No es peligroso asomarse al Exterior

El Estado Islámico se aprovecha de las disputas sectarias

En mi última columna hice referencia a un lúcido y provocador artículo sobre “Suníes contra Chiíes: el gran juego, la gran mentira”, publicado en “El Confidencial” por el periodista gaditano Ilya U. Topper. Algunas de sus consideraciones se vieron corroboradas el 26 de Junio por el triple atentado del Estado Islámico (EI) contra unos turistas en Túnez, una mezquita chiita en Kuwait y un empresario en Francia. El cuarto atentado en Somalia no parece estar directamente relacionado con los anteriores, porque las milicias de Al-Shabab no han rendido aún pleitesía al Califa Abu Bakú al-Bagdadi y sigue bajo la férula de Al-Qaeda, aunque esto carezca de relevancia por tratarse de “los mismos perros con distintos collares”. Los objetivos perseguidos por la barbarie yihadista del Califato no son fruto del azar, sino que obedecen a una bien planeada estrategia: poner contra las cuerdas la vía democrática iniciada por Túnez tras la “primavera árabe”, incitar a la confrontación sectaria en un conservador Estado sunita del Golfo Arábigo-Pérsico, y dar un toque de atención a un país occidental que se ha sumado activamente a la guerra contra el EI y que cuenta con un 10% de población musulmana no suficientemente integrada en la sociedad francesa, de la que procede un significativo número de los voluntarios que participan en los conflictos de Siria e Irak.

Topper ha afirmado que la división del Islam entre sunitas y chiitas es la mentira más voluminosa del recién estrenado siglo XXI, que ha sido vendida con éxito a la opinión pública como la causa de las masacres en Siria

¿Hay diferencias entre sunitas y chiitas?

Topper ha afirmado que la división del Islam entre sunitas y chiitas es la mentira más voluminosa del recién estrenado siglo XXI, que ha sido vendida con éxito a la opinión pública como la causa de las masacres en Siria, de la guerra civil en Irak o de las escaramuzas en Yemen. Se le ha ofrecido un molde en dos colores: verde clarito (sunismo) y verde oscuro (chiísmo). ¿Cómo no van a matarse entre ellos si llevan haciéndolo desde los tiempos de Mahoma?. Pues no es así, se contesta. Esta artificial confrontación fue provocada en 2003 por Paul Bremer, Jefe las fuerzas aliadas ocupantes de Irak, al decidir la supresión del Baaz y la creación de un Gobierno multi-religioso de mayoría chiita. Convirtió al país en un cuadrilátero de boxeo para combates religiosos y tribales, a pesar de que las diferencias teológicas entre las dos versiones del Islam fueran nulas, ya que comparten el mismo Dios y se rigen por los dictados del Corán, y tienen en común el fundamentalismo, la teocracia, la oración, la Sharía, las mezquitas, la concepción misógina de la mujer y la oposición radical al “infiel”. Sólo queda optar está entre el chador iraní y el burka saudita, entre la horca y la decapitación. Estas radicales afirmaciones –en buena medida fundadas- merecen ciertas matizaciones. Ya desde la época de su sucesor Alí surgieron diferencias entre quienes posteriormente serían calificados de sunitas y chiitas, que eran más de talante que de ideología. Éstos tenían una concepción más “sacrificial” del Islam –como revela la emblemática celebración de la “Ashura”- y estaban sometidos a la jerarquía de los Ayatollahs que no existe en la rama sunita. Estas diferencias no impidieron su pacífica cohabitación durante siglos, que aún prevalece en la mayoría de los países musulmanes, pese a la incitación fraticida de los dirigentes políticos de la dos ramas, cuyo liderazgo ha sido respectivamente asumido por Arabía Saudita y por Irán, que pugnan por la hegemonía en el Golfo. Las líneas religiosas y políticas se entrecruzan y confunden. Así, Irán apoya tanto a los chiitas de Hizbollah en Líbano como a los sunitas de Hamad en Palestina, y Arabia Saudita colabora con el chiita Irak contra el sunita EI, que persigue por igual a los chiitas y a los sunitas que no compartan su opinión. Entre las aspiraciones hegemónicas de Arabia Saudita e Irán, ha aparecido el EI como un tercero en discordia, que aprovecha el caos por él creado para imponer su poder. Entre los errores de Estados Unidos incluía la disolución del Ejército y de la Administración de Irak, y la entrega del poder a un chiita sectario como Nuri al-Maliki, que arrojó a los sunitas a las tinieblas exteriores y propició el enfrentamiento entre las dos comunidades.

El portavoz del EI, Mohamed Adnani, ha declarado que la mejor forma de acercarse a Alá en el Ramadán es recurriendo a la

yihadcontra los infieles

El Estado Islámico fomenta el enfrentamiento sectario entre las dos comunidades

Según el politólogo hispano-árabe Haizan Amirah Fernández, la división entre sunitas y chiitas ha sido la excusa del EI para dividir a los musulmanes y afianzar su poder en medio del caos. Inspirado en el wahabismo de Arabia Saudita, ha hecho una interpretación extremista, intolerante y sectaria del Islam, que propaga con múltiples recursos y con la colaboración de los medios de comunicación y de las redes sociales, que difunden gratis sus salvajadas con el consiguiente efecto mimético. No difiere en lo esencial de la técnica de Al-Qaeda, también surgida y financiada en Arabia Saudita, de la que sólo le separa cuestiones de liderazgo. El epicentro ideológico de quienes atacaron a turistas en Túnez, explotaron una mezquita en Kuwait o decapitaron en Francia se halla en la Península Arábiga, cuyos regímenes llevan décadas arropando y financiando una versión ultrapuritana, intolerante y misógina del Islam, ante la tolerancia de Estados Unidos y las potencias occidentales. Han permitido la creación de monstruos que han crecido hasta quedar fuera del control de sus munidores, contra los que ahora se revuelven, dejando en el camino destrucción, odio y polarización. El EI pide el derrocamiento de las dinastía de los Saud en Arabia Saudita y de los Al-Sabah en Kuwait, países predominantemente sunitas, aunque cuenten con importantes minorías chiitas, que son atacadas para provocar una confrontación sectaria entre las dos comunidades. Se sirve como instrumento del llamamiento a la “yihad” contra los “infieles”, que son todos los que –cristianos, yazidis, chiitas o sunitas moderados- no piensen como él. El portavoz del EI, Mohamed Adnani, ha declarado que la mejor forma de acercarse a Alá en el Ramadán es recurriendo a la yihadcontra los infieles, y ha hecho un llamamiento a sus fieles para que conviertan dicho mes en un desastre para ellos. En opinión de Enric González, la guerra contra el yihadismo del EI sólo podrá ser ganada si se suprime la mezcla tóxica de petrodólares y fundamentalismo que emana del Golfo, especialmente de Arabia Saudita.

El sádico

modus operandi del EI se ha puesto de manifiesto en Mosul, la antigua ciudad cristiana de patriarcas y profetas, que lleva ya un año bajo un tiránico control, que ha provocado el éxodo de más de un millón de ciudadanos

Intolerable sadismo del Estado Islámico

El sádico modus operandi del EI se ha puesto de manifiesto en Mosul, la antigua ciudad cristiana de patriarcas y profetas, que lleva ya un año bajo un tiránico control, que ha provocado el éxodo de más de un millón de ciudadanos. Ha consolidado su poder con brutales castigos, limpieza étnica y religiosa, férreo control de la moral pública y privada e imposición de una creciente lista de prohibiciones –consumo de licores y tabaco, música, TV, espectáculos y móviles. Ha prohibido la enseñanza de la Filosofía, la Historia, la Música o el Dibujo, y destruido el patrimonio arqueológico y artístico. Ha reducido el culto al islamismo e impuesto a los hombres el uso de la barba y a las mujeres la restricción de movimientos. Ha instaurado la policía de moral pública –prima hermana de la establecida en Irán por el Ruyohah Jomeini en los años 80- para vigilar la conducta de los ciudadanos. Los métodos implantados no tienen nada que envidiar a los establecidos en Irán o en Arabia Saudita. Controla férreamente la Educación, la Sanidad y los Servicios Públicos y, pese a sus desmanes, cuenta con el apoyo de una parte de la población, pues ha establecido un eficaz régimen asistencial, que facilita a la población abastecimiento de agua, reparto de alimentos y suministro de viviendas. No hay fuerza local que pueda socavar su dominio y el Gobierno iraquí ha aplazado los planes para reconquistar la ciudad para mejor ocasión. La pugna entre sunitas y chiitas, y entre sus mentores Arabia Saudita e Irán, ha permitido al EI controlar una buena parte de Irak y de Siria, ante la impotencia de Estados Unidos y sus aliados. Mientras dure la división sectaria encabezada por Riad y Teherán habrá -en opinión de Lluis Bassets, que comparto- Califato para rato.


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