No es peligroso asomarse al Exterior

Reacción de España ante los abusos de Siria

El pasado 6 de Marzo, el Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, hizo unas declaraciones un tanto confusas en las que señaló que, para mostrar su disgusto por  las salvajes matanzas cometidas por el régimen sirio, España iba a suspender la actividad de su Embajada en Damasco, con vistas a  su cierre definitivo.

La dinastía al-Asad

Hafez al-Asad ha sido uno de los mayores tiranos del Medio Oriente. General de las Fuerzas Aéreas, participó en  1963 en el golpe de estado que estableció en Siria un gobierno del partido panárabe Baaz. Ya como Ministro de Defensa, realizó en 1970 su propio golpe de estado y se proclamó Presidente de Siria. Estableció un régimen dictatorial con el apoyo de la minoría alauita –una secta cercana al chiísmo, que supone el 15% de la población siria- e impuso un sistema sectario en detrimento de la mayoría sunita. Enemigo declarado de Saddam Hussein –con el que compitió por el liderazgo del Baaz- se alineó en contra de Irak en su conflicto con Irán.  En la Guerra del Golfo de 1991 se puso del lado políticamente correcto y se convirtió en fiel aliado de Occidente, por lo que se le perdonaron  las barbaridades que hizo como la masacre de Hama –donde asesinó a unos 8.000 civiles sirios- o la ocupación del Líbano. Estableció una monarquía republicana y, al morir en el año 2000, cedió el trono a su hijo Bashar.

Bashar al-Asad era un oftalmólogo educado y residente en Gran Bretaña, que no había tenido actividades políticas. Su nombramiento alentó las esperanzas de que se produjera la democratización del régimen, pero sus tímidos intentos liberalizadores se toparon con la oposición del establishment del Baaz y del Ejército sirio. Bashar no ha podido, o no ha querido, llevar a cabo las necesarias reformas, y ha seguido la política de su progenitor, como se ha mostrado con su reacción a las demandas de la oposición bombardeando Homs o Idlib, o asesinando indiscriminadamente a civiles.

Siria se ha librado de la condena del Consejo de Seguridad de la ONU por que Rusia y China vetaron en dos ocasiones sus resoluciones. Tan sólo se consiguió que la Asamblea General pasara el 16 de Febrero una resolución en la que condenaba las sistemáticas violaciones de los derechos humanos del Gobierno sirio y le pedía el inicio del plan de transición política elaborado por la Liga Árabe. Con el respaldo de Rusia, China e Irán, Bashar ha hecho oídos sordos a estos llamamientos y continuado con su política de aniquilación de la población civil y de violación de sus derechos.

¿Suspensión de actividades o cierre de la Embajada?

Tras las declaraciones de García-Margallo, un comunicado del MAEC anunció la suspensión definitiva de la actividad de la Embajada de España en Damasco, “poniendo de este modo fin a la labor de su representación en aquella capital”.  Dos diplomáticos españoles permanecerán en Damasco, integrados en la Delegación de la UE en Siria, para  proteger a los ciudadanos españoles residentes en el país. Con estas  imprecisas declaraciones, no se sabe bien cuál es la situación. ¿Se va a reducir la actividad de nuestra Embajada o se va a cerrar ésta con todas sus consecuencias?.

A fin de mejor comprender la situación, convendría aclarar cuál es el proceso para el establecimiento de relaciones diplomáticas entre dos Estados. Para que un Estado pueda establecer relaciones diplomáticas con  otro, se requiere el reconocimiento de dicho Estado, un acuerdo para el establecimiento de las relaciones y  un acuerdo para la apertura de una Embajada. El primero es un acto unilateral y discrecional, que no puede ser impuesto al Estado que reconoce. Los otros dos precisan una concurrencia de voluntades de los dos Estados afectados, que ha de plasmarse en un acuerdo. Para desandar el camino, hay que seguir el proceso inverso: cierre de la misión, ruptura de relaciones y revocación del reconocimiento.

Los Estados son libres de mantener entre ellos el nivel de relaciones que estimen adecuado. Se trata de decisiones políticas sin consecuencias jurídicas. Una de las formas que tiene un Gobierno para mostrar su disconformidad con la actuación de otro Gobierno es llamar a consultas a su Embajador, como hizo España con su representante en Damasco el 7 de Febrero. La amplitud del período de tiempo en que el Embajador esté fuera de su puesto revelará el grado de descontento de su Gobierno. También puede éste reducir al mínimo el número de los agentes diplomáticos de su Embajada y disminuir en el grado que desee la actividad de su representación. Puede incluso degradar el nivel jerárquico de su Embajada y convertirla en una simple Encargaduría de Negocios, gestionada por un agente diplomático de bajo nivel. Cabe que el Estado receptor  considere este proceder como un acto inamistoso y  tomar medidas similares por  razones de reciprocidad, mas este empeoramiento de las relaciones mutuas no tiene por qué afectar el status jurídico de las respectivas misiones.

Cuestión distinta es si España decidiera cerrar su misión diplomática en Damasco, que podría llevar o no implicado el cierre de su sección consular. Si la mantuviera, el cónsul podría desempeñar funciones diplomáticas con el  consentimiento de Siria. Si la cerrara, España podría recurrir a la acreditación múltiple y encargar a una de sus  Embajada en un país vecino –como Jordania, Líbano o Turquía- que asumiera las relaciones con Siria. La protección de los ciudadanos españoles podría ser asimismo asumida por las Embajadas y Consulados de los países miembros de la UE, pues tienen éstos derecho –según el Tratado de Lisboa de 2007- a acogerse a la protección de las autoridades diplomáticas y consulares de cualquier Estado miembro, cuando España no tenga una representación en Damasco. España podría asimismo confiar la protección de sus intereses y la de sus nacionales a un tercer Estado que resulte aceptable para el Gobierno sirio. El cierre de la misión diplomática tendría, en todo caso, mucha mayor incidencia si los demás Estados miembros de la UE adoptaran simultáneamente una decisión similar. El siguiente paso sería la ruptura de relaciones diplomáticas, pero no parece que, por el momento, se haya llegado a este punto.

Inconvenientes del cierre de la Embajada

La decisión de cerrar la Embajada en Damasco me parece precipitada y poco afortunada, y puede resultar más perjudicial para España y sus nacionales que para Siria. Si lo que el Gobierno español deseaba era hacer un gesto público de condena por la intolerable conducta del Gobierno de Bashar al-Asad y por la violación de los derechos humanos del pueblo sirio, hubiera bastado con formular una solemne declaración  al respecto y con reducir todo lo que quiera la actividad de su misión. Ello tendría la suficiente repercusión política y ética, y no reduciría la protección de los 1.078 españoles residentes en el país. Por otra parte, me parece poco efectiva la integración de diplomáticos españoles en la Delegación de la UE, porque los servicios consulares están excluidos del ámbito de la Política Exterior y de Seguridad Común, y las Oficinas comunitarias no están en condiciones para ejercerlos.

Aún hay tiempo de reflexionar, reconsiderar la decisión de cierre, y limitarse a la condena pública del régimen sirio y a la disminución de las actividades de la Embajada en Damasco, a la espera -y en la esperanza- de que la UE adopte finalmente una decisión de acción conjunta de todos los Estados miembros en el conflicto de Siria.


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