No es peligroso asomarse al Exterior

¿Se encuentra Ucrania al borde de la guerra civil?

La ocupación durante tres meses por numerosos manifestantes de la plaza de Maidán en Kiev –rebautizada como "Euromaidán"- y de varios edificios públicos trajo en jaque al Gobierno de Víctor Yanukovich, que se vio entre las espada de las reivindicaciones europeistas y la pared del seguidismo proruso. Siguió éste una línea errática entre el palo y la zanahoria, mezclando el uso de la represión policial con las concesiones, hasta que el asalto a la plaza los pasados días 18 y 19 provocó un baño de sangre –"un Tiananmen en el corazón de Europa", en expresión de Franco Venturini-, más de 80 muertos y centenares de heridos. Merced a la mediación de Alemania, Francia y Polonia, Yanukovich y la oposición alcanzaron el día 21 un acuerdo que ofrecía salida a una crisis, que, según el expresidente Leonid Kravchuk, ha colocado a Ucrania "al borde de la guerra civil", pero la ulterior destitución del presidente por el Parlamento (Rada) ha enconado la situación y abierto incógnitas para su solución

División de Ucrania en dos mitades

Ucrania ha estado históricamente dividida entre un oriente eslavo y un poniente polaco-lituano. De ahí que, pese a haber sido sometida en los últimos siglos al dominio unificador de los zares y de la URSS, se haya encontrado –tras su independencia en 1991- escindida en dos mitades con almas enfrentadas: la parte oriental eslava, ruso-parlante, ortodoxa e industrializada, y la parte occidental latina, ucraniano-parlante, católica y predominantemente rural, constituyendo Kiev el crisol donde confluyen las dos orientaciones. Ello explica los bandazos de su política exterior, en función de la ideología del presidente de turno: proeuropea, con Kravchuk (1991-1994) y Víctor Yuschenko (2005-2010), y prorusa con Leonid Kuchma (1995-2004) y Yanukovich (2010-2014).

Las fuerzas están muy igualadas, y unos y otros ganaron por puntos. Así, en la primera vuelta de las elecciones de 2004, Yuschenko obtuvo el 39,89% de los votos y Yanukovich, el 39,32%. En la segunda vuelta, plagada de irregularidades, venció éste, pero –tras la "revolución naranja"- se anularon los comicios y aquél accedió a la presidencia con sólo un 50,99% de apoyo. En las elecciones de 2010, Yanukovich ganó por 47% frente al 43% obtenido por Yulia Timoshenko, a la que hizo condenar a siete años de cárcel por abuso de autoridad. Según una encuesta reciente, el 42% de la población se inclina por la Unión Europea (UE), el 32% por Rusia (FR) y el 26% restante por el NS/NC.

Existe, sin embargo, un fuerte sentimiento antiruso en buena parte del pueblo, que no olvida la masacre de nueve millones de ucranianos provocada por Josef Stalin en 1932 y 1933. Quizás para compensar este genocidio, el ucraniano Nikita Kruschev cedió Crimea a Ucrania en 1954 al acceder a la jefatura del Gobierno soviético. Como ha observado Georges Fridman, este país es tan importante para la FR como Escocia para Gran Bretaña o Texas para Estados Unidos, por lo que Rusia ha seguido con especial preocupación el desarrollo de los acontecimientos. Cuando Yuschenko anunció en 2006 que no renovaría el Tratado por el que se arrendaba a la FR la base naval de Sebastopol, Vladimir Putin interrumpió el suministro energético ruso y, cuando -dos años más tarde- aceptó la invitación de la OTAN y estableció una Comisión negociadora para integrarse en la Alianza junto con Georgia, el Kremlin estimó que se había cruzado la "línea roja", invadió Osetia del Sur y amenazó a Yuschenko con represalias.

Con la victoria de Yanukovich en 2010, las aguas volvieron a su cauce, al retirar éste la petición de ingreso en la OTAN y prorrogar hasta 2042 el Tratado por el que se cedía a la flota rusa la base de Crimea. Se restableció el suministro de gas y petróleo rusos, y se potenciaron las relaciones económicas entre los dos países. Yanukovich dio un paso más al suspender las negociaciones con la UE para concertar un Acuerdo de Asociación. Como ha señalado José Antonio Zorrilla, la Unión llegó con un dossier administrativo a un territorio que estaba en los límites de su mundo y trató de competir con un Estado nación de verdad, para el que esa tierra era central en lo histórico, lo estratégico, lo económico y la simbólico. Le ofreció "sangre, sudor y lágrimas" a cambio de una simple asociación –ni siquiera integración-, mientras la FR le ofrecía el apoyo a su industria, 30% de rebaja en el precio del gas y una donación de 15.000 millones de dólares. No le falta razón al colega en su crítica a la UE, pero pasa por alto el sentimiento anti-ruso de una importante parte de la población -aumentado por la práctica de chantaje económico seguida por la FR- y su deseo de más Europa y menos Rusia. La FR presionó a Ucrania para que no firmara el Acuerdo ofreciéndole "el oro -gas- y el moro", y amenazándola con una nueva suspensión del suministro de gas y la supresión del régimen preferencial arancelario. Putin tiene argumentos de peso para objetar la expansión de la OTAN hacia sus fronteras y su base de Sebastopol –único punto de acceso de su flota al Mar Mediterráneo-, pero carece de ellos para oponerse a una apertura económica de Ucrania hacia la Unión.

Reacción a la negativa del Gobierno a firmar un Acuerdo de Asociación con la UE

Fue precisamente la negativa de Yanukovich a firmar el Acuerdo de Asociación lo que provocó el inicio de las protestas y ocupaciones, que aumentaron, se radicalizaron y llevaron a los enfrentamientos y a las matanzas en la plaza de Maidán. Según Hery Kamen, la acción en la calle con protestas violentas como medio de presión es antidemocrática, y la ley de la calle sólo conduce a la anarquía, a la sangre y a un Gobierno militar. Esta predicción ha estado a punto de cumplirse en Ucrania. Las manifestaciones ejemplares contra la política del Gobierno hacia la UE se le fueron de la mano a la oposición democrática y cayeron bajo el control de elementos ultranacionalistas, quienes recurrieron a la violencia y exigieron la expulsión de Yanukovich. Su Gobierno contribuyó al empeoramiento de la situación con el uso indiscriminado de la violencia policial, la adopción de normas restrictivas del derecho a manifestarse y la amenaza de declarar el Estado de emergencia. Yanukovich perdió el control al extenderse las revueltas a las regiones de Lvov, Ibano-Frankisvk, Ternopil y Khmeknitsky, que se declararon en rebeldía. Sus concesiones de destituir al Gobierno de Mikola Azarov, ofrecer puestos en el Gobierno a los líderes de la oposición y derogar las normas restrictivas para manifestarse fueron consideradas insuficientes.

¿Es viable la superación del conflicto?

La UE decidió mediar a través de los ministros de Exteriores de Alemania, Francia y Polonia, que negociaron con Yanukovich conforme a la "hoja de ruta" fijada por José Manuel Barroso: formación de un Gobierno de transición, elecciones y reforma constitucional. El día 21, Yanukovich y la oposición lograron un acuerdo para la formación en diez días de un Gobierno de unidad nacional, la adopción en 24 horas de una ley que restableciera la Constitución de 2004, y la celebración de elecciones antes de Diciembre. Gobierno y oposición se comprometieron a renunciar a la violencia, éste a no decretar el Estado de emergencia, y aquélla a retirarse de los edificios ocupados y de las cales, y a entregar las armas. El acuerdo fue avalado por Laurent Fabius, Frank Steinmeier y Radoslaw Sikorski -aunque no por el Representante Especial de la FR, Vladimir Lukin-, y aceptado por el Consejo Civil de Maidán. Al día siguiente, sin embargo, la Rada destituyó a Yanukovich y adelantó las elecciones presidenciales al 25 de mayo. El defenestrado se refugió en Jarkov – a al par que de su cárcel de salía Timoshenko-, denunció la realización de un golpe de Estado y se negó a abandonar el poder. El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, ha condenado la actuación de la Rada y acusado a la oposición de estar al servicio de "terroristas". El presiente interino, Alexander Turchinov, ha anunciado un acercamiento a la UE y el mantenimiento de buenas relaciones con la FR. El ministerio de Defensa ha garantizado que "las fuerzas armadas de Ucrania no se involucrarán en el conflicto político". Como en el episodio del combate entre Don Quijote y el Vizcaíno, siguen "las espadas en alto".


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