No es peligroso asomarse al Exterior

Programas electorales de los partidos catalanes

En breve se abrirá la campaña para las elecciones autonómicas de Cataluña y los partidos hacen públicas sus propuestas, que van desde la independencia para 2004 de ERC, a las del PP, cuyo lema es “Cataluña sí. España también”. En medio se encuentran la del PSC y de CIU, que no difieren sobremanera en el fondo. El primero no acaba de clarificar su empanada mental sobre si se trata de un partido obrero español ubicado en Cataluña o un partido nacionalista situado a la izquierda de ERC. El segundo plantea las elecciones como un pre-referéndum sobre la independencia para ocultar el fracaso del Gobierno de Artur Mas.

El PSC se convirtió al nacionalismo extremista con los Gobiernos tripartitos, renegando de sus convicciones socialdemócratas a escala nacional, y ahora se encuentra en tierra de nadie, pues no ha capturado votos a la izquierda -porque un original, sea de ERC o CIU, es mejor que una mala copia- y está perdiendo el apoyo de su tradicional electorado, inmigrante e hispano parlante, de los cinturones obreros de las grandes ciudades. Proponen la reforma de la Constitución para que reconozca el “derecho a decidir” del pueblo catalán a través de un referéndum de autodeterminación. Propone que Cataluña pueda tener un Estado propio dentro de España y de Europa, a través de una confusa federación de naciones, en la que las decisiones del Parlamento autonómico prevalecerían sobre las del Congreso. Se reconocería la singularidad de la nación catalana, que recibiría un tratamiento específico distinto al de las demás CCAA. Su Secretario General, Pere Navarro, ha afirmado, sin embargo, que su partido no es favorable a la independencia de Cataluña.

Era necesario que alguna voz autorizada del PSOE se pronunciara claramente en contra del derecho a la autodeterminación, pero su Secretario General, Alfredo Pérez Rubalcaba, se ha limitado a decir que no está de acuerdo con este planteamiento, aunque admite que el PSC lo incluya en su programa. La diputada Carme Chacón ha salido de su prolongado mutismo para declarar que el programa de su partido deja claro su rechazo a la independencia –a la que ella radicalmente se opone-, y que el problema en la expresión “derecho a decidir” era que los nacionalistas la usaban equívocamente para propugnar la independencia. No ha hecho nada para que se excluya del programa, ni parece que vaya a hacerlo para impedir su ejercicio.

Se produce una contradicción, que pone de manifiesto las incongruencias y contradicciones del PSC. Según el artículo 1-2 de la Constitución, ”la soberanía nacional reside en el pueblo español” y no en la suma de los pueblos catalán, vasco o extremeño. Por tanto, en un eventual referéndum de autodeterminación –que debería ser autorizado por el Gobierno central, de conformidad con el artículo 149-1-32- debería participar todo el pueblo español y no sólo el catalán. Por otra parte, ¿Qué ocurriría si el pueblo catalán se pronunciara por la secesión y el resto de españoles votara en contra?. ¿En qué quedaría la supuesta oposición del PSC a la independencia?.

El programa de CIU pretende reducir la presencia del Estado en Cataluña a la mínima expresión y que la Generalitat asuma de forma unilateral competencias exclusivas de éste: expedición de documentos, control de las aduanas y de la seguridad social, creación de un marco catalán de relaciones laborales, atribución a los “Mossos” de todas las competencias sobre seguridad, responsabilidad exclusiva de la Agencia Tributaria Catalana para recaudar y gestionar impuestos, titularidad y gestión de todas las infraestructuras en Cataluña, no supeditación del Tribunal Superior de Justicia al Tribunal Supremo y autonomía de la Fiscalía de Cataluña, control del poder judicial por el “Consell  de Justìcia de Catalunya”… Prevé la creación de un Estado propio que facilite –por la vía de los hechos consumados- la independencia, evitando en todo momento usar esta controvertida palabra.

Cataluña y la UE

El “moderado” Josep Durán ha manifestado que “queremos rescatar a Cataluña del menosprecio de un Estado que nos ahoga social y económicamente”. Según Mas, como Cataluña se ve forzada a romper con España, seguirá siendo miembro de pleno derecho de la UE, porque la referencia no es España sino la Unión. Su afirmación de que Cataluña será un Estado más de la UE tras la secesión de España es una falacia, y cabe esperar que el pueblo catalán –que podrá ser nacionalista, pero no tonto-  no comulgue con esta piedra de molino convergente. Como ha señalado la Profesora Ana Mar Fernández -usando términos futbolísticos-, pretender jugar en la liga europea cuando uno demuestra día tras día una escasa capacidad para desenvolverse sin romper en una liga más próxima como la española, no parece la manera más acertada de hacer valer unas credenciales europeas. La bandera europea es condición necesaria pero no suficiente para ser miembro de la UE.

En efecto, según el artículo 4-2 del Tratado de Lisboa, la UE respetará la igualdad de los Estados miembros ante los Tratados, así como su identidad nacional inherente a las estructuras  fundamentales políticas y constitucionales de éstos, también en lo referente a la autonomía local y regional, y respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial. A la pregunta de Íñigo Méndez Vigo de cuál sería el “status” de una Cataluña independiente en la UE, la Vicepresidenta de la Comisión Europea, Viviane Reding, ha contestado que –como ya dijo en 2004 el entonces Presidente Romano Prodi-, cuando la parte de un Estado deje de formar parte de ese Estado, los Tratados de la UE cesarán de aplicársele y se convertirá en un país tercero respecto a la Unión. En consecuencia, dejaría automáticamente de pertenecer a la UE y saldría del euro. Tendría que solicitar su admisión al Consejo Europeo, que habría de pronunciarse por unanimidad. Las condiciones de ingreso deberían ser acordadas con los Estados miembros y el acuerdo ratificado por todos ellos. Así pues, España tendría tres oportunidades para oponerse a la admisión de Castaluña, y –como ha observado José Manuel García Margallo- la decisión no sería la misma si la secesión surgiera de un acto unilateral o fuera fruto de un acuerdo. Como la primera sería contraria a la Constitución, la petición podría ser rechazada, no sólo por España, sino también por otros Estados miembros de la Unión.

El volutarista President vive –como Alicia- en el país de las maravillas, con la ayuda del “conejo loco” Durán, que de vez en cuando le recuerda la hora. Para el Ministro de Defensa, Pedro Morenés, es francamente desleal que pretenda ocultar una mala gestión con una huida identitaria hacia ninguna parte, que es mala para Cataluña y para España. En un “Manifiesto por la Convivencia”, un grupo de intelectuales ha advertido del riesgo de fractura a que podrían conducir actitudes irresponsables, que tratan de levantar muros de incomprensión y agravios inventados en Cataluña, y hecho un llamamiento a la observancia y acatamiento de las leyes. Mas, a su vez, ha apelado al pueblo catalán para que le dé una mayoría absoluta, con la cual, ni tribunales ni constituciones podrían parar el proceso independentista. Como ha observado Casimiro García Abadillo, su irresponsabilidad y mesianismo pueden provocar una fractura sin precedentes en la sociedad catalana y española. ¡Aún está a tiempo de rectificar!.


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