No es peligroso asomarse al Exterior

España mira hacia el sur con cautela

El día 9 asistí a la presentación del Informe del Instituto Elcano sobre “España mirando al Sur: del Mediterráneo al Sahel”, coordinado por Félix Arteaga. Este coloquio sigue a otro titulado significativamente “Mali, frontera con España”. El Ministro de Defensa, Pedro Morenés destacó que España -al ser el único Estado europeo que tiene fronteras con África- sirve de ancla entre los dos continentes y reiteró lo afirmado en el proyecto de “Estrategia de Acción Exterior” de que la zona norteafricana es de prioridad estratégica, y que la estabilidad y prosperidad de la ribera sur del Mediterráneo es determinante para nuestro país. El entonces Ministro de Asuntos Exteriores Francisco Fernández Ordóñez señaló en 1992 que los vectores de la política exterior española eran la integración en Europa, la proyección iberoamericana, la solidaridad mediterránea y el vínculo atlántico. De esta enumeración quedaba excluida el África Subsahariana, la “cenicienta” de nuestras relaciones internacionales. Siempre ha estado marginada por los distintos Gobiernos, que sólo se han acordado de ella en momentos críticos, como cuando en 1980 la Organización de la Unidad Africana reconoció a Canarias el derecho a la libre determinación y a la independencia. Ello provocó un inusitado aluvión de visitas al continente de misiones gubernamentales y parlamentarias, que consiguieron obtener el apoyo de la mayoría de los Gobiernos africanos y parar el desafío lanzado por el movimiento secesionista canario MPAIAC con el respaldo de Argelia, pero -superado el peligro- África volvió caer en el olvido. Salvo en relación con el Magreb, el Gobierno no ha seguido en el resto del continente una política coordinada, coherente y continuada, y ha reaccionado sólo de forma reactiva y fragmentaria ante peligros coyunturales, como el aumento en 2006 de los desembarcos de pateras con inmigrantes ilegales, que llevó a la firma de varios acuerdos de cooperación con países de la zona para paliar la situación. 

En la “Estrategia de Seguridad Nacional” de 2013 se señaló que la zona de riesgo de España se extendía del Golfo de Guinea al Cuerno de Somalia, incluida la zona intermedia del Sahel

Debilidad de África en materia de seguridad

La alerta se encendió con la presencia en el Sahel de bandas terroristas inspiradas por al-Qaeda, bien armadas y organizadas, que –tras la debacle de la guerra civil libia y la ocupación de Mali, desbaratada gracias a la intervención militar francesa en la “Operación Serval”- se adueñaron de la zona al sur del Sahara y se enfrentaron con los Estados de la región, como sucedió por ejemplo con el ataque de Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) a la explotación petrolífera argelina de In Amenas en 2013. La seguridad de los españoles empieza muy lejos de las fronteras tradicionales. En la “Estrategia de Seguridad Nacional” de 2013 se señaló que la zona de riesgo de España se extendía del Golfo de Guinea al Cuerno de Somalia, incluida la zona intermedia del Sahel, donde existe un vacío de poder. Los Estados-tapones entre la región y la España peninsular e insular son bastantes vulnerables. Libia es un Estado fallido en situación de guerra civil, que cuenta con dos Gobiernos y dos Parlamentos enfrentados, y que –al carecer de una Autoridad que controle el país- ofrece refugio a los grupos yihadistas expulsados de Mali. Túnez está en proceso de reconstrucción tras la experiencia traumática de la “primavera árabe” y de su territorio proceden unos 2.500 yihadistas voluntarios que están combatiendo en Irak y en Siria. Mauritania tiene una estructura sumamente frágil y sería fácil presa de posibles ataques de bandas terroristas. Los únicos Estados preparados para hacer frente al yihadismo, por contar con Gobiernos estables y fuerzas armadas preparadas - Argelia y Marruecos-, sufren una considerable presión interna y externa. El primero no ha conseguido apagar todos los focos de rebelión y sigue luchando contra AQMI y los “Soldados del Califato” -que han rendido pleitesía al Estado Islámico-, y su Gobierno tiene dificultades para contrarrestar a los grupos salafistas que tratan de desestabilizarlo. El segundo, -con el que España mantiene conflictos territoriales y marítimos de difícil solución- depende de la fortaleza política y religiosa del Rey Mohamed VI para controlar los movimientos islamistas. 

Riesgos y oportunidades de África para España

La geografía y la vecindad imponen condicionamientos ya que favorecen a la vez los riesgos y las oportunidades, por lo que España debería prestar mayor atención a África para mejor conocer unos y otras. A pesar de la proximidad geográfica, no dispone de conocimientos suficientes para orientar adecuadamente su política exterior e impulsar sus intereses en la región. África tiene problemas estructurales de seguridad por carecer –tanto a nivel estatal como regional- de organizaciones que puedan enfrentarse a lo que el General Miguel Ángel Ballesteros ha calificado de “conflictos asimétricos”, provocados por “actores no estatales violentos” que ponen en peligro la seguridad de los débiles Estados de la región con actividades insurgentes, terroristas, criminales o mixtas. Tampoco las organizaciones globales se preocupan demasiado por África. La OTAN ha centrado su atención en el Este de Europa y, hasta su última Asamblea en Newport –donde Mariano Rajoy defendió que “más Este no debería suponer menos Sur”- no reconoció que la creciente inestabilidad en las zonas del Sur - desde Oriente Medio al Norte de África- y las amenazas transnacionales constituían un desafío a la seguridad de sus miembros.

El desinterés de la OTAN y de la UE hace que España deba confiar en sus propias fuerzas y en su asociación con países interesados en la región

No obstante, salvo actuaciones puntuales como las Operaciones “Active Endeavour -para proteger el tráfico marítimo en el Mediterráneo- u “Ocean Shield” -para luchar contra la piratería en el Índico-, apenas se ha involucrado en África. Tampoco lo ha hecho la UE, pese a su “Estrategia Europea para la Seguridad y el Desarrollo en el Sahel”, adoptada en 2011, que ha producido escasos resultados al haber subestimado el componente de seguridad y minusvalorado la contribución militar. Más éxito ha tenido la Iniciativa 5+5, en la que España, Portugal, Francia, Italia y Malta cooperan con Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia en la vigilancia marítima y la seguridad aérea del Mediterráneo Occidental. La UE también contribuye al adiestramiento de tropas en Somalia, Mali y República Centroafricana, con la colaboración de nuestro país. España debe orientar su política de seguridad hacia los espacios geográficos donde estén más en juego sus intereses, como es su frontera meridional. El desinterés de la OTAN y de la UE hace que deba confiar en sus propias fuerzas y en su asociación con países interesados en la región -como Francia, Estados Unidos o Italia- y, por supuesto, con los ribereños del Mediterráneo Sur -especialmente Marruecos y Argelia-, para luchar contra el terrorismo yihadista, la piratería y el tráfico de personas y de drogas. África del Norte es al mismo tiempo un espacio natural de expansión económica para el Estado y las empresas españolas, y España cuenta con una ventaja comparativa en sectores como la infraestructuras y la construcción civil, el turismo, la banca, las telecomunicaciones o la energía –pese a su dependencia, ya que el 61% del suministro de gas procede de la región y el 50% de Argelia-.

Recomendaciones del Informe del Instituto Elcano

Para poder enfrentarse a los riesgos y aprovechar las oportunidades es indispensable que España adopte una acción exterior planificada y coherente, y sinérgica con la de sus empresarios. El Informe recomienda aumentar el protagonismo del Presidente del Gobierno; elaborar una estrategia de intervención integral y sustituir actuaciones compartimentadas por una “Acción Exterior en África”, con la debida coordinación de los Departamentos y Agencias interesados; establecer una red de intervención propia y buscar socios estratégicos con intereses afines, ya sean regionales o extra-regionales, públicos o privados; asignar los recursos necesarios y habilitar presupuestos ad hoc o fondos interministeriales; mejorar la seguridad marítima en el Mediterráneo y ampliar el ámbito de colaboración en la Iniciativa 5+5. Espero que el Gobierno tome debida nota de estas acertadas sugerencias.


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