OPINIÓN

Él, humano

Los robots están entre nosotros. Cada vez hay más, y cada vez se ocupan de más cosas. Cuando pensamos en robots, o cuando pensamos en el futuro de la robótica, nos ocupamos más de los aspectos tecnológicos de la cuestión o del uso que haremos de ellos. Pero hay algo en lo que la mayor parte de la gente no suele reparar, y es en la forma en que nos relacionaremos con ellos.

El pasado 20 de mayo, la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco organizó una charla-coloquio para la que contó con la profesora Helena Matute, catedrática de psicología experimental de la Universidad de Deusto, como conferenciante. La charla llevaba por título Hola robot, ¿me ayudas con esto? y en ella la doctora Matute trató del modo en que nos relacionamos con los robots y de las disyuntivas a las que nos enfrentaremos en el futuro próximo, casi inmediato, en asuntos relacionados con esa relación. Hay que tener en cuenta que los robots tienen una presencia creciente en todas las esferas de la vida, que el aspecto de algunos de ellos será cada vez más antropomorfo, y que sus capacidades comunicativas y cognitivas ganarán en sofisticación de forma progresiva. Además, habrá robots que tendrán, por la función que desempeñen, una estrecha relación con la gente (cuidarán de personas mayores o de enfermos, por ejemplo), otros serán responsables de nuestra seguridad personal, y otros nos recetarán el analgésico o el antibiótico que necesitemos, entre una amplia variedad de tareas que no es posible referir de forma exhaustiva.

Muchos robots quizás sean indistinguibles de los seres humanos

No somos capaces de anticipar qué grado de humanización alcanzarán. En lo relativo a su aspecto físico, muchos de ellos quizás sean indistinguibles de los seres humanos. Y tampoco sabemos en qué medida desarrollarán habilidades cognitivas, emociones, etc., aunque seguramente resultarán mucho más humanos de lo que imaginamos. De hecho, el Roy Batty y sus compañeros replicantes Nexus-6 de Blade runner no tienen por qué ser una quimera. Aquéllos carecían de empatía, pero quizás dotar a los robots de emociones acabe resultando necesario si queremos que desempeñen determinadas funciones. Por esa razón, no podemos prever ahora si se les proporcionará una ética, por ejemplo, o si serán considerados sujetos de derechos. Tampoco sabemos si llegarán a tener una inteligencia similar a la nuestra. Estas son cuestiones acerca de las cuales nos interesa reflexionar y valorar diferentes opciones, porque antes o después la tecnología nos proporcionará sujetos artificiales acerca de los cuales deberemos tomar importantes decisiones.

Los replicantes de Blade runner no tienen por qué ser una quimera

En otro orden de cosas, nuestra relación personal con ellos también puede resultar problemática; por ejemplo: ¿apagaríamos un robot que nos rogase con angustia que no lo hiciésemos? ¿y si resulta que llegan a ser capaces de aprovecharse de nuestras debilidades, de manipularnos, incluso? A quien le parezca que estas consideraciones carecen de sentido, que piensen en la relación que muchos de nosotros mantenemos ya con personajes virtuales.

Estas cuestiones y otras, son ya objeto de reflexión y análisis por parte de algunos psicólogos, como Helena Matute, y cada vez despertarán un mayor interés, tanto en el mundo académico como en la gente de la calle. Cuando se plantean, suelen predominar los vaticinios negativos, esos que el físico David Deutsch denomina profecías. En lo relativo a nuestra relación con los productos de la ciencia y la tecnología, la gente suele pensar que el futuro será peor (aunque luego resulte que deja de serlo en el momento en que se convierte en pasado). Pues bien, en este terreno también ocurre; la gente no duda que robots antropomorfos altamente humanizados representarán un grave peligro, por lo que habrá que someterlos a un estricto control. Por eso, la sola idea de que se les pueda proporcionar una ética o que se les reconozcan ciertos derechos, con la lógica capacidad para tomar decisiones humanas que ello implicaría, espanta a muchas personas. Preferirían que los robots que creemos sean mantenidos bajo un férreo control, que se limiten a ser una especie de esclavos a nuestro servicio, algo parecido a los Nexus 6 de Blade Runner antes citados.

El problema es que no podemos saber por qué senderos discurrirá la robótica en este ámbito. No lo sabemos. No vale que digamos que no tendrán nuestras mismas capacidades cognitivas, o que no les insertaremos un módulo moral, por ejemplo. Y no vale porque es muy posible que sin esos atributos, haya funciones que no puedan desempeñar y que, sin embargo, resulten especialmente valiosas. El futuro, en efecto, es imposible de prever. Por eso, enfrentados a una situación hipotética en la que interactuaremos con robots que sean virtualmente indistinguibles de nosotros, de las personas biológicas, ¿los mantendríamos sojuzgados como si se tratase de esclavos? ¿Por qué? ¿Porque fueron creados de otra forma? ¿Porque no son de naturaleza biológica? ¿Porque son artificiales? Si tienen las mismas capacidades cognitivas, si cuentan con emociones humanas, si su comportamiento se ajusta a pautas morales homologables a las de seres humanos biológicos ¿por qué habrían de ver restringidos sus derechos, su condición? ¿No serían, acaso, humanos?

Nota final: la conferencia ‘Hola, robot ¿me ayudas con esto?’ puede verse, junto con el coloquio posterior, aquí

* Juan Ignacio Pérez es catedrático de Fisiología de la Universidad del País Vasco y colaborador de Next.


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