No es peligroso asomarse al Exterior

PP y PSOE, destacados muñidores de “Podemos”

No por esperados dejan de ser menos desconsoladores los auspicios del CIS sobre el futuro de España. Según su último sondeo, en unas elecciones generales que se celebraran ahora PP obtendría 27.5% de los votos, PSOE 23.9%, “Podemos”(Ps) 22.5%, IU 4.8% y UPyD 4.1%. El 15.7% de los encuestados se abstendrían y 19.5% no tenían decidido su voto. En un año, PP e IU han perdido 6.5 puntos, UPyD 3.6 y PSOE 2.9, mientras que Ps ha ganado 14.5. Estos votos proceden del 44.4% de antiguos electores de IU, 27.4% de UPyD, 23.4% de PSOE y 5.9% de PP.

Los comunistas van camino de ser fagocitados por las huestes de Pablo Iglesias –por lo que están tratando de pactar con él para evitarlo- y la formación magenta ha perdido su atractivo regenerador, debido en parte a la testarudez y falta de pragmatismo de Rosa Díez, que se niega a concertarse con “Ciudadanos”. El rechazo total de la corrupción, a la que PP y PSOE no se han atrevido a enfrentarse, ha facilitado la explosión de Ps. Como gráficamente ha expresado Victoria Prego, el hormiguero político se ha deshecho por su pisada, la disciplinada fila de hormigas ha estallado en mil direcciones y se ha instalado el caos.

Reto al bipartidismo con el auge de PODEMOS

La consolidación de Ps como alternativa de Gobierno supone la erosión del sistema bipartidista en que hasta ahora se ha basado la democracia española y, si los sondeos se confirmaran en las elecciones, el PP –aun siendo minoría mayoritaria- quedaría en soledad frente a una eventual coalición de izquierdas. Pedro Sánchez había pregonado que nunca pactaría con un partido populista cuyo ideal era la Venezuela de Chaves, pero donde dijo “digo” ahora dice “Diego” o “Pablo”, y no descarta  celebrar pactos puntuales con Ps para acceder al Gobierno si el PSOE no lograra mayoría absoluta. Me recuerda al Capitán de la marina inglesa en la opereta de Gilbert y Salomon “HMS Pinafore”, que, cuando le preguntaron si se había mareado alguna vez, contestó “¡Nunca!”, pero, al reiterarle la pregunta, matizó: “¡Bueno…, casi nunca!”.

A este “hardly ever” se agarra Sánchez y –como su santo patrón- está dispuesto a negar hasta tres veces a Cristo para que los españoles puedan gozar de verle como Presidente de la nación, aunque Ps no se lo pondrá fácil. Como ha señalado su portavoz Iñigo Errejón, el bipartidismo está tocado pero no hundido y los socialistas tendrían que optar por entenderse con PP o con Ps. En el segundo caso, deberían hacer una reflexión muy crítica de su pasado y dar un giro de 180 grados en su política. Sánchez ya ha asegurado que nunca –o ¿casi nunca?- hará una gran coalición con el PP, porque seria contraria al sistema democrático en España (¿?).

Preocupado por la situación en que nos hallamos, el pasado 30 de Octubre envié una carta al Presidente Mariano Rajoy en la que le recriminaba que estuviera haciendo gala de tolerancia e inoperancia ante la corrupción existente en el PP. No bastaba con pedir perdón con la boca pequeña y seguir mirando hacia otro lado y no actuar, sino que había que realizar una catarsis ante tan lamentables prácticas, hacer autocrítica asumiendo su cuota de responsabilidad, tener propósito de enmienda, tomar medidas drásticas e inmediatas para poner coto a la situación y prescindir de los corruptos por acción o por omisión, pues tan responsable era el que robaba, como el que dejaba robar a sus subordinados. Si no actuaba de esta forma, el PP estaba abocado a seguir la vía de UCD y convertirse en una fuerza política irrelevante. Con su actitud, el Gobierno y el partido estaban regalando votos a mansalva a los movimientos antisistema como Ps, e incitando a sus electores al voto en blanco o a la abstención. Le expresaba mi confianza en que  recapacitara y cambiara su política, pues aún estaba a tiempo de rectificar y tratar de recuperar la confianza de parte de su electorado y de la sociedad española. No he recibido respuesta ni  acuse de recibo.

Insuficiente reacción de PP y PSOE frente a la corrupción

La falta de reacción del PP ante la hecatombe del sondeo delCIS ha sido decepcionante. Su Vicesecretario General, Carlos Floriano, ni siquiera ha mencionado la corrupción como una de las causas del estropicio, y María Dolores de Cospedal ha declarado que el PP ha hecho todo lo posible y reaccionado contra la corrupción con prontitud y contundencia. Pese a que –conforme a su Código Ético- el PP entienda que no es posible exigir regeneración a los demás si previamente no asume un compromiso de autoexigencia, está actuando como si la corrupción no se produjera en su seno, sino en los pagos de la oposición. La tardía afirmación de Rajoy de que va a abrir una nueva ventana contra la corrupción resulta poco creíble. El PSOE tampoco ha estado a la altura de las circunstancias en Andalucía y Sánchez se ha limitado a mostrar su satisfacción con las previsiones del CIS, porque ha obtenido mejor puntuación que Rajoy en la valoración -3.85  frente a 2.31-, magro consuelo, pues 60% de los encuestados no confía en él. Susana Díaz, sí ha reaccionado con habilidad –aunque con escasa fiabilidad- al afirmar que es necesario trasmitir a la ciudadanía una posición política clara y firme ante la corrupción, aunque tenga coste interno, pues la gente ya no está para palabras que nadie cree, sino por hechos, y que cualquier persona que resultara imputada tendría que dejar su escaño. Rajoy, en cambio, ha mantenido que imputado no equivale a acusado o condenado, y el PP ha tenido manga ancha en casos de imputación de sus miembros, especialmente en la Comunidad Valenciana.

Éxito de PODEMOS pese a la inanidad e irrealismo de su programa

Estas circunstancias ofrecen un excelente caldo de cultivo para el progreso de Ps, pese a la falta de viabilidad y realismo de su programa, que tuve ocasión de poner de manifiesto en estas páginas hace unos meses. Iglesias acaba de celebrar una reunión en Bruselas con los Embajadores iberoamericanos ante la UE, quienes se han mostrado sorprendidos por la vacuidad del personaje y la inanidad de su programa, que –según Antonio Lucas- tiene más de placebo que de antibiótico y más de crecepelo que de vacuna. Supone un castigo de justicia poética para unos y una esperanza, aunque sea equivocada, para otros.

Su mensaje es claro, simplista, directo y atractivo, y lo preocupante es que está siendo aceptado por buena parte de la clase media, e incluso alta, que tiene elevado grado de formación. Son conscientes de la inviabilidad de sus promesas, pero -indignados con la tolerancia de la “casta” ante la corrupción- las asumen y, como ciertas ballenas, se muestran dispuestos a suicidarse políticamente dirigiéndose a sabiendas hacia unas costas donde quedarán varadas. Según Luis Arroyo, sus dirigentes son profesores universitarios expertos en comunicación, populistas inteligentes que han sabido aglutinar el descontento de la población y construido un mensaje simple pero eficaz.

Los empresarios temen que, si Rajoy no actúa más y mejor contra la corrupción, Ps accederá al Gobierno y provocará inestabilidad política y económica, pues –como ha dicho uno de ellos con una “boutade”-, la “P” sería sustituida por la “J”. En la reciente reunión del Instituto de Empresa Familiar –que ha calificado con 1.08 puntos a la clase política española-, el empresario venezolano Alberto Vollmer afirmó que ha empezado en España lo que ya ocurrió en Venezuela y se corre el riesgo de tener como interlocutores a quienes quieren destruir la empresa. El banco J.P.Morgan ha aconsejado a sus clientes que no compren deuda española, pues, si Ps accediera al poder, se produciría el impago de parte de ella. Parece difícil que Rajoy reaccione con acierto, porque sufre el síndrome de la Moncloa. Como ha observado José Enrique Serrano, cuando los Presidentes del Gobierno llegan al Olimpo monclovita se consideran como dioses y se desconectan de la realidad. Los dioses ciegan a los que quieren perder y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Según Fernando García de Cortázar, habría que levantar una plataforma que expresara no lo que Podemos, sino lo que Debemos hacer y, frente al mal que existe, oponer el bien que debería existir.


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