INCENDIOS

"La Gomera casi arde de una punta a otra. Y puede volver a pasar"

El incendio que arrasó un 20% del parque nacional de Garajonay en 2012 ha servido para estudiar cómo evoluciona un bosque maduro después del fuego. Algunas zonas del parque se recuperan con rapidez y otras no volverán a tener un aspecto similar en 500 años. Uno de los guías del parque explica a Next, sobre el terreno, que la desgracia se puede repetir.

Árboles quemados sobre sotobosque de helechos, en La Gomera, un año después del incendio.
Árboles quemados sobre sotobosque de helechos, en La Gomera, un año después del incendio. Victor R. Ruiz (Flickr, CC)

En septiembre de 2012, después de un mes luchando contra el incendio de La Gomera, un compañero advirtió a José Aguilar de que caminaba de forma extraña. "Alguien me comentó que cuando bajé iba caminando de puntillas", recuerda. "Yo no me daba cuenta, pero lo estaba haciendo. No quería estar allí". Dos años después del incendio que devastó el 20% del bosque de laurisilva delparque nacional de Garajonay, las huellas de aquel infierno empiezan a desaparecer del terreno. Las faldas del valle Gran Rey, por el que miles de vecinos tuvieron que huir de la lengua de fuego, ofrecen una extraña mezcla de verdes y negros, el de las hojas de las palmeras y sus troncos calcinados. Y un poco más arriba, la zona de árboles muertos compone un panorama estremecedor sobre el valle, retorcidos todavía por las llamas que azotaron la isla.

José Aguilar es intérprete del parque y cree que el bosque se está recuperando bastante bien, dependiendo de las zonas. "El Garajonay es como una gran casa con diferentes habitaciones", asegura, "pero el bosque más antiguo se está recuperando bien". Lo más importante es que no se ha perdido suelo, recalca. "Porque si el bosque es importante, el suelo lo es más; es un suelo con 4 millones de años, un suelo rarísimo, que solo existe en Australia, en California y en La Gomera". El bosque de laurisilva de Garajonay es una especie de fósil viviente, un ecosistema como el que poblaba hace 20 millones de años la cuenca del Mediterráneo y que se desplazó hacia la Macaronesia tras las glaciaciones. Y mucho antes, en bosques como estos se pasearon los dinosaurios.

Aspecto del roque Agando en junio de 2014 (A.M.R.)

La laurisilva no es una especie concreta, sino una selva de laureles donde abundan especialmente cuatro especies (laurel, til, barbusano y viñátigo) que alcanzan grandes dimensiones por el aislamiento y la humedad. "El brezo lo ves en la península y es un arbusto", explica el guía, "pero aquí hay brezos de 25 metros". La sensación al pasear por este lugar, donde el musgo y la neblina lo cubren todo, es la de estar en un bosque de cuento,  o un lugar que lleva miles de años sin ser perturbado. Las prospecciones del terreno indican que lleva al menos 7.000 años creciendo en la parte más alta de esta isla en forma de papel arrugado. Por hacerse una idea, el 86% de los árboles del parque tiene más de 60 cm de diámetro y el 80% de los insectos son endémicos y viven de su relación con plantas muy específicas.

"El incendio se llevó treinta años de trabajo en las primeras 16 horas"

A pesar de los casi dos años de sequía que precedieron al incendio, el fuego de 2012 no consiguió penetrar en la zona de bosque más antiguo, aunque se llevó por delante los árboles que los conservacionistas llevaban décadas sacando adelante. "El incendio se llevó treinta años de trabajo en las primeras 16 horas", explica el guía. "Teníamos ya un bosque incipiente, pero era un bosque joven y el fuego acabó con él". Algunos ejemplares de brezo más viejos sobrevivieron porque están equipados para rebrotar si no se quema el reservorio que tienen en la base, un bulbo en forma de cebolla. Pero aunque un bosque tan húmedo es resistente, podría haber sido pasto de las llamas. "Fuego tras fuego, podía haberse quemado la isla de una punta a la otra", asegura Aguilar. "Y el problema es que no hemos aprendido y eso pueden volver a ocurrir, porque cada vez tenemos menos medios económicos".

José Aguilar, intérprete del parque de Garajonay. Imagen: Jesus López

A día de hoy, no se han encontrado los responsable de aquel desastre, aunque la denuncia sigue ante la fiscalía. "Fue un incendio que veíamos venir", dice Aguilar, "porque hubo 29 conatos previos dentro del monte. El autor estuvo intentándolo como en un sorteo, y en el número 30 tuvo suerte. Esta persona consiguió su objetivo, el monte estaba muy seco y luego la gestión está en entredicho". ¿Qué interés podía tener esta persona en quemar un bosque milenario? "Es un misterio", responde el intérprete del parque. "No vendemos madera, no se puede recalificar... Alguien que tenía ganas de fastidiarnos a todos y dejó a 50 personas sin nada y los puntos más turísticos de la isla sin gente ese año. Había tanto miedo que la gente mandaba a sus hijos fuera de La Gomera, aún después de apagar el incendio".

“No tenemos dinero para contratar a más personal”, se queja uno de los guías del parque.

Los biólogos que trabajan en el parque están aprovechando para comprender mejor cómo se recupera un bosque de estas características tras un gran fuego. Unas semanas después del incendio, por ejemplo, aparecieron una serie de manchas naranjas muy brillantes en mitad del paisaje calcinado. ¿Qué era aquello?  Se trataba de un hongo especializado en comerse las cenizas y que hasta entonces no se había manifestado.  "Fue positivo porque sus pequeñas raíces fueron abriendo el suelo, y después de un incendio una de las cosas más negativas es que la capa superior se hace impermeable", indica Aguilar. "De hecho, cogíamos un colador, echábamos agua y se salía por los lados. No percolaba. Cogías ceniza y olía a gasoil, puro y duro, porque es un combustible fósil"

La importancia de conservar un bosque como éste no es solo económica - es el principal foco de atracción turística a la isla. También es determinante para la conservación de ciclo del agua y mantener los demás ecosistemas. "La laurisilva es un bosque esponja", insiste Aguilar. "De cada tres vasos de agua que tomamos en la isla, uno procede del mar de nubes". A pesar de todo, el guía se queja de la falta de recursos para proteger estos espacios y evitar que se produzca una tragedia como la de 2012. Aunque el 33% del territorio de La Gomera cuenta con algún nivel de protección oficial, en términos presupuestarios no tiene ningún reflejo real o monetario, como el título de reserva de la Biosfera. "No tenemos dinero para contratar a más personal, y el título de la UNESCO es solo eso, un título”, concluye Aguilar. “La naturaleza es muy bonita, pero es donde menos se invierte dinero". 

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