No es peligroso asomarse al Exterior

Turquía, un poco más lejos de la UE

A finales de mayo un grupo de ecologistas se manifestó en el parque de Gezi en Estambul para protestar por las intenciones del Gobierno de construir en él un centro comercial. La Policía desalojó a los pacíficos manifestantes recurriendo a la violencia y al uso de gases lacrimógenos. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, los acusó de “extremistas ideológicamente motivados” y respaldó la actuación de las fuerzas de seguridad. Esto provocó la indignación general y muchos jóvenes ocuparon la emblemática plaza Taksim para expresar su rechazo a la brutalidad de la Policía, la limitación de las libertades de expresión y de prensa –Turquía bate el 'récord' mundial con más de 70 periodistas detenidos-, el autoritarismo de Erdogan y su deriva islamista, como muestran las restricciones a la venta y consumo de alcohol o la condena a 10 meses de cárcel al cantautor Fazil Say, por afirmar –parafraseando al poeta persa Omar Jayam-“Decís que los ríos de vino recorren el paraíso. ¿Es acaso el paraíso una taberna?. Decís que dos vírgenes aguardan a cada creyente. ¿Es acaso el paraíso un burdel?”. Las manifestaciones se han extendido a Ankara y a otras ciudades, y han llevada a la convocatoria de una huelga general. La reacción desproporcionada ante un acto de importancia menor ha provocado tres muertos, más de 4.300 heridos y numerosos detenidos. Como ha advertido el comisario europeo Stefan Füle, “el uso de una fuerza excesiva contra manifestantes no tiene cabida en un país que aspira a ser miembro de la UE”.

Evolución política de Turquía

Turquía es un país de 72,5 millones de habitantes situado a caballo entre Europa y Asia. Su parte más occidental –heredera de Bizancio- es sin duda europea, pero el resto del país es asiático. He tenido ocasión de realizar dos veces el trayecto por carretera entre Estambul y Bagdad y las áreas situadas mal Este de la vertical que une Ankara con Adana es puro tercer mundo. Tras la disolución del Imperio Otomano, Kemal Atatürk creó en 1923 las estructuras del actual Estado y trató de convertir Turquía en un país plenamente europeo, pero el espíritu de sus radicales reformas solo alcanzó a los sectores más preparados de la nación y a las fuerzas armadas (FFAA), quienes se erigieron en garantes de la democratización del Estado a través de medios no democráticos. Pese a que la inmensa mayoría de la población era musulmana, los partidos de inspiración islámica contaron durante muchos años con la oposición de las FFAA y del establishment, lo que impidió su desarrollo y su acceso al poder.

En 1994, Erdogan consiguió la alcaldía de Estambul, donde llevó a cabo una eficaz gestión administrativa e inició un proceso gradual de islamización. Su invocación del famoso poema de Ziya Gökalp –“las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos, los minaretes nuestra bayonetas y los creyentes nuestros soldados”- le costó la expulsión del Ayuntamiento y unos meses de cárcel. En 2001 fundó el Partido de la Justicia y del Desarrollo, que al año siguiente ganó las elecciones legislativas, pero hasta 2003 no logró la Presidencia del Gobierno, que desde entonces detenta con mayoría absoluta y amplio apoyo del electorado. Durante su mandato, ha fortalecido la situación política de Turquía, y desarrollado considerablemente su economía, y se ha convertido en líder de la región y en ejemplo a seguir por los países musulmanes que aspiran a establecer un Estado de Derecho, especialmente tras la 'primavera árabe'. En su Debe figuran sus intentos de islamizar la sociedad turca con medidas como la de levantar la prohibición del uso del velo (hiyab) en los centros de enseñanza, que fue revocada por el Tribunal Constitucional. 

Aspiración de Turquía a integrarse en la UE

Erdogan estableció como primera prioridad la integración de Turquía en la CE, de la que había sido miembro asociado desde 1963. La Comisión Europea le exigió a tales efectos el cumplimiento estricto de los 'criterios de Copenhague', por lo que tuvo que iniciar un profundo proceso transformador: reforma de la Constitución, de la Administración de Justicia y de las FFAA, supresión de la pena de muerte y del delito de adulterio, mejor trato a la minoría kurda, mayores garantías para la libertad de expresión… Pese a las reticencias de Chipre –por la negativa de Turquía a reconocer a la República de Chipre y dar su apoyo al Gobierno turco-chipriota-, Grecia, Alemania y Francia, la Comisión autorizaron el inicio de las negociaciones para la adhesión a partir de 2005.

Pronto se pusieron de manifiesto las profundas divergencias existentes en cuestiones políticas, ideológicas, y jurídicas, hasta el punto de que, de los 35 capítulos de la negociación, tan solo se ha cerrado uno, y las conversaciones se encuentran paralizadas. Ello ha provocado la frustración del Gobierno y la población turca, y ha llevado a Erdogan acusar a la UE de comportarse como un “club cristiano” y a afirmar que el ingreso en la Unión ha dejado de ser una prioridad. El pasado diciembre, los jefes de Estado de la UE reafirmaron su respaldo al proceso de adhesión y el presidente del Consejo, Herman van Rompuy, ha viajado recientemente a Ankara para tratar de impulsarlo, aunque las perspectivas no son demasiado esperanzadoras. 

No procede la adhesión de Turquía a la Unión

Como ha observado Francisco Ruiz, Turquía tiene problemas para la adhesión porque “es demasiado pobre, demasiado poblada y demasiado musulmana”. El primer factor está en vías de superación: con una deuda de solo el 35%, el PIB de Turquía ha crecido en la última década una media del 5% anual, con lo que ya ha superado a algunos de los Estados miembros. El segundo elemento –que convertiría a Turquía en el país más poblado de la Unión– es un riesgo político asumible. El principal obstáculo es el tercero, pues –como el propio Erdogan ha reconocido- no hay un Islam moderado, sino un solo Islam, que excluye el integrismo y terrorismo islámico.

Benedicto XVI señaló en 2004 que Turquía –que "es un país musulmán por herencia y tradición, aunque secular por su Constitución"- debería mirar en un futuro hacia una asociación de países islámicos más que hacia la UE, que tiene raíces cristianas. Siempre ha estado en contraste permanente con Europa y ligarse a ella sería un error”. Cabría matizar estas afirmaciones e incluso discrepar de ellas, pero es incontestable que los principios fundamentales de la CE/UE están basados en la tradición ideológica y cultural del Occidente cristiano, que ha estado históricamente enfrentada –y sigue estándolo- con la tradición islámica, que trata de imponer su concepción coránica de la sociedad. La UE debe potenciar al máximo las relaciones de todo tipo con Turquía, de conformidad con el espíritu consagrado en el Tratado de Lisboa de “establecer un espacio de prosperidad y buena vecindad”, caracterizado por “unas relaciones estrechas y pacíficas fundadas en la cooperación”. Decía Romano Prodi que había que conceder a Turquía “todo menos las instituciones”. No procede, pues, su admisión como miembro de pleno derecho, porque su modus vivendino es plenamente compatible con los principios rectores de la UE y resulta, por tanto, difícilmente asimilable por los demás socios. Como ha recomendado el PPE, hay que ofrecerle un estatuto especial de “asociación privilegiada”, pero en ningún caso la integración.


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