No es peligroso asomarse al Exterior

Iran y Siria: estados conflictivos en Oriente Medio

Irán y Siria han sido en los últimos años dos de los Estados más desestabilizadores en el ya de por sí conflictivo Próximo Oriente. Ambos países han mantenido buenas relaciones y se han apoyado mutuamente, incluso con las armas,  frente enemigo común: Irak. Tras la desaparición de Saddam Husein y el acceso al Gobierno de los partidos chiitas, Irán ha mejorado notablemente sus relaciones con Irak -que ha abandonado su pretensión de liderazgo en la región del Golfo- y se enfrenta ahora con Arabia Saudita por la hegemonía en la zona. La guerra civil en Siria ha contribuido a aumentar la rivalidad entre los dos Estados, que –siguiendo criterios políticos y religiosos- han apoyado respectivamente a Bashar al-Asad y a los rebeldes. Estos se han multiplicado y dividido hasta formar siete grupos distintos enfrentados entre sí y, en este río revuelto, han salido ganando los hábiles pescadores del Estado Islámico (EI),que han establecido un Califato islámico radical en buena parte de Siria y de Irak. Por ello, la UE se replantea su actitud hacia estos dos países

Oposición occidental a la política nuclear de Irán

Después del derrocamiento del Shah Reza Pahlevi, Ruhollah Jomeini estableció en Irán un régimen confesional chiita dirigido por los ayatollah y los mullah. Una vez consolidado en el poder, trató de exportar su sistema político-religioso y se enfrentó en un conflicto bélico con Irak, en el que contó con el respaldo de la Siria de Hafez al-Asad. La guerra terminó en tablas y -tras el enfrentamiento con Estados Unidos en 1979 por el asalto a su Embajada y la toma y retención de rehenes durante más de un año- Irán sufrió el cerco político y económico de la comunidad internacional, con pocas excepciones como la de Siria. Las revoluciones no pueden ser permanentes y el régimen iraní templó sus anhelos expansionistas y trató de mejorar sus relaciones con Occidente. El principal problema para ser aceptado de nuevo en sociedad radicaba en su defensa del derecho a enriquecer uranio para desarrollar su industria nuclear. Irán era parte en el Tratado de 1968 de no Proliferación de Armas Nucleares, que le permitía investigar, producir y utilizar la energía nuclear con fines pacíficos sin discriminación, si bien le obligaba a no fabricar armas atómicas, ni a recabar o recibir ayuda para su producción.

Occidente se fijó más en el deber que en el derecho y, a pesar de que Irán - para garantizar que no usaría su industria nuclear para fabricar armas atómicas- había firmado con el Organismo Internacional de Energía Atómica un Acuerdo de Salvaguardias, que permitía la supervisión de los inspectores del Organismo, le cuestionó y condicionó su derecho al uso de la energía nuclear, en contraste con la actitud adoptada frente a China, India, Pakistán o Israel. Como Irán empezó a dificultar las inspecciones del OIEA, los países occidentales le impusieron  sanciones económicas a partir de 2007. Tras su elección como Presidente, Hasan Rohani procuró sacar a su país del aislamiento internacional e inició negociaciones con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y Alemania, que concluyeron con la adopción en Diciembre de 2013 de un Acuerdo interino de control de la industria nuclear iraní. Irán se comprometía por seis meses a no enriquecer uranio por encima del 5%, a reducir al 20% su stock de uranio enriquecido y a paralizar el uso de centrifugadoras en tres de sus planteas nucleares, y las potencias occidentales a levantar parte de las sanciones económicas impuestas. Como a principios de 2014 Irán había desconectado las centrifugadoras de sus plantas de Natanz y Fordo y paralizado el reactor de agua pesada de Arak, el Grupo 5+1 autorizó el levantamiento del embargo a las exportaciones de petróleo y otros productos. En un artículo conjunto, varias personalidades –entre las que figuraban Javier Solana, Ana de Palacio y Emma Bonino- destacaron que el Acuerdo proporcionaba garantías sólidas para hacer más efectiva la supervisión del programa nuclear iraní, y alentaron a que continuaran las negociaciones con miras a un Acuerdo definitivo, que creara el espacio político necesario para incorporar a Irán a un diálogo y compromiso con Occidente, con lo que se lograrían objetivos de no proliferación, de seguridad regional y global, y de apaciguamiento de los conflictos en Oriente Medio. Las negociaciones continuaron, pero –pese al acercamiento de posiciones- no se ha concluido un acuerdo definitivo, si bien las partes se han dado un margen de un año para seguir negociando con ese propósito y han  aceptado mantener el Acuerdo interino.

Alternancias en la guerra civil siria

Los Gobiernos de los al-Asad –basados en una minoría alauita del 11%, rama del chiísmo- han controlado Siria de forma autocrática y sectaria. La reacción violenta a las demandas democráticas de la oposición laica provocó el desencadenamiento de una guerra civil, que se ha contaminado con la intervención del islamismo radical, de al-Qaeda al EI. Bashar al-Asad ha bombardeado y masacrado a la población civil con todo tipo de armas, incluidas las químicas, y ha causado más de 110.000 muertos, pues su intención es la de conservar el poder a cualquier precio. Tras una fase de éxitos de la oposición armada, Bashar ha revertido la tendencia gracias a la intervención directa de las milicias de Hizbullah, el uso implacable de los bombardeos y -sobre todo- la división de la oposición. Los países occidentales han condenado la actuación del Presidente sirio –que ha contado con el apoyo incondicional de Irán y Rusia-, pero no se han atrevido a facilitar armamento a la oposición moderada por temor a que cayera en manos de los radicales. En las negociaciones de paz de Ginebra-I en 2012 se llegó a la conclusión de que había que solucionar el conflicto mediante el diálogo entre las partes interesadas y la salida del poder de al-Asad. Bashar se libró de la intervención de Estados Unidos y otros países por sus ataques con sustancias químicas gracias a la mediación de Rusia, que propició la adopción de un acuerdo para la destrucción controlada del arsenal sirio de dichas armas. A la Conferencia de Ginebra-II de principios de 2014 no fue invitada Irán, por negarse a aceptar la condición de Ginebra-I de excluir a Asad y pedir una reunión sin precondiciones, lo que fue calificado por el ministro ruso Sergei Lavrov de error imperdonable, pues Irán era un actor indispensable para conseguir una solución política negociada. La Conferencia fue un fracaso y la guerra ha continuado en beneficio de Bashar, que se ha consolidado en el poder. 

¿Cambio de actitud de la UE hacia Siria e Irán?

En su última reunión, los Ministros de Asuntos Exteriores de la UE han decidido cambiar de estrategia por considerar que la remoción de Asad crearía un vacío de poder que podría ser ocupado por el EI, lo que sería aún peor. Para José Manuel García-Margallo, Asad es una realidad que hay que asumir y forma parte de la solución, aunque no del futuro, del país. Como es conveniente propiciar una negociación política para lograr una solución pacífica, han decidido apoyar el plan del Representante Especial de la ONU, fórmula que dará un mayor protagonismo a Rusia y permitirá la participación de Irán. Su Embajador en Madrid, Mohamad Fadaei, ha afirmado que el EI era una amenaza contra todos los logros y valores dignos de respeto de la comunidad internacional y de cualquier religión o civilización, y que Irán tenía por objetivo luchar contra el extremismo del terrorismo tafkiri y trabajar por devolver la  estabilidad y la seguridad a la región. Hay que tomarle la palabra y obtener la involucración de Irán, ya que puede influir sobre Siria y Hizbullah. Conviene ser pragmáticos y no echar en saco roto la catastrófica experiencia sufrida por Irak con la eliminación de Saddam y la exclusión de los sunitas. Aunque sea difícil convivir con Asad, “más vale malo conocido que bueno por conocer”, sobre todo cuando el EI tiene bien poco de bueno. Rohani desea colaborar con Occidente, especialmente por el empeoramiento de la crisis económica tras el hundimiento del precio del petróleo, y se le debe ofrecer una salida airosa a la cuestión nuclear, de conformidad con el TNP.


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