No es peligroso asomarse al Exterior

El círculo vicioso ruso

Las elecciones presidenciales rusas celebradas el pasado día 4 fueron ganadas por el actual Primer Ministro, Vladímir Putin, con un 63.75% de los votos, seguido muy de lejos por el comunista Guennadi Zyuganov (17.19%),  el multimillonario sin filiación política Mijail Projorov (7.82%), el nacionalista Vladímir Zhirinovski (6.23%) y el socialista Sergei Mironov (3.85%).Es la crónica de una victoria anunciada. Aún por debajo del 71% que logró en 2004, Putin goza de apoyo más que suficiente para seguir gobernando el país a su antojo, pese a la pérdida de popularidad y las multitudinarias manifestaciones de protesta que se han producido últimamente en las grandes ciudades.

Era Yeltsin

Para comprender el éxito de Putin hay que remontarse a los tiempos de Boris Yeltsin, quien instauró por real decreto una democracia política “a la rusa”, de manera más formal que material. Aunque estableció un sistema de elecciones más o menos libres y un régimen de libertad de expresión y comunicación, difícilmente se podía implantar en 24 horas la democracia  sin la existencia de una cultura democrática y de partidos políticos. Tan sólo existían el Partido Comunista –que era “más que un partido”- y algún movimiento de inspiración liberal como el “Yabloko” de Grigori Yablinsky. Yeltsin ganó en 1996 las elecciones presidenciales, de forma poco ortodoxa, a Gennadi Zyuganov, pero se vio imposibilitado a gobernar por el control comunista de la Duma, que llegó a acordar en 1999 la destitución del Presidente, aunque no se materializó ésta porque no se consiguió la mayoría de 2/3 requerida.

Asimismo estableció Yeltsin por “ukase” la economía de mercado, sin que el país dispusiera de las estructuras mínimas necesarias, ni el marco jurídico adecuado. La economía socialista “planificada” fue sustituida por un capitalismo salvaje, en que los bienes públicos fueron privatizados en beneficio de una minoría, antiguos miembros del Partido y de los servicios secretos del Estado. Los presupuestos eran irreales y el sistema impositivo prácticamente inexistente, el sistema bancario era sumamente frágil,  la propiedad privada no se reconocía de hecho, la inflación se disparó hasta tres dígitos y se produjo una importante devaluación del rublo, que empobreció a la población.

Aun cuando Rusia seguía siendo una gran potencia militar, sus mastodónticas fuerzas armadas estaban infradotadas y el Gobierno carecía de medios económicos para llevar a cabo su urgente reestructuración. Los fiascos en Afganistán y Chechenia causaron la desmoralización de sus integrantes. Así, los fracasos políticos, económicos y militares provocaron la salida del poder de Yeltsin y su sustitución por Vladimir Putin,  a la sazón Director del Servicio Federal de Seguridad (antigua KGB)..

Era Putin

Putin era una persona inteligente, preparada, pragmática, ambiciosa, fría e implacable. En las pocas veces que hablé con él, pude comprobar que era asimismo muy reservado, aunque cortés. Ante la situación de debilidad por la que atravesaba la nación, se puso como meta, desde un planteamiento fuertemente nacionalista, que Rusia recuperara su status de gran potencia. En el ámbito político, consiguió fortalecer el Estado central, contrarrestando las tendencias centrífugas de los barones regionales, creó desde el Gobierno el partido “Rusia Unida” -que prácticamente monopolizó el poder-, y entorpeció el funcionamiento de los partidos políticos más democráticos, que pasaron a ser fuerzas testimoniales extra-parlamentarias. Restringió la libertad de prensa y los que se opusieron acabaron en el exilio –como Vladimir Gussinki o Boris Berezovski- o encarcelados en  Siberia –como Mijail Jodorkovski.

En lo económico, Putin aprovechó el incremento del precio de los productos petrolíferos para aumentar los ingresos y fortalecer la economía de Rusia, que hoy día –pese a las disfunciones y a la dependencia de la exportación de gas y petróleo- se ha convertido en una importante potencia comercial y financiera, que forma parte del grupo de países emergentes (BRICS). En lo militar, puso fin a la guerra de Chechenia, reforzó las fuerzas armadas y exigió una posición de igualdad frente a la OTAN.

Los éxitos de la política de Putin le granjearon el apoyo de la población y su popularidad llegó a rozar  el 80%. Cuando en 2008 finalizó su segundo mandato, cedió la presidencia a su hombre de confianza, Dimitri Medvedev, si bien se adjudicó el puesto de Primer Ministro. Formaban una pareja tipo Dr.Jekyll-Mr.Hyde, en el que éste era el “lado bueno de Sezuán” y aquél adoptaba la postura de “poli” malo. En los aspectos formales, Medvedev adoptó una actitud diferente a la de su predecesor, pero siguió fielmente su política. El nuevo Presidente dio máxima prioridad a la modernización de la Federación, dejando en segundo plano consideraciones de tipo ideológico, y trató de mejorar las relaciones con Estados Unidos, la UE y la OTAN, mientras Putin quedaba en la retaguardia para echar en cara a Estados Unidos su proyecto de defensa anti-misiles, criticar la actuación de la OTAN en Libia o vetar las condenas contra Bashir Assad y la intervención de la ONU en Siria.

Elecciones presidenciales: ¿Y ahora qué?

Confiado en su fortaleza, al terminar el mandato de Medvedev decidió cambiar cromos con su sucesor y asumir de nuevo la presidencia. Amplió a 6 años un mandato presidencial re-elegible, con lo que se postuló para seguir en el trono hasta el año 2024.

Antes barrió bien su casa excluyendo de la posibilidad de participar en las elecciones a los partidos dirigidos por líderes demócratas como Yablinski, Nemtsov, Kasianov o Kasparov, y dejó en la lid a una oposición impresentable. Zyuganov –quizás el más honrado y coherente de los candidatos- es un veterano estalinista, contrario al liberalismo político y económico, y nostálgico de las glorias de la URSS. Zhirinovski es ultranacionalista, chovinista, demagogo y racista, mas -pese a sus desaforadas críticas populistas- a la hora de la verdad siempre está con el poder. Mironov, antiguo Presidente de la Cámara Alta, preside “Rusia Justa”, un partido seudo-opositor creado desde el Kremlin. El multimillonario Projorov, además de ser dueño del club de baloncesto “New York Nets”, se divierte iniciando una aventura política, sin crear problemas al Gobierno. Putin se ha reunido amistosamente con tres de sus oponentes tras las elecciones, dejando de lado sólo a Zyuganov que las ha calificado de farsa.

Putin ha logrado liquidar la oposición democrática sacándola de la Duma, pero se ha visto sorprendido por un nuevo tipo de contestación popular alentada por jóvenes, a través de las redes informáticas y la telefonía móvil. Aunque ha conseguido domeñar los medios de comunicación –recientemente ha destituido a los responsables críticos del periódico “Kommersant” y de la radio “Eco”-, se le ha escapado Internet, donde proliferan las denuncias de “blogueros” como Navalni o Yashin. Tras las fraudulentas elecciones parlamentarias de Diciembre de 2011 –en las que, pese a ello, “Rusia Unida” sólo logró  el 49% de los votos”- miles de personas se echaron a las calles para pedir la salida de Putin de la vida política, poniendo en entredicho la tradicional renuencia de la sociedad rusa a manifestarse en contra del Gobierno.

 ¿Tendrá Putin en cuenta estas advertencias para abandonar su política autista y romper el círculo vicioso?. Podría esperarse que –una vez consolidado en el poder- Putin adopte un talante más democrático, mejore las relaciones con Occidente y cambie de actitud en graves conflictos como los de Siria o Irán. No va a ser fácil, pero… ”¡Inshallah!”.


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