No es peligroso asomarse al Exterior

Putin rescata la 'doctrina Breznev' de la soberanía limitada

Durante la época de la Unión Soviética prevaleció la 'doctrina Breznev' de la soberanía limitada, por la que aquella ejercía un control férreo sobre los Estados miembros del Pacto de Varsovia. Tras la caída del muro de Berlín se inició el proceso de disolución del Pacto y de desintegración de la URSS. En junio de 1990, el Soviet Supremo de la República Rusa adoptó una declaración de soberanía que llevó a la independencia de la Federación de Rusia (FR), de Ucrania y de Bielorrusia y provocó el desmantelamiento de la Unión. Pese a los denodados intentos del presidente Mijail Gorvachov de adoptar un Tratado de la Unión que preservase la URSS como un Estado confederado, sus esfuerzos fueron vanos y el 8 de diciembre de 1991 las tres repúblicas firmaron el Tratado de Belovezhskaya Pushcha por el que se suprimió la Unión. BorisYeltsin trató de sustituirla por una Comunidad de Estados Independientes (CEI), a la que se sumaron las demás repúblicas soviéticas por la Declaración de Alma-Ata, que no es más que una entidad vacua y anémica, totalmente controlada por la FR y carente de relevancia política, militar o económica.

Evolución de las relaciones entre Rusia y la OTAN

El 1 de julio de 1991 se formalizó la disolución del Pacto de Varsovia, y la OTAN y Estados Unidos (EEUU) quedaron como vencedores de la guerra fría. Yeltsin tuvo que negociar con la Alianza desde una posición de debilidad y, en 1997, se firmó el Acta Fundamental sobre Relaciones de Cooperación y Seguridad Mutuas entre la OTAN y la FR. Tras acceder a la presidencia, Vladimir Putin restableció la autoridad política, mejoró la economía y recondujo la situación militar con el fin de que la FR recuperara el status de gran potencia. Aunque mantuvo la colaboración con la OTAN, reforzó la estructura militar de la CEI con la creación en 2003 de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), un pacto de alianza y seguridad al que sólo se incorporaron Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguisistán, Tayikistán y Uzbekistán.

Pese a las promesas hechas en su día a Gorvachov de respetar el antiguo lebensraum soviético, la OTAN inició su expansión hacia el Este. En 1999 ingresaron Hungría, Polonia y la República Checa, y en 2004 los Países Bálticos, lo que provocó la protesta rusa al tratarse de antiguos miembros de la URSS, pero la paciencia del Kremlin se agotó cuando Ucrania y Georgia fueron invitadas en 2008. El ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, advirtió de que una nueva expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas retrotraería las relaciones a los tiempos de la guerra fría y aumentaría el antagonismo, y la doctrina militar de la FR destacó el peligro que para su seguridad nacional supondría el acercamiento de la Alianza a sus fronteras y rechazó explícitamente la incorporación de Ucrania y de Georgia.

Los hechos demostraron que estas advertencias iban en serio y, tras un oscuro incidente en la frontera, tropas rusas invadieron Georgia en Agosto de 2008 y facilitaron la declaración unilateral de la independencia de Osetia del Sur y de Abjazia. Ucrania escapó con simples sanciones económicas –suspensión del suministro de gas en especial- y amenazas de intervención. El problema quedó solucionado en 2009, con la llegada a la Presidencia de Ucrania del rusófilo Viktor Yanukovich, pues retiró la demanda de adhesión a la OTAN y prorrogó hasta 2042 la cesión de las bases de la flota rusa en Crimea, que había sido insensatamente puesta en tela de juicio por el anterior presidente, Viktor Yuschenko.

La Alianza replegó velas, congeló sine die la admisión de los dos aspirantes y optó por mejorar las relaciones con la FR. Como afirmó su secretario general, Joop de Hook Scheffer, la Alianza necesitaba a Rusia y viceversa, por lo que deberían centrarse en lo que estaban de acuerdo en vez de en las divergencias. Este cambio de actitud llevó a la Declaración Conjunta de Lisboa, que constató la interconexión de la seguridad de las dos partes y consagró su compromiso de lograr una asociación estratégica para “crear un espacio común de paz, seguridad y estabilidad en la zona euroasiática”. La FR, no obstante, constituyó una fuerza colectiva de acción rápida, que, según el presidente Dimitri Medvedev, no tuviera que envidiar en nada la de la OTAN, y estableció bases en Kirguistán y Tayikistán. La doctrina militar fijó como prioridad la protección del “extranjero próximo” y estableció que cualquier ataque a un miembro de la OTSC sería considerado como un ataque a Rusia.

Nostalgia de la URSS

Putin es el arquetipo del homo sovieticus, educado en la élite de los servicios secretos de la KGB, en cuyas filas actuó en Alemania. No se resigna a aceptar la disolución de la URSS y es un nostálgico de su reinstauración, como revela que califique de “nueva Rusia” a los territorios del Este de Ucrania, que, a su juicio, no formaban parte de ella durante el zarismo y fueron entregados en los años 20 por el Gobierno soviético “sabe Dios por qué razón”. La tesis de que la FR tiene derecho a intervenir en todo su hinterland justificó la autorización dada por el Consejo de la Federación de enviar tropas a Ucrania “para garantizar los derechos de los rusos y de los rusoparlantes”.

Putin ha comentado que esperaba no tener que verse obligado a usar este recurso y poder resolver los problemas mediante las vías políticas y diplomáticas. Por si hubiera alguna duda, Lavrov añadió que un ataque a “ciudadanos rusos” equivaldría a atacar a Rusia y que, si los intereses de los rusos eran atacados directamente, como ocurrió en Osetia del Sur, no veía otra vía que “responder de conformidad con el Derecho Internacional”. Curiosa interpretación de este derecho, que permite violar el principio básico de pacta sunt servanda –los tratados deben ser respetados-, realizar actos de agresión, invadir un país y privarle de su integridad nacional, como ha hecho la FR en Crimea, en cuya conquista y posterior anexión han participado, según ha admitido el propio Putin tras haberlo negado más veces que San Pedro, participaron tropas especiales rusas.

Respaldo de Rusia al conflicto de Ucrania

Desde primeros de abril y con el respaldo de la FR, varias regiones del Este –como Donetsk, Lugansk o Jarkov- han creado repúblicas populares independientes, convocado referéndums para decidir sobre su futuro y solicitado la ayuda de Moscú. Pese a la comedida reacción del Gobierno ucraniano, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso le ha instado al “cese inmediato de cualquier preparativo militar que podría llevar a una guerra civil”. Ante la leve presión de Occidente y para salvar su respetabilidad, la FR accedió a negociar en Ginebra con Ucrania, EEUU y la Unión Europea (UE) una solución del conflicto. Se llegó a un acuerdo voluntarista por el que la FR aceptaba que los rebeldes entregaran las armas y desocuparan los edificios públicos, y Ucrania se comprometía a concederles una amnistía y a realizar una reforma constitucional “inclusiva y transparente”, que conceda amplia autonomía a las regiones e “incluya las demandas y aspiraciones de todos los ciudadanos del país”, lo que resulta imposible dada la divergencia radical de las posiciones en presencia.

Para Igor Ivanov, la Declaración de Ginebra es la única base sobre la que desarrollar esfuerzos de cooperación internacional para superar la crisis de Ucrania, pero ni los rebeldes ni la FR la han cumplido. Esta propugna una Ucrania débil y neutral que sea incapaz de entrar en la OTAN o la UE y, de ahí, que preconice una federación que conceda amplias competencias a las regiones, incluso en política exterior y defensa, para poder controlarla. Procura desestabilizar al Gobierno en funciones y obstaculizar la celebración de las elecciones del 25 de mayo para que no se forme un Gobierno fuerte y representativo. Según Alicia Sorroza, Putin está dispuesto a incurrir en importantes riesgos para retornar a una grandeza difícilmente recuperable, para lo que necesita mantener la influencia de la FR en su vecindario inmediato. Por ello ha rescatado la tesis de Breznev y elaborado una nueva 'doctrina Monroe': “Rusia para los rusos”. La globalización y la interdependencia no hacen previsible un retorno a la guerra fría, pero la ambición de Putin puede conducir a una situación de 'paz fría'.


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