No es peligroso asomarse al Exterior

Apasionada versión irlandesa de Teresa de Ávila

Últimamente Irlanda ha estado de moda en los medios literarios españoles: publicación de las novelas “Las chicas de campo” y “Chica de ojos verdes” de Edna O’Brien, concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras a John Balville y presentación de “Teresa de Ávila” de Kate O’Brien -versión española de la biografía de la santa publicada en 1951-, patrocinada por la Embajada de Irlanda como contribución a la celebración del V Centenario del nacimiento de Teresa de Jesús. La obra fue presentada durante la Feria del Libro de Madrid por el Embajador Justin Harman y por su traductor Antonio Ribero, que fundamentó la empatía de la autora con España en los rasgos comunes de espíritu de rebeldía, sentimiento religioso y sentido del humor.

Pasión de Kate O`Brien por España

Siendo aún muy joven, Kate O´Brien fue en 1922 a Portugalete para trabajar como institutriz en la familia del Dr.Enrique de Areilza y enseñó a su hijo José María –futuro Embajador y Ministro de Asuntos Exteriores- los rudimentos de la lengua inglesa y el aprecio por los escritores anglo-escribientes.Viajó por toda España, de la que quedó de tal forma prendada que se convirtió -en opinión del profesor Daniel Pastor- en su inspiración literaria y existencial. De ella dijo que era la “femme fatale” de Europa, hasta el punto de que apenas había querido conocer otros países. “Mi amor –afirmó en “Farewell Spain”- ha sido amplio y pausado, perezoso y también egoísta, pero sé que, dondequiera que vaya y vea lo que vea, nunca seré capaz de amar tanto una tierra como he amado la española”. Según Benedict Kiely, Kate no adoptó al mundo entero, evitando convertirse en una escritora cosmopolita, sino a un solo país que la influyó profundamente, no sólo por conocerlo cuando era muy joven, sino porque se sintió identificada con la tierra de Teresa de Ávila y de Juan de la Cruz. Su biógrafo Eibhear Walshe ha afirmado que le atraía el alma esencial de España, en la que veía una solitaria y noble espiritualidad, derivada de su paisaje austero y expresada en la vida y creencias de estos dos grandes místicos.

Kate era a la par irlandesa y europea, y Mary Robinson, en su discurso inaugural como Presidenta de la República en 1990, la puso como ejemplo del papel que Irlanda debería jugar en Europa, pero esta conexión con el continente la realizó la escritora de Limerick a través de España. En 1936 publicó su primera novela de inspiración española, “Mary Lavelle”, que fue prohibida en Irlanda y en España por su carácter excesivamente liberal y anticonvencional. Un año después publicó su “Farewell Spain”, en el que dejó constancia de su amor:”Adiós España. Todo lo que podemos hacer los perezosos y desesperanzados es ensoñarnos en el recuerdo. Si tuviéramos el poder de fijar nuestras memorias, de qué manera tan noble deberías ser ensalzada, pero las palabras se gastan como nunca lo hace tu imagen. Siempre recordaré millones de cosas no recogidas en este libro o en otro lugar, momentos y lugares sin nombre o fecha, pero llenos de tu luz y enmarcados en tu incomparable cielo”. En el libro también mostró su indignación y repulsa por el alzamiento militar contra la República y expresó su apoyo al Gobierno republicano, lo que le valió ser declarada “persona non grata” por el nuevo régimen, que no le permitió regresar a su querida España hasta 1957. En 1946 publicó “en el exilio” su segunda novela española, “That Lady”, y en 1951 la biografía de Santa Teresa de Jesús. En 1961 vivió unos meses en Ávila y realizó en la BBC varios reportajes sobre España. En 1971 visitó por última vez nuestro país –Valladolid y Madrid- y, cuando murió tres años más tarde, estaba escribiendo una nueva novela ambientada en España.

Obras de inspiración española

Cuando llegué a Dublín como Embajador apenas había oído hablar de Kate, con la que empecé a familiarizarme gracias a que el Ministro de Comercio y diputado por Limerick, Desmond O’Malley, me invitó en 1988 al fin de semana literario dedicado por la ciudad del Shannon a su gloria local. Leí buena parte de sus obras, especialmente las relacionadas con España, y conseguí que el siguiente fin de semana versara sobre las “Conexiones literarias entre Irlanda y España”. A él invité, a mi vez, a José María de Areilza para que pronunciara un discurso sobre “Un retrato literario y personal de Kate O’Brien”. En 1990 asistí a la presentación de la versión española de “Mary Lavelle”, traducida como “Pasiones rotas”, que -inspirada en su propia vida- le dio la oportunidad de escaparse del atosigante ambiente de la Irlanda provinciana.

Se trataba –según Lorna Reynolds- de una investigación sobre el desarrollo psico-sexual de una joven irlandesa, católica y criada en Mellick, y -dado que no podía servirse de su país para mostrar la evolución de un espíritu libre- escogió una España que le permitía reflejar la tragedia de una vida y que podía ser utilizada como punto de referencia en muchos aspectos. Fue llevada al cine en 1998 con el título de “Talk of Angels” y en su reparto figuraba Penélope Cruz. En 1946 publicó “Esa dama”, una historia novelada sobre Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, y sus difíciles relaciones con el Rey Felipe II. En 1955 se realizó una película en la que Olivia de Havilland era la protagonista.

Apasionada versión de Teresa de Ávila

Su ciudad favorita era Ávila, en la que veía la esencia misma del espíritu español, y en ella descubrió a Teresa de Jesús, de la que escribió en 1951 una breve y enjundiosa biografía, un retrato personal. Según declaró, no pretendía escribir sobre una santa, sino examinar a Teresa, no por las reglas de la canonización, sino por lo que –santa o no- fue ella misma: una mujer genial y una de las más grandes de la Historia de la Cristiandad. Puso de relieve que se comportó, actuó y escribió como una precoz feminista y describió su aspecto más contestatario. Mostró su lado más humano y su faceta como reformadora de la Orden Carmelita y fundadora de trece conventos y dos monasterios, lo que le costó ser controlada de cerca por sus superiores y sometida al escrutinio de la Inquisición. Destacó la determinación e indomable naturaleza de una mujer de acción, que supo pelear contra el poder religioso establecido y dirigir con éxito una gran organización de mujeres en un mundo de hombres. Fue “una figura pública, una luchadora, una política, una combatiente contra las fuerzas visibles de su tiempo”, pese a lo cual consiguió el apoyo de Felipe II a sus reformas. Su increíble actividad quedó reflejada en el Libro de las Fundaciones y en sus cartas, de las que Kate afirmó: ”Jamás se han escrito cartas más deliciosas, y los alegres, vigorosos, impacientes y santos correteos de sus fundaciones constituyen, si no fueran algo más, un entretenimiento vibrante y sin interrupción”.

Aunque no poseyera dotes naturales para la santidad, Teresa fue “la más cálida, ingeniosa, perspicaz y pura de todos los santos”. Mediante la experiencia combinada y constante de la autodisciplina, la modestia, la valentía y la inteligencia, se convirtió en “la menos pretenciosa, la más accesible y la más serena de todos los místicos cristianos” y, merced a su clara expresividad, “su tempestuosa y atormentada vida brilla hoy a través de la historia humana como el ‘camino de perfección’ en que ella la transformó”. Jamás perdió el control de su brillante sentido común, ni su capacidad de mantenerse muy distanciada de sí misma. Escribió brillantemente y con soltura, y sus escritos “son un gran regalo que ofreció a la vida”. Era inquietante y -si se quiere- también algo loca, “pero fue mucho lo que llevó a cabo”. El encanto convivía con la santidad, el ingenio con la visión y la sencillez humana con los trances inefables. Se quejaba a menudo de sus dificultades a su Señor, quien, en una visión, le dijo:”Teresa, así trato a mis amigos”, a lo que ella replicó con espontaneidad: “Por eso es por lo que tienes tan pocos”. Es una suerte disponer en español de esta pequeña joya literaria, y ya es hora de que se conozca y reconozca la pasión por España de Kate O’Brien, que cuenta desde 2011 con una calle con su nombre en su adorada Ávila. 


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