No es peligroso asomarse al Exterior

El contencioso argentino-británico sobre las Malvinas

El pasado día 19, el Primer Ministro británico, David Cameron, acusó en la Cámara de los Comunes a Argentina de colonialismo por negar la libre determinación a las Islas Malvinas. Ante esta insólita declaración, el Ministro argentino de Asuntos Exteriores, Héctor Timerman, le replicó que resultaba sorprendente que Cameron hablara de colonialismo cuando su país era sinónimo de colonialismo. El aserto del Canciller argentino no andaba muy descaminado dado que, de los 16 territorios no autónomos aún pendientes de descolonizar, 10 se encuentran bajo dominio británico.

El archipiélago de las Malvinas –o Falkland, según la terminología anglosajona-es un conjunto de más de 200 islas e islotes de 12..173 kms cuadrados de extensión y una población de 3.740 habitantes. Se encuentra situado en el Atlántico Sur, a unos 500 kms de las costas de Argentina, enclavado en su vasta plataforma continental. Fue descubierto en 1520 por el piloto español Esteban Gómez e incorporado a la corona española. Cuando en  1816 se produjo la independencia de Argentina pasó a depender del nuevo país. En 1833, la fragata inglesa “Clio”, mandada por Onslow, atacó Puerto Stantel, expulsó a la guarnición argentina del archipiélago, y lo puso bajo el dominio de Su Graciosa Majestad Británica. Esta ocupación manu militari del territorio de un país amigo en tiempo de paz no fue nunca legitimada por un ulterior tratado internacional, por lo que el dominio británico de las islas no esta respaldado por título jurídico alguno.

Los reiterados intentos diplomáticos del Gobierno argentino para recuperar las Malvinas resultaron infructuosos. El 1 de Abril de 1982, durante la dictadura militar presidida por el General Leopoldo Galtieri, las tropas argentinas atacaron por sorpresa y recuperaron el control de las islas. El Gobierno de Margaret Thatcher reaccionó con energía y envió a la región una importante fuerza aeronaval, con el apoyo de Estados Unidos. Tras 45 días de desigual contienda, Argentina tuvo que capitular, sobre todo tras el innecesario hundimiento del crucero “Almirante Belgrano”. Este disparatado enfrentamiento produjo la muerte de 652 argentinos y 255 británicos. Lo único bueno que salió del conflicto fue que supuso el comienzo del fin de la dictadura argentina.

Licencias malvinesas

En 1985, Gran Bretaña otorgó una Constitución que concedía a las Malvinas un amplio grado de autonomía y en 1986 les concedió el título de territorio británico de ultramar, ante las impotentes protestas del gobierno argentino. En 1986 el Reino Unido abrió un nuevo frente de confrontación con Argentina al establecer una zona de conservación y administración pesquera, sustituida en 1994 por una zona de conservación externa de 200 millas de extensión, con lo que la zona  se solapaba con la ZEE argentina. El Gobierno de Malvinas reivindicó la competencia exclusiva en esta zona para la gestión y explotación de los recursos vivos y no vivos, y exigió la concesión de licencias para la pesca por parte de buques extranjeros. Esta decisión planteó problemas no sólo a Argentina –que se negó a aceptar la validez de las licencias malvinesas y negó el acceso a sus puertos de los pesqueros que las utilizaran-, sino también a países como España, cuyas empresas pesqueras tenían una importante presencia en la región. Ese mismo año se iniciaron exploraciones petrolíferas en la plataforma continental de las Malvinas. En la reforma constitucional de 1994, Argentina incluyó una disposición que afirmaba categóricamente que la recuperación de las Islas Malvinas era un “objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.

La ONU incluyó a las Malvinas en la lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización. Desde su constitución en 1961, el Comité Especial de Descolonización ha adoptado 29 resoluciones y la Asamblea General otras 10, en las que instaban a Gran Bretaña y a Argentina a celebrar negociaciones sobre las cuestiones pertinentes de las Islas Malvinas, incluidas las relacionadas con la soberanía. El Gobierno británico ha prestado oídos sordos a estas peticiones y ha arrastrado los pies a la hora de negociar, negándose a ello a raíz del ataque argentino de 1982. La Asamblea ha encomendado al Secretario General una misión de buenos oficios a fin de que se reanuden las negociaciones, mas -pese a los esfuerzos de Ban Ki-Moon-  Gran  Bretaña sigue dando largas a la hora de sentarse en la mesa de negociación.. En su reciente declaración ante la Cámara de los Comunes, David Cameron reiteró la negativa de su Gobierno a negociar con Argentina sobre la soberanía de las Malvinas.

En su intervención el pasado Septiembre ante la Asamblea General, la Presidenta argentina denunció que los recursos pesqueros y petroleros de Argentina estaban siendo apropiados y sustraídos ilegítimamente por quien no tiene derecho. Cristina Fernández de Kirchner señaló que la referencia a la guerra provocada por la dictadura argentina era una coartada de Gran Bretaña para no aceptar las resoluciones de la ONU. Reiteró su disposición al diálogo, pero advirtió:”Vamos a esperar un tiempo razonable y, si no, nos veremos obligados a revisar los entendimientos provisorios vigentes”. La Presidenta se refirió expresamente al Acuerdo de 1999 que permite un vuelo semanal entre Punta Arenas y Puerto Stanley, con escala en Río Gallegos.

'Marcha azul'

Argentina consiguió que MERCOSUR adoptara en Diciembre una resolución por la que se prohíbía el acceso a los puertos sudamericanos a los buques que enarbolen el pabellón de las Malvinas. El periódico “Daily Mail” ha publicado recientemente la noticia de que Argentina estaba preparando una invasión pacífica de la isla por parte de pescadores, una especie de “marcha azul” similar a la realizada por Marruecos en 1976 contra el Sahara Occidental. Todos estos acontecimientos parecen haber enojado al Primer Ministro británico y provocado su desafortunado comentario en el Parlamento:”Lo que los argentinos han estado diciendo últimamente es mucho más que colonialismo, porque los malvinenses quieren seguir siendo británicos”.

Los argumentos en los que el Reino Unido se basa para que los habitantes de las Malvinas ejerzan su derecho a la libre determinación son una falacia. La resolución 1541(XV) de la Asamblea General de 1960 afirma que la autonomía de un territorio puede ser alcanzada mediante la independencia, la asociación o la integración en otro Estado independiente, y la resolución 1514(XV) de ese mismo año –que hace hincapié en la independencia de los territorios no autónomos- incluye la importante afirmación de que “toda tentativa encaminada a destruir parcial o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los fines y principios de la Carta de la ONU”. Imponer la voluntad de una población artificial de menos de 4.000 habitantes sobre la de más de 40 millones de argentinos y destruir la integridad territorial de Argentina no está en conformidad con el Derecho Internacional.

La solución de este contencioso no es fácil. Existen fórmulas técnico-jurídicas para conseguirlo, siempre que exista la voluntad política para lograr este objetivo. Gran Bretaña, sin embargo, carece de dicha voluntad política y sigue aferrada al mantenimiento de su anacrónica presencia colonial en las cuatro esquinas del planeta.


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