida ad calendas graecas.


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