No es peligroso asomarse al Exterior

Frau Merkel über alles

El pasado día 22 se celebraron en Alemania las elecciones generales, que se saldaron con la victoria de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su filial bávara Unión Social Cristiana (CSU), que han estado a punto de conseguir la mayoría absoluta. Fue un triunfo para el partido, pero sobre todo un éxito personal de la canciller Angela Merkel, que ganó las elecciones por tercera vez consecutiva.

Resultados de las elecciones

En la República Federal de Alemania existe una gran estabilidad política gracias a la existencia de dos partidos mayoritarios, la CDU y el Partido Social Demócrata (SPD), que se han alternado en el poder, con el apoyo de una fuerza bisagra, el Partido Liberal Demócrata (FDP), que inclinaba la balanza hacia un lado u otro del espectro político. En el periodo 1988-1995, esta labor fue desempeñada por el partidos de Los Verdes. Las diferencias entre los dos principales partidos no son considerables, lo que ha hecho posible la formación de coaliciones entre ellos en los años 1966-1969 y 2005-2009, y probablemente de una tercera en el inmediato futuro. Las cuestiones básicas que se plantearon durante la campaña electoral fueron si la CDU consolidaría su posición dominante, si el SPD se mantendría o seguiría perdiendo votos, si el FDP continuaría con su presencia en el Parlamento Federal y podría apuntalar un Gobierno con los cristianodemócratas, si las fuerzas minoritarias de Los Verdes y de La Izquierda (Die Linke) conservarían sus escaños y si entraría en el Parlamento el nuevo partido euroescéptico Alianza para Alemania (AfD), nutrido por electores desencantados de la CDU y del FDP.

La respuesta del pueblo alemán ha sido bastante concluyente: la CDU obtuvo el 41,7% de los votos, un 8,5% más que en 2009, y 296 escaños, 57 más, y sólo le faltaron tres diputados para lograr la mayoría absoluta. El SPD consiguió el 26,6% de los votos, un 2,6% más, y 182 escaños, 37 más. Salieron perdiendo Los Verdes con un 8,4% de los votos y 60 escaños, un 2,3% y 8 menos; y La Izquierda, con el 8,5% de los votos y también 60 escaños, 3,4% y 16 menos. Aunque el gran perdedor fue el FDP, que pasó del 14,6% al 4,8% de los votos y, por primera vez en su historia, ha quedado sin representación parlamentaria. Ha perdido apoyo por su ambigüedad y posibilismo y ha sido fagocitado por su socio mayoritario, que en esta ocasión no ha querido echarle una mano al recomendar a sus seguidores que no le dieran el segundo voto, pues, como declaró Ángela Merkel durante la campaña, su partido no quería regalar ningún voto y pretendía acoger en su seno a todo el electorado conservador. No se ha arrepentido de la desaparición de su tradicional aliado, aunque ello le esté complicando la formación del Gobierno. La mayor sorpresa relativa ha sido el éxito agridulce de AfD, que ha obtenido 4,8% de los votos y por dos décimas no ha logrado acceder al Parlamento. Esta novedad supone un toque de atención para la política europea de la canciller y un elemento desestabilizador en el futuro.

Posibilidades de formación de Gobierno

Los resultados electorales handejado abiertas las siguientes posibilidades de gobernación: Gobierno en minoría de la CDU, alianza de perdedores, minicoalición CDU-Verdes y gran coalición CDU-SPD. La primera opción no parece previsible por la falta de tradición de gobiernos en minoría y la preferencia por las coaliciones. Cuando, por única vez, la CDU alcanzó en 1957 la mayoría absoluta, Konrad Adenauer prefirió aliarse con el FDP, que desde entonces se convirtió en la fuerza bisagra que permitía la formación de ejecutivos estables, escorándose hacia la derecha o hacia la izquierda según las circunstancias. Un Gobierno en solitario sería el último recurso en caso de que fracasaran las distintas posibilidades de coalición existentes.

Tampoco se prevé una alianza de todos los demás partidos contra el triunfador, aunque sea teóricamente posible por tres escaños. Tanto el SPD como Los Verdes han manifestado que no tienen intención de coaligarse con La Izquierda, quien, a su vez, prefiere mantenerse en la oposición, con la esperanza de recuperarse a costa del desgaste de los partidos en el poder. A diferencia de lo ocurrido en algunas comunidades autónomas de España, como Madrid o Baleares, la praxis alemana no admite la 'coalición de perdedores', por ser considerada un fraude al electorado. La alianza CDU-Verdes tampoco parece probable, pese a que la decisión de Merkel de renunciar a la energía nuclear haya acercado posiciones, aunque a la par haya cortado la hierba bajo los pies de Los Verdes, a los que les ha birlado uno de los objetivos estrella de su programa. El líder ecologista Jürgen Trittin ha recomendado a su partido que no forme parte de un Gobierno en el que sería un socio insignificante para situaciones de emergencia. Los dos partidos tienen bien poco en común y Los Verdes optarán probablemente por hacer la travesía del desierto de la oposición para tratar de recuperar identidad y votos.

¿Gran coalición CDU-SPD?

Queda la fórmula más deseada, tanto en el ámbito interno como en el internacional: la grosse Koalition entre la CDU y el SPD. Este último tiene sus dudas tras el fiasco del último Gobierno de coalición y su hasta el viernes líder, Peer Steinbrück, ya advirtió desde el principio de que no contaran con él, por lo que ha hecho mutis por el foro y dado paso a Sigmar Gabriel. Merkel ya ha presentado su oferta envenenada y los socialdemócratas han pedido 'tiempo muerto' para estudiarla. Es de esperar una larga y ardua negociación, en la que el SPD tratará de poner condiciones y exigir garantías para que no ocurra como la última vez, en que padecieron el 'abrazo del oso' democristiano, pero su margen de maniobra no es excesivamente amplio. Se da por supuesto que la presencia socialista en el Gobierno facilitará a Merkel suavizar su abrasiva política europea, especialmente en relación con los países del Sur de la UE. El portavoz de la CDU, Steffen Seibert, ha dicho que la palabra clave es continuidad. No se producirán giros drásticos aunque habrá mayor flexibilidad.

La canciller, acusada por Steinbrück de “falta de pasión por Europa”, no se ha cansado de repetir que “a Alemania sólo le irá bien si a la UE le va bien”, ya que el 60% de sus exportaciones va a parar a estados miembros de la Unión y la estabilidad del euro es un factor fundamental para los intereses alemanes, pero ha afirmado de forma categórica que, con ella, no habría eurobonos ni emisión de deuda conjunta. Como ha señalado Jürgen Habermas, la política de ahorro llevará al saneamiento de las cuentas públicas a medio plazo, pero no cabe esperar de ella la eliminación de los desequilibrios económicos existentes en la zona euro. Se requieren para ello políticas fiscales y sociales comunes, para lo que son necesarias instituciones europeas con suficiente capacidad, que tomen decisiones desde la defensa del interés común europeo y no desde la defensa de los intereses nacionales. Alemania es, junto con Francia, el país que ha de hacer una propuesta en este sentido para que Europa pueda desempeñar su papel en el escenario global, por lo que debe responder a la auténtica naturaleza de su función en Europa. Sería deseable que el futuro Gobierno de Merkel, con el respaldo crítico del SPD, escuchara los sabios consejos de Habermas y se convirtiera en la locomotora, no sólo económica sino también política, de la UE, y dejando en un segundo plano sus –por otra parte legítimos- intereses nacionales en beneficio del conjunto de la Unión.


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