No es peligroso asomarse al Exterior

“In memóriam”: Tarik Aziz

El pasado día 5, Tarik Aziz –antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de Irak– falleció de un ataque al corazón en la cárcel de Camp Cropper (Nasiriya). Sus restos mortales fueron enterrados el 13 de Junio, día de San Antonio, santo al que veneraba, en Madaba (Jordania), donde su familia vive exilada desde 2003. Aunque soy consciente de realizar un acto políticamente incorrecto y de transgredir los cánones de una sociedad bienpensante y mal informada, quiero rendir un modesto homenaje póstumo a un hombre, a quien conocí personalmente, que fue injustamente condenado a muerte por la supuesta comisión de crímenes contra la humanidad.

Pese a su carácter de “

outsider” por ser católico y no pertenecer al “Grupo de Tikrit” fue incorporado al núcleo dirigente del Gobierno iraquí y del partido Baaz a causa de su capacidad

Breve biografía de Tarik Aziz

Mijail Yuhanna, que arabizó su nombre cambiándolo por el de Tarik Aziz, nació en 1936 en Tel Keppe, un pequeño pueblo cercano a Mosul, en el seno de una familia caldea católica. Se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Bagdad y, en los años 50, se afilió al partido nacionalista panárabe Baaz, creado por otro cristiano, Michel Aflak, que estaba a la sazón en la clandestinidad por ser considerado ilegal. Allí coincidió y trabó amistad con Saddan Hussein, quien lo nombró en 1968 Director del periódico del partido “Al-Thawra” y en 1974 Ministro de Información. En 1979 fue elegido miembro del Consejo Supremo de la Revolución y designado segundo Viceprimer Ministro. Desempeñó el puesto de Ministro de Asuntos Exteriores entre 1983 y 1991.

Pese a su carácter de “outsider” por ser católico y no pertenecer al “Grupo de Tikrit”, formado por los coterráneos tribales de Saddam, fue incorporado al núcleo dirigente del Gobierno iraquí y del partido Baaz a causa de su capacidad, de su dominio del inglés y de su amistad con el Presidente. En 1990, Irak invadió Kuwait –en contra del criterio de Aziz- y, tras derrocar a su Gobierno, condicionó hábilmente la retirada de sus tropas a que hicieran lo propio Israel en Palestina y Siria en Líbano, pero su propuesta fue rechazada por Estados Unidos y por la CE. Aziz –que era partidario de la retirada- participó activamente en las negociaciones propiciadas por Rusia y Francia para solucionar el conflicto, entrevistándose con el Presidente Georges Bush Sr. y con su Secretario de Estado, James Baker.

La suerte, sin embargo, estaba echada porque Estados Unidos –que ya había decidido intervenir por presión de Israel-, que se puso al frente de de una coalición internacional, cuyas tropas derrotaron a las de Irak y ocuparon su territorio. Tras el fiasco kuwaití, Aziz dimitió como Ministro, aunque conservó el rango de Viceprimer Ministro y se convirtió en asesor personal de Saddam en política exterior. Fue el punto de conexión de Irak con la ONU para aplicar las sanciones económicas impuestas por la Organización y para facilitar las labores de inspección de las supuestas armas de destrucción masiva, llevadas a cabo por la Comisión presidida por Hans Blix, pues el Presidente Bush había decidido –con buen criterio- mantener a Saddam en el poder para garantizar la unidad de un país integrado por un Sur chiita, un Centro sunita y un Norte kurdo. Aziz trató de convencer a Estados Unidos de que Irak no poseía tales armas, pero Georges Bush Jr. buscaba una excusa para enmendar la plana a su progenitor y atacó Irak para derrocar a Saddam. Esto desembocó en la guerra del Golfo de 2003, que Aziz hizo todo lo posible para evitar, aunque sus esfuerzos resultaron vanos. Tras la derrota iraquí, Aziz se entregó a las fuerzas ocupantes estadounidense, que lo pasaron a manos del nuevo Gobierno iraquí presidido por el fanático chiita Nuri al-Maliki, miembro del partido radical al-Dawa, que había atentado contra él en 1980. Fue juzgado en 2009 por un Tribunal iraquí -más guiado por la venganza que por la justicia- y condenado a muerte por crímenes de lesa humanidad. El Presidente de la República, Jalal Talabani, se negó a firmar la orden de ejecución -de la que no se libró Saddam- y le conmutó la pena capital por la de cadena perpetua. Cumplió dicha condena en unas condiciones humillantes y tuvo que ponerse en huelga de hambre para que le autorizaran a recibir visitas de sus familiares. 

Persona abierta y tolerante, era la cara amable del régimen, “guante de terciopelo” y elemento moderador del Gobierno de Saddam

Relaciones personales con Tarik Aziz

Tarik Aziz fue la primera autoridad iraquí a quien conocí cuando, pocos días después de mi llegada a Bagdad, le entregué las “cartas de estilo”, copia de las cartas credenciales que me acreditaban como Embajador de España en Irak. Me acogió cordialmente, con su habitual bonhomía, y mantuvimos una grata conversación. Aunque tuve pocos contactos directos con él, debido a la política de cerrazón y de aislamiento del régimen –que consideraba a los extranjeros enemigos potenciales–, las relaciones oficiales y personales entre los dos fueron buenas. Persona abierta y tolerante, era la cara amable del régimen, “guante de terciopelo” y elemento moderador del Gobierno de Saddam, aunque su influencia política era reducida. Era un hombre de bien, inteligente y con sentido del humor.

En una ocasión, los Embajadores de la CE le invitamos a una cena de trabajo en la que hablamos del desarrollo de la guerra con Irán. El anfitrión holandés criticó poco diplomáticamente la forma en que Irak estaba conduciendo el conflicto y Aziz, sin inmutarse, le replicó que los países miembros de la CE eran, en buena medida, responsables de su continuidad, por el armamento que suministraban a Irán a pesar de los embargos decretados, y nos preguntó:”¿Qué Estado de los que Vds. representan no le facilita armas? Durante unos segundos reinó en la sala un embarazoso silencio sepulcral, que fue interrumpido por el Embajador irlandés, Patrick McCabe, que, a su vez, le contestó:”Ministro, Irlanda no exporta armas a Irán, pero…es porque no las produce”. Se rodeó en el Ministerio de un equipo competente y moderado, formado por el Ministro de Estado Alwan, el Subsecretario al-Sahawi, y los Directores Generales de Europa, Hadawi, de Asuntos Jurídicos, Mahmoud, o de Relaciones Culturales, Bashir. En una larga conversación privada que tuve con él se mostró realista y comprensivo tanto con respecto a Irán, con quien quería finalizar la guerra, como con Israel. Afirmó que, aunque éste había atacado y destruido la central nuclear de Osirak, Irak no tenía animosidad contra el pueblo o el Estado israelitas, y que estaba dispuesto a reconocerlo, si aplicaba las resoluciones de la ONU sobre Palestina. 

La política de Estados Unidos de derrocar a Saddam Hussein y a Bashar al-Asad ha provocado efectos contrarios a los perseguidos: un Gobierno inestable y fallido en Irak y una guerra civil en Siria

Crítica situación de Irak

El periodista Ilya Topper ha dicho recientemente que la división del Islam entre chiitas y sunitas se inventó en 2003 cuando el “virrey” estadounidense en Irak, Paul Bremer, prohibió el Baaz y creó un Consejo de Gobierno de mayoría chiita. Yo añadiría a estos dos errores cometidos por Estados Unidos los de la supresión del Ejército iraquí dominado por los sunitas y la subsiguiente dispersión de sus bien armados miembros, el desmantelamiento de la Administración, y el nombramiento como Presidente del Gobierno de al-Maliqui, un chiita radical que inició su particular yihad contra los sunitas y provocó el enfrentamiento entre las dos comunidades. Como ha señalado acertadamente “El Mundo” en un editorial, la política de Estados Unidos de derrocar a Saddam Hussein y a Bashar al-Asad ha provocado efectos contrarios a los perseguidos: un Gobierno inestable y fallido en Irak, una guerra civil en Siria y el establecimiento en partes de los dos países de la teocracia del Estado Islámico (EI), que ha causado la aniquilación de minorías étnicas y religiosas, la imposición por la fuerza de la moral musulmana, la destrucción del patrimonio artístico y el uso del terror como medio de acción política. El ex-Ministro se ha librado, al menos, de ver a su querida Mosul convertida en “una cárcel a cielo abierto en manos del EI”. Aziz se equivocó al apoyar al régimen iraquí y tratar de blanquear sus abominables acciones ante la comunidad internacional, y cometió graves errores por acción o por omisión, pero no fue autor de crímenes de lesa humanidad. Su delito fue el haberse mantenido fiel a su nación y a su jefe y amigo Saddam hasta el final de sus días. ¡Que Dios lo haya acogido en su seno!


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