No es peligroso asomarse al Exterior

Peligro de giro de India hacia un hinduismo político radical

Tras más de un mes de comicios, el día 16 se conocieron los resultados de las elecciones parlamentarias en India, la mayor democracia del mundo. Un 66,38% de los 814 millones de personas inscritas en el censo electoral acudieran a las urnas, con lo que se batió un récord de participación electoral. Conforme a los pronósticos, triunfó la Alianza Democrática Nacional, liderada por el partido hinduista Bharatiya Janata (BJP), que, pese a conseguir sólo el 31% de los votos, obtuvo la mayoría absoluta en la Lok Sabha (Cámara del Pueblo) con 282 escaños, lo que le permitirá gobernar en solitario. El gran derrotado ha sido el Partido del Congreso Nacional Indio (PCNI), que ha permanecido casi continuadamente en el Gobierno desde la independencia del país.

Desarrollo socioeconómico de la India

Con 1.210 millones de habitantes y un continuo crecimiento demográfico -en cinco años ha ganado 100 millones de nuevos electores-, India es la primera nación democrática del mundo que se rige por la economía de mercado. En los últimos 20 años ha experimentado un desarrollo económico y social impresionante con un crecimiento medio del PIB del 5,8%, si bien, aunque en 2012 llegó hasta el 10%, un año más tarde cayó al 4,5%. Este desarrollo ha afectado profundamente a la sociedad, como pude comprobar en mi última visita a Goa y Karnatka, especialmente a la capital de este Estado, Bangalore, joya de la corona republicana y principal centro industrial de la nación.

Ha ido surgiendo una potente clase media, promocionada por su formación intelectual –especialmente en las áreas de las matemáticas y de la economía-, su dominio del idioma inglés y su capacidad emprendedora, pero sólo se ha conseguido paliar parcialmente las grandes diferencias aún existentes entre las clases dirigentes y la deprimida población rural, el subproletariado urbano y los parias e intocables. Se ha mantenido el régimen segregacionista de castas pese a su abolición legal y más del 25% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Entre las graves carencias que subsisten cabe destacar la discriminación de la mujer y la corrupción general e institucionalizada en todos los niveles.

De esta coyuntura ha sabido sacar provecho el líder del BJP, Narendra Modi, que en los últimos trece años ha presidido con éxito el Gobierno de Gujarat y ha conseguido un notable desarrollo económico del Estado sin demasiados escándalos de corrupción. Ha hecho una campaña dinámica y brillante, generosamente financiada, en la que ha prometido crear cien millones de nuevos puestos de trabajo, realizar una reforma laboral y fiscal, fomentar la agricultura, facilitar la inversión extranjera, controlar la inflación y contener los precios –especialmente de alimentos básicos como la cebolla-, aumentar el crecimiento económico, mejorar el suministro eléctrico y las infraestructuras de comunicaciones y transportes, acabar con la corrupción y luchar contra la inseguridad ciudadana. ¡Atractivo programa!

Rotundo triunfo del BJP en las elecciones parlamentarias

La población tenía ganas de cambio ante la parálisis del Gobierno de 10 años del PCNI, que se ha caracterizado en su fase final por el estancamiento de las reformas, la desaceleración económica, la excesiva burocratización, la incompetencia y la corrupción. Aunque la diferencia en votos -31% frente al 19,3%- no resulte excesiva, sí lo ha sido la adjudicación de escaños -282 frente a 44-, que otorga al BJP una amplia mayoría para gobernar cómodamente. El Partido del Congreso, controlado por la dinastía republicana de los Gandhi, ha obtenido los peores resultados de su historia y no ha conseguido ningún diputado en diez Estados, incluidos algunos de sus antiguos feudos. Ha contribuido a ello la grisácea personalidad del representante de la cuarta generación de la saga, Rahul Gandhi, que ha realizado una campaña anodina y de bajo nivel. Hay politólogos que estiman que se ha hecho a propósito para preservar su imagen y las posibilidades para el futuro, dado que todos los sondeos auguraban la derrota del PCNI, algunos de cuyos militantes cuestionan el liderazgo de Rahul y preconizan el de su hermana Priyanka, portadora en sus genes el carisma de la abuela Indira.

En todo caso, no debe darse por enterrados a 'los Kennedy de India', que ya han pasado por situaciones similares y siempre han encontrado la manera de resucitar. El tema de la corrupción, asumido como normal por la población, no ha influido de forma decisiva en la debacle. Prueba de ello ha sido el fracaso de Aam Aadmi (Partido del Hombre Corriente) de Arvind Kejriwal, quien, espoleado por su éxito en las elecciones presidenciales en Delhi en 2013 con su programa monotemático de lucha contra la corrupción, ha presentado a su partido en todo el Estado, y sólo ha obtenido 2% de los votos y 4 escaños. Osó presentarse en la ciudad santa de Benarés contra el propio Modi y fue barrido por el hinduista.

Tentación de radicalización del hinduismo político en el poder

Narendra Modi es desde el día 25 el primer ministro de la India y, aunque tiene el camino expedito por la mayoría absoluta del BJP y la debilidad de la oposición del PCNI, cuenta con puntos débiles en su historial y en su programa, y algún que otro esqueleto en el armario. Según el Preámbulo de la Constitución de 1950, India es una República “soberana, socialista, laica y democrática”. La religión predominante es el hinduismo (80,5%), seguida a gran distancia por el islamismo (13,5%, tercera comunidad musulmana en el mundo), el cristianismo (2,3%), el sikhismo (1,9%), el budismo (0,8%) y otras creencias minoritarias. El hinduismo es una religión abierta y tolerante basada –según Mahatma Gandhi, padre de la India moderna- en un compromiso ético con la justicia social y la verdad. Partiendo del lema “tolerancia, paz y verdad”, afirmó en su autobiografía que debía existir armonía entre las personas porque todas se enlazan en una unidad.

Frente a esta tesis integradora se fueron creando grupos políticos que pretendían hacer de India un Estado hindú en vez de secular. Destacaban el hecho diferencial o “alteridad” de musulmanes y cristianos, y sancionaban moralmente el uso de la violencia como medio para imponer los derechos de los hindúes. Para dar voz al nacionalismo hinduista se creó en 1951 Jana Sangh, sustituido en 1980 por el BJP. Los nacionalistas extremistas iniciaron campañas para “hinduismizar” India, realizaron en 1992 una peregrinación por todo el país para recoger ladrillos con los que construir un templo a Rama en Ayohdya, destruyeron la mezquita de Babri –construida por el Emperador Babur en 1528- y provocaron la matanza de miles de musulmanes en dicha ciudad y en Bombay. También los cristianos fueron víctimas de este tipo de ataques sectarios. El ambiente xenófobo se trasladó en 2002 a Gujarat -donde a la sazón gobernaba Modi- y, tras el incendio de un tren en el que murieron 50 peregrinos hindúes, se produjo un “progrom” que causó la muerte de 790 islamistas.

El Gobierno gujarati fue acusado de pasividad, cuando no de connivencia, en los sucesos y Modi fue sometido a una investigación por el Tribunal Supremo, pero tras las conclusiones de los investigadores, fue exonerado por el Tribunal de Ahmadabad. El analista Praful Bidwai estima que el triunfo de BJP supone la derrota de la India secular e incluyente. Modi es un hinduista confeso y fundamentalista, aunque últimamente haya moderado el tono. Deberá escoger entre el hinduismo militante o el secularismo constitucional, y respetar las creencias y derechos de las minorías religiosas, en especial de musulmanes y cristianos, en cuyas comunidades ha surgido un justificado temor. En una carta abierta a Modi, el escritor Gopalkrishna Gandhi le ha instado a que recupere la confianza del 69% de los ciudadanos que no lo han votado, y a que adopte la Constitución “in toto” y no adapte, modifique, diluya o juegue con sus preceptos sobre las minorías. Esperemos que el flamante primer ministro opte por la legalidad, el pragmatismo y la moderación, y evite el desencadenamiento de una guerra religiosa y civil en la gran nación india.


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