No es peligroso asomarse al Exterior

Incógnitas tras el cambio de secretario general del PSOE

El pasado 13 de Julio los militantes del PSOE eligieron por votación directa a su secretario general (SG). Participaron 63% de los miembros censados y ganó el diputado raso Pedro Sánchez con el 63% de los votos, frente al 36% de Eduardo Madina, Secretario del Grupo Parlamentario Socialista, y al 15% del líder de Izquierda Socialista, José Antonio Pérez Tapias. Sánchez venció conforme a los pronósticos -aunque con una diferencia superior a la esperada- en 11 comunidades autónomas y en Melilla, y obtuvo su máximo apoyo en Andalucía, gracias al respaldo de la baronesa Susana Díaz, primera persona con la que se entrevistó tras ser elegido. Calificado por Raúl del Pozo de “izquierda sin sectarismo”, su nombramiento ha sido recibido con  satisfacción general, al ser considerado el menos radical de los candidatos.

Necesidad de democracia interna en los partidos políticos

Un eufórico Sánchez afirmó tras su elección que el PSOE había “respondido a la crisis de la democracia con más democracia”. En efecto, es digno de elogio el esfuerzo de transparencia y democracia interna mostradas por el partido, como consecuencia de la autocrítica realizada tras haber perdido 7.5 millones de votos en seis años. Aunque algún periodista lo haya calificado de “tertulia de colegio  mayor”, fue reconfortante el debate abierto entre los candidatos, que respondieron en directo y sin filtros a las preguntas de periodistas y militantes.

Ha sido un lavado de imagen que ha puesto de manifiesto que la transparencia y la democracia interna son incluso políticamente rentables. Nota y ejemplo debería tomar el PP, aunque lo veo harto difícil, pues su presidente, Mariano Rajoy, parece perseguir como único objetivo la recuperación económica –que es  fundamental y donde ha conseguido importantes logros-, pero desdeña la imprescindible regeneración política y la lucha contra la corrupción y otros abusos. Olvida el mandato bíblico “no sólo de pan vive el hombre” y no es sensible al “hambre y sed” de justicia y democracia auténtica y representativa que siente la mayoría del pueblo español, que no sólo demanda bienestar económico, sino también una democracia de calidad y una conducta ética de sus políticos.

Los “indignados” han salido a las calles al grito de “no nos representan”, aunque tampoco nos representan los melenudos airados que gritan en las frecuentes algaradas callejeras. Formalmente sí nos representan, pero lo hacen muy mal, pues no son representantes de los ciudadanos que los han votado, sino de los partidos que los han alzado a la poltrona y les exigen fidelidad perruna. ¿Quién es mi diputado? ¿A qué concejal me debo dirigir para plantear una irregularidad o una injusticia?

¡Qué diferencia de la situación en Irlanda! Allí los diputados no son “cuneros” y tienen que ganarse a diario el apoyo de sus electores. Pasan los fines de semana en sus circunscripciones, donde abren consultas para escuchar las quejas de sus conciudadanos, atender a sus peticiones y asistir a bautizos, bodas y entierros. Sin llegar al excesivo parroquianismo irlandés, es preciso un mayor acercamiento de la autoridad –sea estatal, autonómica o municipal- a los electores y una mejor receptividad de sus legítimas aspiraciones, lo que hace imprescindible la reforma de la Ley electoral y, sobre todo, un cambio de mentalidad en los partidos políticos.

¿Alcanzará el cambio a la política del PSOE?

El deseo transformador no se debe plasmar sólo en un cambio en la persona del SG. Lo importante es la política que siga el PSOE y, de momento, sólo cabe abrir a Sánchez una cuenta a plazo fijo. Todos los candidatos se han manifestado a favor de una “apertura a sinistra” ante el mordisco de Podemos y otras fuerzas de izquierda, cuando lo que necesita el partido es recuperar el centro, si quiere ser alternativa de Gobierno.

Su alianza contra natura con izquierdistas radicales y nacionalistas separatistas –sea en Cataluña con el tripartito, o en Galicia y Baleares- le han pasado factura. Sánchez abre una página en blanco y es aún un “melón por calar”, como su mentora Susana, una “aparatchik” inexplicablemente aupada a la categoría de estadista, sin más méritos -por ahora- que el dedazo presidencial andaluz, si bien es cierto que “en la tierra de los ciegos, la tuerta es reina”.

Presenta un meritorio “currículum”, planta de líder y buenas maneras. Ha hablado de estabilidad, abierto el camino para la consecución de pactos en cuestiones de Estado, afirmado que “somos  socialistas, no nacionalistas” y ofrecido a Rajoy que “cuente con el PSOE” para resolver la cuestión de Cataluña. Ha propugnado un proyecto progresista que “no caiga en el populismo y la demagogia”, y afirmado –mirando de reojo a Pablo Iglesias II- que no pagar la deuda o dejar quebrar los bancos llevaría a España a situaciones como la Gran Depresión de 1929.

Ha cerrado, sin embargo, la puerta a una gran coalición con el PP –al que está obsesionado por expulsar del Gobierno-, por no estar en el ADN del PSOE. Su primera decisión –forzar a los europarlamentarios socialistas a votar contra la elección de Jean-Claude Juncker, pese al compromiso asumido en el seno del Grupo Socialista Europeo- ha sido un grave error, que ha puesto de manifiesto su inmadurez e irresponsabilidad. Podía haber optado por la abstención –como los socialistas franceses- pero su irreflexiva decisión ha dejado al PSOE en la incómoda compañía de los racistas de Marine Le Pen, los eurófobos de Nigel Farage y los radicales de Podemos.

Su siguiente decisión también ha sido cuestionada, pues -tras haberse comprometido a celebrar en noviembre las primarias abiertas para elegir al candidato presidencial- ha cedido sin problema a las maternales presiones de Susana y las ha dejado para el próximo verano. Aunque sea ampliamente asumido el cínico aserto de Enrique Tierno de que las promesas electorales se hacen para no ser cumplidas, resulta un poco chocante que el incumplimiento se realice, como las comedias de Lope de Vega, “en horas 24”.

El grave problema del referéndum catalán de autodeterminación

El referéndum catalán de autodeterminación es la cuestión más grave y urgente que enfrenta el PSOE, que cuenta con la hipoteca del PSC, su franquicia en Cataluña y principal punto de referencia. Tras superar de momento su enésima crisis de liderazgo, su nuevo SG, Miquel Iceta –que ha nombrado presidente del Partido al alcalde de Lérida, Ángel Ros, forofo del derecho a decidir- ha afirmado que no habrá solución estable del problema mientras los catalanes no se pronuncien en un referéndum legal sobre el futuro de sus relaciones con el resto de España, y ha ofrecido, con ligereza, una contrapropuesta de pregunta en la que subraya el carácter de nación de Cataluña, impulsa un pacto fiscal y blinda sus competencias lingüísticas.

Sánchez cometió inicialmente algunos deslices, como no considerar prioritaria la solución del problema catalán, avalar la consulta soberanista o reconocer a Cataluña como nación. Más tarde rectificó -lo que dio pie a que Madina le echara en cara: “no voy a decir que España es una nación los lunes y dos naciones los jueves”-, y afirmó que no había que hacer un referéndum en Cataluña, ni pactado ni legal.

El Parlament ha aprobado, con apoyo del PSC, la ley de consultas populares refrendarias, que –según el portavoz de CIU, Josep Rull- “amparará la consulta del 9 de noviembre y nos permitirá hacerla”. Se ha basado en el artículo 122 del Estatut –que permite a la Generalitathacer consultas populares-, pero ha pasado por alto que habrá de hacerlas “en el ámbito de sus competencias” y que el artículo 149-1-32 de la Constitución concede al Estado competencia exclusiva para autorizar consultas por referéndum. Es un fraude a la ley con el que se trata de camuflar la celebración de un referéndum de autodeterminación en el marco más amplio de una consulta popular. Guillermo Fernández Vara ha observado que, con su voto, el PSC “está dando carta de naturaleza al derecho a decidir”, y Sánchez ha reiterado que el PSOE seguirá rechazando la celebración de la consulta. Será ésta una piedra de toque para el nuevo SG, que tiene al adversario dentro de sus propias filas.


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