No es peligroso asomarse al Exterior

Posible repetición de la Historia en Egipto

La puesta en libertad del expresidente Hosni Mubarak el pasado día 21 ha añadido un nuevo elemento desestabilizador a la delicada situación que vive Egipto. Aunque la decisión de los tribunales haya sido jurídicamente correcta -al haberse agotado los períodos máximos de prisión preventiva por los delitos por los que está encausado-, resulta inaceptable desde un punto de vista político, pese a que se haya mantenido su arresto domiciliario. Como ha comentado el profesor Ibrahim Awad, la excarcelación de Mubarak deja la impresión de que, con el poder adquirido por los militares, la destitución y retención del expresidente Mohamed Mursi y la detención de los líderes de los Hermanos Musulmanes (HM), se ha retrocedido a la situación anterior a enero de 2011. Se ha puesto, en todo caso, de manifiesto el enfrentamiento total entre los dos grandes poderes fácticos actualmente existentes en Egipto: las Fuerzas Armadas (FFAA) y los grupos islamistas encuadrados y dirigidos por los HM.

Trayectoria de la Hermandad

Hay visos de que se puede volver a repetir la Historia. La Hermandad fue creada en 1928 por Hassan al-Banna, en torno a la mezquita-universidad de Al-Azhar, como un movimiento ideológico que pretendía instaurar un Gobierno de inspiración islámica, conforme a los cánones de la Sharia. El movimiento se fue extendiendo gradualmente y penetrando en la sociedad egipcia a través de una labor asistencial y caritativa, que suplía las carencias del Gobierno -especialmente en las zonas rurales-, hasta el punto de llegar a convertirse en competidor del propio Gobierno en ciertas áreas. De ahí que el presidente Gamal Abdel Nasser decidiera ilegalizarlo en 1954, con lo que pasó a la clandestinidad. Sus sucesores mantuvieron la prohibición de la Hermandad, pero Mubarak les dejó un cierto margen de actuación y permitió incluso su participación parcial en la vida pública y el acceso al Parlamento de algunos de sus cofrades, como el expresidente Mursi.

La Hermandad se consolidó como una asociación de carácter social, que se infiltró en los distintos sectores de la sociedad egipcia, incluidos los sindicatos y los centros educativos. Aunque no participó desde el principio en las manifestaciones y algaradas populares que llevaron al derrocamiento de Mubarak, se unieron de forma oportunista al movimiento liberalizador hasta conseguir apropiárselo. Gracias a su potente implantación en todo el país, su desarrollada infraestructura y su excelente organización, los HM se impusieron a los románticos y desorganizados grupos laicos y liberales que habían iniciado el proceso liberalizador y hasta al Ejército, y llevaron a la presidencia del Gobierno a su candidato Mursi en las primeras elecciones libres y más o menos democráticas celebradas en Egipto. Una vez en el poder, el Gobierno islamista trató de imponer su ideología coránica y su concepción autocrática de la política, lo que provocó un nuevo levantamiento popular apoyado por las FFAA, quienes, en esta ocasión, fueron las que sacaron mayor provecho de la situación.

Opciones de la Hermandad ante el acoso de las Fuerzas Armadas

Los HM plantaron cara al Ejército, se negaron a aceptar la legitimidad del Gobierno provisional y exigieron la restauración del presidente legítimo. Su táctica de protestas a través de continuas manifestaciones y ocupaciones de espacios públicos fue contrarrestada por las FFAA con la máxima dureza, llegando a causar la matanza de muchos de sus militantes y el encarcelamiento de sus dirigentes. Como manifestó sin ambages el ministro de Defensa y comandante en jefe del Ejército, general Abdel Fatah al-Sisi, no permanecerían impasibles ante la destrucción del país y las amenazas contra su población. La violencia no conseguiría doblegar al Estado y el Ejército respondería a los ataques con todas sus fuerzas. Y no se trataba sólo de palabras, porque éstas fueron corroboradas por los hechos.

Las FFAA parecen determinadas a erradicar la Hermandad y en ello han puesto todo su empeño con la detención de la mayor parte de sus dirigentes, incluido su líder supremo Mohamed Badia, y cuadros intermedios, y de multitud de sus militantes -se habla de cerca de 10.000 arrestos-. No va a ser fácil que lo consigan, como ha demostrado la experiencia. Dentro de la Hermandad cabe distinguir entre su brazo político -el Partido Libertad y Justicia (PLJ)- y la organización social propiamente dicha, una especie de gigantesca ONG con estatuto poco definido, implantada con fuerza en todo el país. Las FFAA, que controlan un supuesto Gobierno de transición hacia la democracia, podrán ilegalizar sin mayores problemas al PLJ, vertiente política de los HM, pero no les resultará tan fácil desarbolar el entramado social de la Hermandad. Y, aún en el hipotético caso de que lo consiguieran, seguirían encontrándose con el malestar y la protesta generalizada de buena parte del pueblo egipcio.

Los HM han plantado cara al Ejército y lo ha desafiado abiertamente con su política de manifestaciones, concentraciones, protestas dispersas e incluso acciones armadas, y las FFAA han reaccionado con extremada brutalidad, decapitando su cúpula directiva y desmantelando la organización. Los efectos empiezan a dejarse sentir debido a la falta de comunicación entre los nuevos dirigentes y sus bases, y al creciente temor de los militantes ante la severidad de las medidas militares de represalia. No queda más opción a la Hermandad que aceptar velis nolis la democracia y el juego político que se le impone, y participar en futuras elecciones, o mantener su total oposición, pasar a la clandestinidad con todas sus consecuencias, e incluso echarse al monte junto con las milicias salafistas inspiradas por Al-Qaeda, que ya están actuando de forma sangrienta en la península del Sinaí. Como ha manifestado el exministro de Trabajo, Jales al-Azhari -uno de los pocos dirigentes islamistas aún en libertad-, "quizás tendríamos que volver a empezar y predicar de nuevo nuestro mensaje, volver a la calle y convencer a quienes nos insultan, y entonces regresar para acabar con el nuevo régimen". Si tal fuere la decisión de la Hermandad, llevarla a cabo requeriría tiempo y la falta del mismo corre en su contra.

Difícil homologación del islamismo político con la democracia

Los HM constituyen una realidad innegable y ningún Gobierno puede ignorarlos, mal que le pese. Como ha afirmado el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, es importante no excluir la participación de los HM, por lo que "su ilegalización no contribuiría al éxito del proceso político". La cuestión radica en que la Hermandad se deje convencer y acepte participar de nuevo en el juego democrático. Para hacer viable la homologación del islamismo político con la democracia sería preciso que se produjera en el islam una reforma similar a la producida en la cristiandad de separación entre Iglesia y Estado. Mahoma era un dirigente religioso y político, y en el islam que instauró no estableció distinciones entre los dos ámbitos.

Según Alaa al-Aswamy, el islam es una gran religión, pero no puede ofrecer un modelo de Estado y, en opinión de Renaud Girard, mientras sea sólo la verdad revelada la que prevalezca, la democracia estará en fuera de juego. El islamismo político debería imitar el ejemplo seguido a raíz de la II Guerra Mundial por los partidos cristiano-demócratas, que se limitaron a incluir los principios del cristianismo en sus fundamentos ideológicos, y crear partidos islámico-demócratas inspirados en el Corán. Es una misión casi imposible por el lastre de la tradición y por la inexistencia en el libro santo del islam de una sura que recoja el precepto evangélico de "dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".


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