No es peligroso asomarse al Exterior

Un rayo de luz se filtra en las tinieblas tunecinas

El pasado día 6 se formalizó en Túnez la adopción de una nueva Constitución, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) por 200 votos a favor, 4 en contra y 12 abstenciones. Según su presidente, Mustafá ben Yafar, muestra “el éxito de la revolución tunecina, del deseo de una vida compartida” y que, sin ser perfecta, “es una Constitución de consenso”. El solemne acto fue avalado con la presencia de personalidades como el presidente francés, François Hollande; el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, o el príncipe de Asturias. Don Felipe –que señaló que España había apoyado desde el principio la transición democrática tunecina- destacó que el texto “garantiza las libertades fundamentales, el Estado de Derecho, la separación de poderes y la independencia de la justicia”. Hollande afirmó que Túnez no era la excepción, sino un ejemplo que “podía servir de inspiración a otros países”.

Evolución política en Túnez

Esta evolución no es fruto del azar, sino que ha sido posible gracias a la tolerancia de la sociedad tunecina, que es la que tiene mayor tradición democrática del mundo árabe. Independizado Túnez de Francia en 1956, un año después, el “padre fundador” de la nación, Habib Bourguiba –el Kemal Ataturk magrebí- instauró la República, dictó la primera Constitución predemocrática en la región e inició la modernización del país. Tras su destitución en 1987, Zin al-Abidin ben Alí estableció una 'dictablanda', en la que se respetaba un mínimo grado de libertades de las personas y los partidos, pero el aumento de la arbitrariedad y la corrupción llevó a la rebelión popular. A raíz de la autoinmolación el 17 de diciembre de 2010 de Moahamed Buazizi y al exilio de Ben Alí apenas un mes más tarde. Las elecciones de octubre de 2011 para escoger la ANC fueron ganadas por el partido islamista moderado An-Nahda con 42% de los votos, pero, al no haber obtenido la mayoría absoluta, formó un Gobierno de coalición con los partidos no islamistas Congreso por la República (CPR) y Foro Democrático por el Trabajo y las Libertades.

En diciembre se adoptó una Constitución provisional y se nombró presidente interino de la República a Monsef Marzouki (CPR), quien designó como Primer Ministro al islamista Alí Ladiri. Aunque el líder de An-Nahda, Mohamed Gannouchi, se había comprometido a mantener la sharia fuera de la Constitución, el Gobierno de su partido inició un rápido proceso de islamización del país, que llevó al rechazo de una parte importante de la sociedad tunecina y al enfrentamiento en la ANC entre islamistas y laicos por el tipo de Estado que debería consagrar la Carta Magna, y provocó la prolongación de los debates parlamentarios. En febrero y julio de 2013 se produjeron los asesinatos por parte de radicales salafistas de los dirigentes de la Plataforma de Izquierdas del Frente Popular Chokri Belaid y Mohamed Brahmi, y la oposición acusó al Gobierno de complicidad en los mismos, pidió su dimisión y algunos de sus diputados abandonaron la Asamblea, por lo que ésta suspendió en agosto la discusión constitucional.

Tras la ruptura entre islamistas y seculares, se paralizó el proceso de transición democrática y la vida política y económica, y aumentaron los ataques de los salafistas de Ansar Sharía a las fuerzas de seguridad. Gracias a la mediación del sindicato Unión General de los Trabajadores Tunecinos, la patronal UTICA, la Liga Tunecina para la Defensa de los Derechos Humanos y la Asociación de Magistrados, se estableció en octubre la Mesa de Diáologo, que acordó una 'hoja de ruta' que preveía un cambio de Gobierno, la aprobación de la Constitución y la creación de una Instancia Superior Independiente para las Elecciones. En enero de 2014 se formó un Gobierno tecnocrático presidido por Medid Yuma, y An-Nahda bajó con pragmatismo el diapasón islamizador e hizo un llamamiento al diálogo para reanudar el debate constitucional sin condiciones, y tirios y troyanos moderaron sus posiciones, hicieron concesiones y lograron un consenso.

Principales rasgos de la Constitución

Según su artículo 1, “Túnez es un Estado libre, independiente y soberano, su religión es el Islam, su lengua el árabe y su régimen la República”. En el conflictivo tema religioso se llegó a un compromiso. De un lado, la Constitución se abre “en nombre de Dios clemente y misericordioso” y destaca el “apego del pueblo a la enseñanza del Islam”. El Estado se declara “guardián de la religión”, “protector de lo sagrado” y garante de una educación pública que aliente “la identidad árabe-musulmana”, y admite las asociaciones y partidos inspirados en el islamismo. De otro, el Estado garantiza la libertad de conciencia, creencia y culto, no penaliza la blasfemia y prohíbe la acusación de apostasía y la apología del odio y de la violencia, con lo que acepta que un musulmán pueda renunciar a su fe y cambiar de religión sin consecuencias adversas. Esto constituye un hecho sin precedentes en el mundo islámico. La ANC rechazó varias enmiendas islamistas tendentes a establecer la sharia como única fuente del derecho.

La Constitución dedica 28 artículos a la protección de los derechos civiles e incorpora el catálogo habitual de derechos humanos, aunque sin abolir la pena de muerte. Consagra las libertades de opinión, expresión, publicación, asociación y acceso a la información y a las redes sociales, así como el derecho a la huelga y a un proceso judicial, y la prohibición de la tortura. La formulación de algunos de estos derechos no es plenamente satisfactoria, pero supone un avance considerable. Especial relevancia tiene el reconocimiento de los derechos de la mujer. Establece la igualdad de ciudadanos y ciudadanas ante la ley, y el Estado garantiza los derechos adquiridos de la mujer y la igualdad de oportunidades en los ámbitos jurídico, educativo y laboral, mientras que en el político prevé una discriminación positiva y la presencia femenina en las asambleas electas, con el objetivo de lograr la paridad. También se compromete a erradicar la violencia de género. La presidenta del Grupo de Trabajo de la ONU sobre Discriminación contra la Mujer, Kamala Chandriakirana, ha criticado las ambigüedades y lagunas del texto, que no enfatiza el cumplimiento por Túnez de sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos, no prohíbe la discriminación, no establece un mecanismo supervisor de la igualdad de género, y no especifica los distintos derechos de la mujer.

La Constitución establece un Ejecutivo bicéfalo –presidente y primer ministro- y un Legislativo unicameral, que, según Guadalupe Martínez, supone un compromiso entre el presidencialismo y el parlamentarismo.

¿Puede servir de ejemplo inspirador a otros países árabes?

El primer ministro Yuma anunció la formación de un Gobierno de tecnócratas que deberá organizar unas elecciones libres y democráticas -para lo que se requiere la adopción de una adecuada normativa electoral-, a la par que reforzar los mecanismos de seguridad para luchar contra el terrorismo y tratar de mejorar la desastrosa situación económica. Los islamistas de An-Nahda, siempre mirando de reojo hacia el Nilo, parecen haber escarmentado en la cabeza egipcia y han sabido replegar velas y aceptar una Constitución consensuada, que aplacará sus anhelos de islamización del país.

Hay que devolver la paz política y social a la sociedad tunecina, especialmente en el ámbito religioso, y la nueva Constitución ofrece medios para ello. En opinión de Jean-Marie Colombani, las revoluciones árabes no producen un “Islam político” y, para Oliver Roy, el curso de los acontecimientos obligará al Islam a desenvolverse en política sin ocupar todo el espacio. ¿Es exportable la experiencia tunecina a otros países árabes?. El tiempo dirá si se confirma la opinión de Hollande de que “el Islam es compatible con la democracia” y de que Túnez puede servir de ejemplo inspirador a otros países. “Inshalah!”.


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