EXPEDICIÓN

Fantasmas en la nieve: cuatro españoles en busca del felino más esquivo del Himalaya

En el verano de 2010 un equipo de investigadores españoles partió hacia la región de Ladakh, en La India, en busca de leopardos de las nieves y de un felino todavía más difícil de avistar: el lince boreal. Su historia, narrada en el libro "Altitud en vena", es una maravillosa mezcla de aventura y descubrimientos científicos.

La aventura de Jaime Martínez Valderrama y sus compañeros comienza, como muchas otras, con una pequeña obsesión. En el año 2009, Gerardo Valenzuela, compañero inseparable de fatigas, había estado en la región de Ladakh, en el extremo norte de la India, y había localizado excrementos de lince boreal, una de las especies más esquivas de felinos, que se creía extinta en esta zona del Himalaya. "Gerardo tiene como objetivo en la vida ver en libertad todas y cada una de las 36 especies de felino que existen en el planeta", explica Jaime a Next. "Y no va nada mal, porque lleva 24". En sus viajes había conseguido avistar al leopardo de las nieves e incluso a la pantera nebulosa de Borneo (del que quedan unos pocos ejemplares), pero el lince boreal estaba en su lista de felinos pendientes.

"Partíamos al Himalaya en busca de un fantasma"

"Gerardo se había quedado con la espinita y al regresar a España nos comentó a José María [Gil Sánchez], a Javier [Rodríguez] y a mí lo que había encontrado". Los tres son biólogos que han trabajado en el estudio y conservación de la población de linces de Sierra Morena y Jaime es investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas de Almería, así que la posibilidad de encontrar linces boreales, que llevaban veinte años sin avistarse en la zona, les pareció una excusa perfecta para organizar una expedición. "Los estudios predecían que la población de lince  boreal habría desaparecido", resume Jaime. "Así que partíamos en busca de un fantasma". Y por si el reto fuera pequeño, y dada la afición de Jaime al alpinismo, intentarían la subida a la cima del Stok Kangri, una montaña de 6.130 metros.

Dibujo en una de las libretas de los naturalistas

Pronto aparecieron los primeros indicios: excrementos y huellas recientes en la arena

En la lengua local Ladakh significa algo así como "tierra de los pasos elevados". Durante los primeros días, y después de que les perdieran el equipaje y les pusieran algunas trabas por la cantidad de aparatos que llevaban encima, los científicos recorrieron la  zona aclimatándose a los 5.000 metros. En el camino encontraron el cadáver de un lobo y camellos salvajes, procedentes de las caravanas de sal que algún día caminaron por aquí. Pronto empezaron a aparecer grandes acumulaciones de excrementos de lince y signos de su presencia reciente, como huellas en la arena, pero ni el rastreo con telescopios ni las cámaras trampa dieron sus frutos.  A veces preguntaban a los lugareños, como si fueran detectives. "Enseñábamos fotos del lince a los pastores que se ven por allí, con caballos o con ganado", explica Jaime. "El leopardo siempre lo identificaban, lo habían visto alguna vez, pero cuando enseñaban el lince creían que era una cría del leopardo, no asimilaban que eran animales distintos".

El lince del Himalaya es una subespecie, se conoce muy poco de su comportamiento.

El leopardo de las nieves, al que los locales llaman el Gran Shan, es un animal mítico. Algunos investigadores pasan años siguiendo sus huellas e incluso se organizan excursiones de turistas con el reclamo de visualizarlos. Pero el lince boreal es una especie mucho más difícil de localizar. "Hay científicos que han hecho su tesis sobre este animal y no han conseguido verlo", explica Jaime. El lince que habita en esta zona es una subespecie del que vive en el norte de Europa. "De los que hay, es el más grande con diferencia, hay incluso ejemplares de 50 kilos, y se conoce muy poco de su ecología y su comportamiento", indica el investigador. La intención de Jaime y sus compañeros era obtener datos científicos sobre algunas cuestiones que siguen siendo una incógnita, como qué come este animal, cuántos hay en cada valle y si compiten con los leopardos de las nieves por las presas. "El problema es que poca gente se adentra a pie de campo a ver si hay linces o no", asegura. "Éramos los primeros que iban allí".

Tumbados y oteando las montañas, Jaime, el Indio y Javi 

Felinos en la oscuridad

La segunda fase de la expedición tuvo lugar en el parque nacional de Hemis, a unos pocos kilómetros de allí. La zona es muy conocida porque es territorio de leopardos y muy de cuando en cuando, sobre todo en invierno, se dejan ver. "Llevamos telescopios porque las dimensiones de aquellos paisajes son tremendas", explica Jaime. "Para barrer las laderas que tienes en frente, que igual están a 3 km, no te dan los prismáticos". Una de las claves era acostumbrar el ojo, porque el camuflaje de leopardos y linces los hace prácticamente indistinguibles del terreno y solamente es posible detectarlos si sobresalen durante un instante por encima del pedregal, recortados contra el cielo.

Buscar felinos con una linterna en la oscuridad tiene algunos riesgos

Otro método muy particular de Gerardo, y el que le ha permitido avistar tantas especies de felinos, es salir a buscarlos en mitad de la oscuridad. El sistema es un poco temerario, porque se marcha durante horas con una linterna frontal en la cabeza y corre el riesgo de meterse en problemas, más en una zona militar como Ladakh. "Él va con el frontal, moviendo la cabeza, y va buscando brillos" detalla Jaime. "En realidad va buscando ojos. Después de muchos años, lo que ha descubierto es que la mejor técnica es buscar el brillo de los ojos, hasta el punto de que distingue si es un carnívoro o un herbívoro". Si se encuentra con un felino, en muchas ocasiones avanza hacia él, como ocurrió en los Andes, recuerda Jaime, donde un puma se les plantó detrás. O en Nepal, donde Gerardo saltó hacia un leopardo que un segundo antes de que la luz se apagase parecía colocarse en posición de ataque. "Por suerte el animal se asustó", explica su colega. "No se esperan que les plantes cara. Lo peor que puedes hacer es salir corriendo, despiertas su instinto depredador. Esto es fácil decirlo, pero ¡Gerardo lo hace!".

Una de las noches, al regresar al centro de operaciones, José María Gil Sánchez (el líder científico del viaje, al que apodan el Indio por sus dotes de orientación sobre el terreno)  se acercó a sus compañeros y les enseñó su libreta. "Mirad lo que he visto", les dijo, "como no tenía la cámara pues he hecho un dibujito". El biólogo había hecho un dibujo de campo en el que mostraba lo que había visto con los prismáticos: el primer leopardo de las nieves de la expedición.

José María: “Como no tenía la cámara pues he hecho un dibujito".

"Nunca olvidaré sus lagrimones por la cara cubierta de polvo y de mierda"

En las siguientes jornadas, y espoleados por este primer hallazgo, serían Gerardo y Jaime los que vivieran el primer gran momento de gloria de la expedición. Desde una loma, y a unos cuantos cientos de metros, tenían ante sus ojos lo que habían ido a buscar. "Teníamos allí delante un lince con sus dos crías", recuerda Jaime. "Los tuvimos enfocados muchísimo rato y los vimos a placer. Nunca se me van a olvidar los lagrimones que le corrían a Gerardo por la cara cubierta de polvo y de mierda". Bajaron corriendo a dar la noticia a sus compañeros y Gerardo volvió a la zona para intentar dar con el cubil y fotografiar a los cachorros de cerca.

Durante el resto de la expedición, que Jaime relata con maestría en su libro "Altitud en vena", tuvieron ocasión de volver a ver más leopardos de las nieves y alcanzaron la cima del Stok Kangri en una ascensión plagada de dificultades, pues había mucha más nieve de lo que es habitual para el verano. Los tres objetivos de la misión estaban cumplidos, pero el más importante, localizar linces vivos y criando en la zona, era el más satisfactorio para los cuatro. "No era lo mismo ver un ejemplar de paso que comprobar que estaban establecidos", argumenta Jaime.  "En los siguientes días fuimos viendo más linces y al final vimos al grupo familiar entero, el padre, la madre, un juvenil del año anterior y dos cachorros. Estábamos en un territorio de lince y vimos a todos los miembros de la familia", relata.

La pregunta es ¿consiguieron alguna prueba gráfica de lo que vieron? En su libro, Jaime Martínez reserva un par de sorpresas para el final. Durante el congreso científico en el que José María presentó los resultados, venció el escepticismo de los otros expertos en felinos con una auténtica bomba: una foto de la familia de linces que Gerardo pudo sacar a través del telescopio cuando se acercó a su cubil.

La imagen más importante: una lincesa con sus crías (Foto: Gerardo V.)

"Las fotos las hizo Gerardo, a pulso, con todo el zoom del telescopio", recuerda Jaime "Pasó horas allí arriba, con las manos temblorosas de frío,  esperando una escena donde salieran los tres bien. Se le llenaron las manos de sabañones. Pero aquella imagen que demostraba por primera vez la existencia de linces boreales en Ladakh no era lo único impactante. Durante las horas en que Gerardo y Jaime culminaron la ascensión del Stok Kangri, sus compañeros recogieron las cámaras trampa que habían dejado en la zona del Hemis durante más de una semana. En el viaje de vuelta, mientras pasaban los cientos de fotos que las cámaras disparan automáticamente cuando se activa su sensor térmico, descubrieron que alguien más se había pasado por allí. Eran las 5,22 de la mañana del 7 del 7 de 2010:

El leopardo en la cámara trampa (luminosidad editada). Foto: J.M. Gil

“Nuestro guía pensaba que estábamos mal de la cabeza". 

"Aquí parece que lleva zapatillas. Fíjate qué zarpas tan impresionantes", nos dice Jaime mientras nos muestra la secuencia de imágenes en las que se ve al leopardo de las nieves. "El animal va entrando a olfatear lo que siempre poníamos allí, un montón de excrementos, y en un momento, ¿ves? el animal se pone a babear y a subir el hocico y a restregarse por la mierda". ¿El truco para este comportamiento? Otra de las sorpresas de la expedición. En el viaje ida el Indio había comprado un perfume muy caro de mujer en el aeropuerto de Estambul. "Yo cuando lo vi, dije pero ¿qué hace este tío?", relata Jaime. "Pero luego, en una de estas, cuando estamos colocando las cámaras trampa, lo saca y empieza dar con el perfume en las mierdas amontonadas. Y nos dice que ha leído en un estudio que este perfume es de los mejores para atraer a los felinos porque tiene nosequé feromonas. Nuestro guía, Nova, pensaba que estábamos mal de la cabeza".  Pero el sistema funcionó, y el gran leopardo de las nieves cayó en la trampa de las cacas con perfume.

La sorpresa final

La historia de Jaime y la expedición al Himalaya está pendiente de un colofón final. Los cuatro investigadores están buscando la manera de regresar a la zona en 2015 y continuar las investigaciones, esta vez con permisos oficiales que les permitan publicar en una revista de impacto. Para Jaime, la experiencia le ha dejado una lección. “Si uno quiere hacer una cosa y le llama, tiene que intentarlo con todas sus fuerzas”, nos dice, “y el último viaje no existe, siempre quieres avanzar otros 100 metros más”.

Al lector de "Altitud en vena" le quedará grabada para siempre la imagen de estos cuatro expertos en linces de Sierra Morena buscando “gatos” con sus telescopios en el Himalaya, usando perfume para atraer a los linces y con los bolsillos llenos de boñigas.  Por si la aventura no tuviera suficientes sorpresas, Jaime nos confiesa a última hora que en la cámara trampa, la que captó las imágenes del leopardo, había otras dos fotos más. “La secuencia sigue pero yo no la pongo en las presentaciones porque desluce un poco...”, asegura. “La siguiente foto es ésta: ¡un tío que pasaba por allí!”.

Las dos últimas fotos de la cámara trampa y el extraño qe pasaba por allí

La imagen muestra las piernas peludas de un hombre que se agacha a hacer una foto a la cámara trampa, aunque no se le llega a ver el rostro. “Se la podía haber llevado y habernos dejado sin fotos”, explica Jaime, “pero quizá al ver la carcasa de camuflaje pensó que era algo militar y decidió no meterse en líos”. ¿Quién era aquel tipo y qué hacía en uno de los lugares más apartados del mundo? La imagen es de cinco días después de la del leopardo y está tomada en una zona donde no hay un alma en decenas de kilómetros a la redonda. La respuesta a este enigma quizá dé para otro libro.  

* Nota: Si quieres comprar un ejemplar del libro "Altitud en vena" puedes pedirlo a través de la web de J. M. Valderrama. Desde Next te lo recomendamos vivamente, porque  contiene mucho más de lo que has leído en este reportaje.

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