No es peligroso asomarse al Exterior

Jaque al "hacker" Assange

El 16 de Agosto el Gobierno de Ecuador concedió asilo diplomático al fundador de Wikileaks, Julian Assange, que se había refugiado en la Embajada ecuatoriana en Londres. El Ministro de Asuntos Exteriores, Ricardo Patiño, justificó esta decisión por proteger a una persona que, sin haber cometido delito alguno, se encontraba en un estado de total indefensión, e invocó la tradición de su país de defensa de los derechos humanos. Ecuador estaba convencido de que en Gran Bretaña se habían menoscabado los derechos procesales de Assange y de que la fiscalía sueca le había impedido ejercer su legítimo derecho de defensa. Era previsible su extradición a Estados Unidos, donde no gozaría de las debidas garantías y podría ser condenado a muerte. Como Australia no había protegido adecuadamente a su nacional, Ecuador se había prestado a hacerlo y le concedió asilo, de conformidad con el Convenio de Viena de 1961 sobre Relaciones Diplomáticas. Hay en estos predicamentos una serie de inexactitudes de hecho y de derecho que conviene aclarar y precisar.

Procesamiento de Assange por delitos sexuales

Assange ha sido procesado por delitos de violación y abusos sexuales contra dos ciudadanas de Suecia por los tribunales de este país, que expidieron una euro-orden para su detención. Detenido en Londres, el Gobierno sueco solicitó su extradición de acuerdo con el ordenamiento europeo, y los tribunales británicos -en tres instancias distintas- accedieron a la petición. El interesado –que se encontraba en libertad condicional- eludió la acción de la justicia al refugiarse en la Embajada ecuatoriana en Londres. Como “cree el ladrón que todos son de su condición”, el Gobierno ecuatoriano ha puesto en tela de juicio la independencia e integridad de los tribunales del Reino Unido y de Suecia, a los que ha acusado de complotar contra Assange en connivencia con Estados Unidos. La cuestión “sub iudice”, sin embargo, no se refiere a la posible violación de las normas sobre seguridad y respeto de las comunicaciones y la revelación de documentos oficiales secretos en contra de la seguridad de Estados Unidos realizadas por el “hacker”, sino a unos presuntos delitos de derecho común. El Gobierno norteamericano no ha pedido la extradición de Assange, por lo que los tribunales británicos y suecos no tienen por qué ofrecer ninguna garantía al efecto –como pretende su defensor Baltasar Garzón- y, en el caso hipotético de que se produjera, dichos tribunales seguirían la normativa europea que condiciona la concesión de la extradición a que no se aplique la pena de muerte al extraditado. Por consiguiente, el argumento justificativo del asilo de proteger a Assange frente a una condena capital en Estados Unidos es una elucubración política carente de sustentación jurídica.

Ecuador difícilmente puede conceder asilo diplomático de conformidad con el Convenio de Viena de 1961 dado que éste no regula dicha institución, por no considerarla cubierta por el Derecho Internacional general. Es–como señaló el Tribunal Internacional de Justicia en el caso Haya de la Torre- una costumbre regional limitada al ámbito de Iberoamérica y regulada por los Convenios de Montevideo de 1939 y de Caracas de 1954, en los que sólo son partes algunos Estados de la región. Estos tratados obligan a los Estados Parte en cuyo territorio se haya concedido el asilo por motivos de persecución política a permitir la salida del asilado del país. Aparte de que Assange no es un asilado político, Gran Bretaña no está obligada a aceptar una institución que no reconoce, aunque no le quede más remedio que tolerar la acogida en la Embajada ecuatoriana de un presunto delincuente que ha incumplido sus leyes.

Inviolabilidad de la Embajada de Ecuador en Londres

Assange tampoco es un refugiado político –como ha mantenido el ínclito Garzón-, ya que –según ha manifestado la ACNUR- no está perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, grupo social u opiniones políticas. Además no ha pedido refugio al Estado en que se encontraba, sino a la misión diplomática de un tercer Estado. El Reino Unido no está, por tanto, obligado a concederle un salvoconducto para que salga del país, sino que puede y debe detenerlo en cuanto abandone los locales de la Embajada. Lo que no puede hacer es autorizar a sus fuerzas de seguridad a que penetren en el edificio con esta intención –como ha advertido el “Foreign Office” al Gobierno ecuatoriano-, al amparo de la “Diplomatic and Consular Premises Act” de 1987, que permite retirar el “status” diplomático a una Embajada. Ha sido un grave lapso de la diplomacia británica, que conoce y respeta el Convenio de Viena –en el que Gran Bretaña es Parte-, que consagra la inviolabilidad de las sedes de las misiones diplomáticas. Se trata de una de las normas más antiguas e importantes del Derecho Diplomático, amparada por la costumbre internacional e incorporada al Convenio de Viena. Como señaló en 1980 el TIJ en su sentencia sobre el personal diplomático y consular de Estados Unidos en Irán, la inviolabilidad de los agentes diplomáticos y de los locales de las misiones diplomáticas es una de las bases de un régimen jurídico internacional establecido desde hace mucho tiempo. La salvaguardia de este principio es esencial para la seguridad y el bienestar de la comunidad internacional. Ni siquiera en el caso de ruptura de relaciones diplomática e incluso de guerra puede el Estado receptor dejar de respetar la inviolabilidad de las misiones diplomáticas.

Consciente de la metedura de pata, el Ministro de Asuntos Exteriores, William Hague, ha puesto sordina a la amenaza y afirmado que no hay peligro de que se irrumpa en la Embajada para detener a Assange. El daño, sin embargo, ya estaba hecho y el paso en falso británico ha permitido a Ecuador convertir un caso criminal en un conflicto de soberanías. El Presidente Rafael Correa ha tocado a rebato y pedido a las naciones iberoamericanas que apoyen a su país frente a la agresión imperialista de la pérfida Albión, y no ha tenido dificultad en obtener el apoyo unánime de los 11 miembros de UNASUR, que han condenado la amenaza del Reino Unido de entrar por la fuerza en la sede de la Embajada ecuatoriana en Londres.

Oportunismo populista del residente Correa

No deja de ser paradójico que se presente como adalid de la libertad de expresión un Presidente que ha sido criticado por la Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos, “Human Rights Watch” o Amnistía Internacional de sojuzgar a los medios de comunicación ecuatorianos. Así, Correa logró que periodistas del diario “El Universo” fueran condenados a tres años de cárcel y a una multa de $40 millones por delito de difamación, porque le llamaron dictador. El Presidente arrima el ascua de la defensa de los derechos humanos a su sardina política en período pre-electoral.

Como Gran Bretaña no está obligada a concederle un salvoconducto, Assange puede permanecer por tiempo indefinido refugiado en la Embajada de Ecuador. Su situación ha sido certeramente descrita por la ex-fiscal María Dolores Márquez de Prado, quien ha afirmado lo siguiente:”Que un acusado de violar a dos mujeres, un Presidente maltratador de periodistas libres e independientes, y un abogado condenado por profanar el derecho de defensa invoquen la institución del asilo diplomático para eludir el cumplimiento de resoluciones judiciales definitivas y firmes es, como mínimo, un fraude de ley”. Si encima pretenden dar lecciones de democracia a países con larga y sólida tradición jurídica, “suena a broma siniestra”. Assange ha recibido un jaque, que –pese al enroque protector de Correa- puede convertirse en mate.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba