No es peligroso asomarse al Exterior

Desafío de Grecia a la Unión Europea

Como ha señalado el Ministro de Hacienda griego, Yanis Varoufakis, los ciudadanos no les han votado para que cometan los mismo estúpidos errores de gobiernos anteriores, y el Primer Ministro Alexis Tsipras ha afirmado que va a cambiar radicalmente la manera en que son conducidas las políticas de la Administración. El gobierno de Syriza ha cumplido hasta ahora sus bravuconadas, como ha puesto de manifiesto con el fin del plan de recortes, la adopción de medidas contra la austeridad y de aumento del gasto público, la pretensión de no pagar –o de pagar lo menos posible- la ingente deuda y la negativa a negociar con la troika de acreedores.

Intentos del Gobierno griego para atraer a la UE a su causa

El “new deal” se escenificó con motivo de la visita a Atenas del Presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, en la que Varoufakis le indicó que su gobierno no aceptaba ni el plan de ajuste ni el pago íntegro de una deuda injusta e insostenible, y que exigía la convocatoria de una conferencia europea sobre la deuda. Dijsselbloem le respondió que esta conferencia ya era el Eurogrupo y que optar por medida unilaterales e ignorar los acuerdos adoptados no era el camino adecuado. The Economist ha hablado de un terremoto político y económico con epicentro en Atenas, que marcará el debate en Estados donde la anti-austeridad ha ganado terreno y provocará el ascenso de los partidos populistas antisistema, lo que dificultará los planes de una mayor integración fiscal y podría hacer temblar los cimientos de la UE.

Tsipras está tratando de tentar a países partidarios de dar prioridad al crecimiento –como Francia, Italia o Irlanda- para que pongan término a la política “merkeliana” de austeridad

Tsipras está tratando de tentar a países partidarios de dar prioridad al crecimiento –como Francia, Italia o Irlanda- para que pongan término a la política “merkeliana” de austeridad, y el líder del Sinn Fein, Gerry Adams, sensible a estos cantos de sirena, ha propuesto un cambio de la política de Irlanda. En paralelo con su escudero financiero Varoufakis, Tsipras inició una gira por Europa para pregonar su buena nueva y obtuvo una acogida favorable en Francia e Italia, con matices. El ministro de Hacienda francés, Michel Sapin, se ofreció como mediador con la Eurozona para aliviar la carga de la deuda –no para cancelarla-, siempre que Grecia prosiguiera con las reformas estructurales prometidas a la Unión, y François Hollande añadió que era esencial respetar los pactos, en particular sobre la deuda. Matteo Renzi consideró fundamental la reforma de la administración pública griega y la lucha contra la corrupción y la evasión fiscal. Los emisarios pincharon en hueso con Alemania y con el BCE. Angela Merkel ha considerado legítimo que Grecia negocie las condiciones del pago de su deuda, pero dentro del respeto a los compromisos adquiridos. Wolfgang Shäuble dijo que no cabía cumplir las promesas electoralistas a costa de terceros, que los chantages no eran de recibo y que no habría quitas ni conferencia europea. Mario Draghi señaló que el BCE no podía reestructurar la deuda griega y rechazó la emisión de €10.000 millones en letras del Tesoro solicitada por Grecia a modo de “financiación puente”. El banco dejará de aceptar los bonos griegos como garantía de pago a partir del 10 de febrero. Como consecuencia, en una sola sesión los bancos griegos perdieron el 10% de su valor y la situación del sistema financiero será insostenible si no se llega a un acuerdo.

Presión del Gobierno griego sobre la política exterior de la UE

La decisión de Tsipras de jugar la baza de la coacción no llega en el mejor momento, pues –mientras Grecia se encuentra muy mal- la Eurozona está más fuerte que en 2012 y podría soportar su salida del euro. Dando un paso más en su actitud de confrontación, Tsipras ha amenazado veladamente con romper la UE y flirtea con Rusia. Es significativo que el primer representante extranjero al que ha recibido fuera el embajador ruso. En la última reunión del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, Grecia amagó con vetar la resolución condenatoria de Rusia por su actuación en Ucrania si no se suavizaba su texto. Con poco estilo, su canciller Nikos Kotzias alegó que los ciudadanos le pagaban para defender los intereses de Grecia, que para Syriza parecen estar más cerca de Moscú que de Bruselas. No hay que olvidar las afinidades religiosas y culturales entre los dos países y el marxismo militante de Tsipras. Éste está marcando territorio y ha mandado el mensaje de que la Unión tendrá que hacer más caso a Grecia. Cabe preguntarse si se trata de un farol o si está dispuesto a abrir un frente permanente de conflicto en la política exterior de la Unión. Varoufakis ha tratado de templar los ánimos al afirmar que Grecia nunca buscará ayuda financiera en Rusia.

Incidencia en España del triunfo de SYRIZA

La onda expansiva de la revolución “syrizista” también ha llegado a España, cuyo presidente Mariano Rajoy hizo campaña a favor de Nueva Democracia y Pablo Iglesias en pro de Syriza. Pedro Sánchez ha calificado de irresponsables a quienes comparan la situación de España con la de Grecia que es bien diferente, pues  ni el PASOK es el PSOE, ni Syriza es Podemos. Las diferencias económicas entre los dos países son evidentes como ponen de manifiesto la población -11/46,5 millones-, el PIB –cinco veces inferior al español-, la renta per capita -€14.708/19.970-, el déficit público -12,2%/6,8%-, la deuda -178%/92% del PIB-, la prima de riesgo -€1.125/98-, el paro -25,8%/23,9%- o el índice de pobreza -34,5%/21,8%-. Como ha señalado Vicente Lozano, Grecia es un Estado cuasi-fallido en el que reina el descontrol de las cuentas públicas, está rescatado e intervenido y necesita que le presten dinero para pagar los salarios y las pensiones.

La impresionante victoria de Syriza ha concedido a Podemos una vitola de credibilidad y verosimilitud al demostrar que un partido anti-sistema de extrema izquierda puede acceder democráticamente al poder

También es cierto que Podemos no es Syriza, aunque los dos tengan la misma base ideológica. Ésta es una amalgama de partidos de extrema izquierda constituidos con anterioridad a su integración, con experiencia de gobierno a nivel municipal y regional, y con un apoyo del 26,9% en las elecciones de 2012 y 71 diputados. Aquél es un partido recién creado que, aunque los sondeos le auguren un brillante futuro, en el presente sólo dispone de un magro bagaje de 5 eurodiputados. Syriza es una realidad, Podemos una posibilidad. Ambas fuerzas se necesitan, se inspiran mutuamente y se complementan. La impresionante victoria de Syriza ha concedido a Podemos una vitola de credibilidad y verosimilitud al demostrar que un partido anti-sistema de extrema izquierda puede acceder democráticamente al poder. Le facilitará el camino al gobierno si su gestión es positiva y se lo dificultará si fracasa en su empeño. Pese a presentar como suyo el éxito de Tsipras, Iglesias ha procurado marcar distancias debido a las diferencias económicas y sociales existentes entre los dos países, por lo que “las consecuencias de las políticas de Syriza no se pueden vincular o extrapolar a lo que sucedería con Podemos”, ya que “trabajamos en situaciones diferentes”. Habrá que ver hasta dónde está dispuesto a llegar con su órdago el gobierno griego, cuya política de expansión del gasto público tiene un coste inasumible y resulta inviable. Como ha comentado el profesor del Instituto Cervantes en Atenas, Pedro Olalla –más popista que el Pope Tsipras-, tanto éste como Ibáñez son unos arribistas del poder, que acabarán por convertirse en políticos tibios y pragmáticos y venderse al gran capital. En vez de adoptar una actitud conciliadora y tratar de conseguir el máximo de concesiones posibles de sus acreedores, Tsipras ha optado por el desafío y el enfrentamiento. Los miembros de la Eurozona deben mantenerse firmes ante los exabruptosdel gobierno griego y exigirle que cumpla sus compromisos, no sólo por razones de justicia, sino también para no sentar un peligroso precedente. Dar un trato favorable al insumiso cuestionaría la política de la UE y lanzaría un mensaje equivocado a otros Estados de la Unión que la han aplicado con gran esfuerzo y sacrificio. Hay que parar los pies a Tsipras –que aún está a tiempo de rectificar- y ponerlo en su sitio sin complejos, pues más vale una Eurozona o una UE sin Grecia, que tener al caballo de Troya dentro de las murallas de la fortaleza europea.


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