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Por qué la misión Rosetta debería ponerte los pelos de punta

La sonda Rosetta ha alcanzado este miércoles el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko y viaja ya junto a él para viajar a la misma velocidad. La misión, que ha durado diez años, ha superado numerosos desafíos técnicos y es una de las mayores hazañas de la humanidad: colocar una nave en un cometa para estudiarlo.

Última imagen del cometa tomada por el instrumento Osiris
Última imagen del cometa tomada por el instrumento Osiris ESA

"We are at the comet" (Estamos en el cometa). Con estas palabras ha celebrado la ESA el éxito de una parte fundamental de la misión Rosetta a las 11,35 (hora española). Si hacia el año 1700 alguien le hubiera comentado a Edmund Halley o Isaac Newton que algún día podríamos colocar una nave en uno de los cometas que viajan por el sistema solar, seguramente les habrían hecho los ojos chiribitas. Hoy, tres siglos después, la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA) acaba de alcanzar su objetivo: colocarse junto al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko para estudiarlo de cerca y mandar posteriormente un módulo a su superficie. Éstas son las cinco claves para comprender esta hazaña espacial:

1. El viaje. La sonda Rosetta ha tardado diez años en llegar hasta su objetivo y ha recorrido 6.400 millones de kilómetros por el sistema solar. Para hacerse una  idea, la distancia recorrida por la sonda equivale a unas cuarenta veces la distancia de la Tierra al Sol.  Rosetta despegó en marzo de 2004 y ha permanecido en hibernación 957 días (otro récord). Durante este tiempo, la sonda ha seguido un intrincado camino para ganar impulso y dar alcance al cometa. En este vídeo puedes ver cómo ha sido el viaje:

2. La llegada. La operación de encuentro con el cometa consta de 10 maniobras de corrección de la órbita, que comenzaron a principios de mayo y que concluirán este miércoles. En este vídeo se puede apreciar muy bien la dificultad de la aproximación:

3. Viajando juntos. Una vez alcanzado su objetivo, la sonda se pondrá a la par del cometa. Se colocará a su lado a una distancia de unos 100 km para luego viajar juntos a una velocidad de unos 55.000 km/h y acompañarle en su aproximación al sol. El objetivo, dice la ESA, es que la sonda y el cometa mantengan una velocidad relativa como la de dos personas al caminar juntas. Tanto, que en el blog de la agencia el físico Rhett Allain ha calculado que a esa velocidad (y desde más cerca) un astronauta podría saltar desde la sonda hasta el cometa.

4. Acoplados. El mayor desafío de la misión tendrá lugar en noviembre, cuando el módulo Philae, de 110 kg, lanzará sus dos arpones para anclarse en la superficie del cometa y se convertirá en el primer satélite que se pose sobre uno de estos cuerpos celestes. Los cometas apenas tienen gravedad y eso dificulta que el módulo se fije en su superficie sin rebotar, por lo que deben elegir muy bien el punto y momento exactos para el anclaje.

5. El objetivo. Y todo esto, ¿para qué? La misión estudiará con todo detalle el cometa, taladrará su superficie y se analizará su composición, una información que puede ser crucial para entender varias incógnitas científicas sobre las que se lleva años investigando. Las dos más importantes son el origen del agua y de la vida en la Tierra. ¿Llegaron grandes cantidades de agua a la Tierra gracias a la lluvia de cometa? ¿Las moléculas orgánicas de estos cometas fueron determinantes para la vida? Estos bloques helados de materia se formaron hace 4.000 millones de años y su estudio puede darnos datos fundamentales para entender la formación del sistema solar. Es una investigación sobre nuestros orígenes.

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