BIOLOGÍA MARINA

Las crías de ballena susurran a sus madres para evitar a las orcas

Un equipo de científicos registra por primera vez las llamadas sigilosas de las crías de ballena jorobada en las primeras semanas de vida. En este periodo las orcas están al acecho y son un peligro para su supervivencia.

Las crías de ballena susurran a sus madres para evitar a las orcas
Las crías de ballena susurran a sus madres para evitar a las orcas Fredrik Christiansen

El océano es un lugar inmenso pero en el que miles de oídos acechan en la oscuridad en busca de señales. El sonido, además, se desplaza en el agua cuatro veces más deprisa que en el aire, de modo que las noticias vuelan rápido y cualquier depredador puede detectar tu presencia si no eres discreto. El equipo de la investigadora Simone Videsen acaba de descubrir que las ballenas jorobadas son conscientes de este peligro y sus crías se comunican en “susurros” con sus madres para evitar ser detectadas - y devoradas - por las orcas, un fenómeno del que no se tenia constancia hasta ahora.

En un trabajo publicado en la revista Functional Ecology, el equipo de Videsen explican cómo colocaron marcadores y micrófonos a un grupo de ballenas jorobadas y sus crías en aguas del golfo de Exmouth, al oeste de Australia, para conocer mejor cuál es la evolución de los ballenatos en las primeras semanas de vida. “No sabemos apenas nada de las primeras etapas de la vida de las ballenas, pero son fundamentales para la supervivencia de las crías durante la larga migración a las zonas donde se alimentan”, explica Videsen. Esta migración, explican los autores, es muy exigente para las pequeñas ballenas, que deben viajar más de 5.000 km por aguas abiertas sin separarse de sus madres. “Saber más sobre esta etapa nos ayudará a entender que puede alterar este comportamiento crítico y dirigir nuestros esfuerzos de conservación de forma más efectiva”, recalca la investigadora.

Las llamadas sigilosas reducen el riesgo de que las orcas que nadan por la zona escuchen a la cría

Estos animales pasan el verano alimentándose en las ricas aguas del Ártico o el Antártico y migran hacia zonas más cálidas en verano, donde aprovechan para aparearse y tener a sus crías. Gracias a la monitorización de Videsen, ahora sabemos que madres y crías pasan grandes cantidades de tiempo descansando y que estas últimas se comunican con sus progenitoras con llamadas muy discretas y mediante el contacto físico. Los autores del trabajo creen que estas llamadas sigilosas reducen el riesgo de que las orcas que nadan por la zona escuchen a la cría y andan a devorarla. “Las orcas cazan a las ballenas jorobadas jóvenes fuera del golfo, así que llamando de manera silenciosa a su madre la cría corre menos riesgo de que la oigan, al tiempo que evitan que los machos acudan atraídos por el sonido para aparearse con las hembras que le cuidan”, asegura Videsen.

Uno de los aspectos que preocupa a los investigadores es que el aumento del ruido en el mar por el tráfico marítimo puede dificultar esta comunicación entre madres y crías y afectar a su supervivencia. “De nuestra investigación”, desctaca la autora principal, “hemos aprendido que las parejas de madres y crías tienden a ser sensibles al aumento de los ruidos de los barcos. Dado que la madre e hija se comunican con susurros, el ruido marítimo podría enmascarar estas llamadas”. Cualquier alteración de estos procesos puede aumentar el nivel de amenaza en que viven estos cetáceos, que tardan mucho tiempo en reproducirse. La ballena tiene un periodo de gestación de alrededor de un año y la cría depende absolutamente de la madre durante el primer año de vida.

Referencia: High suckling rates and acoustic crypsis of humpback whale neonates maximise potential for mother-calf energy transfer (Functional Ecology) doi: DOI 10.1111/1365-2435.12871


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